• Marina Daiez

Óleos de Ping Pong de María Guerrieri



En el centro de la muestra, hay una pintura pequeña y muy densa de una paleta roja de cadmio espeso. En los bordes de lo que sería la cancha, hay unos rayones esgrafiados en los que aparecen las letras Br seguidos del número 1 y otras marcas veloces y esporádicas, como si alguna jugadora hubiera dejado su marca, como se rayonea un banco de escuela en una clase aburrida o la puerta de un baño, como quien le deja un mensaje a un interlocutor secreto en un lugar donde hay tiempo.


En Atenas, la suavidad del monte de mármol donde está el Partenón hace que les turistas suban las escaleras con cuidado de no patinarse. Mucha curva y maciza sensualidad. La piel de la montaña está gastada y suavecita, modelada de tantas pisadas, amasada. Alrededor de esa materia densa y espesa hay grandes rocas de mármol filoso y rústico sin modelado de visitantes ni de cuerpos ni de pesos, grafiteadas con unos grabados de firmas, aprovechando las paredes rectas y recortadas del paisaje, algunos de amor, de saludos y de adolescentes eternos con liquid paper.


Unos esgrafiados vandálicos, como puede ser usar el color directo del pomo para una académica de bellas artes, como untar una barra de óleo sin diluyente a la tela. Pintar puede ser una conversación con un material, con un montón de óleos que están guardados en el taller, que te los regalaron, un intercambio donde se puede no saber qué da una ni qué recibe, pero sí estar llena de intenciones. Una práctica constante y hermosa, que se convierte en un lugar, en una forma, algo que se mueve desde la garganta y la boca del estómago, que baila con la mano, que sueña con los ojos y se huele con empaste.


Las pinturas se ven amasadas, manoseadas, como las cerámicas de María, unas piezas con marcas de manos como sus pinturas que tienen marcas de herramientas varias, se ven espátulas, rayones de partes de atrás de pinceles. Después resulta que esos pinceles hechos pelota que usó para pintar toda la serie, son los mismos con los que esmaltaba la cerámica y que aún hoy están en un vaso de aguarrás en su taller, estropeandose para convertirse en estecas para después ser quizás otra cosa más o simplemente desechados a la basura.


Los puntos de vista de las pinturas vuelven a los óleos de ping pong paisajes donde las pelotitas se vuelven astros, geometrías planetarias. Una pintura de ping pong como un eclipse. Ping pong y una posible futurología de los objetos inanimados, una meteorología de pelotitas blancas y livianas que en las pinturas algunas vuelan y otras están atadas a palos con hilos para practicar unas raqueteadas cíclicas. Pegarle infinitamente a una pelotita atada un palo, practicando golpes con una misma, viendo qué devuelve el aire, la curva, la tensión del hilo, también es como pintar toda la vida.


Algunos de los óleos aparecen graciosos, aniñados, como caricaturas de paletas, porque el tema en estas pinturas es un juego. A veces los temas lo son todo en una muestra y se vuelven banderas de discursos gigantes que quieren hacerse lugar en un circuito o abonar una identidad. A veces los temas se comen la materia, el espesor o se subordinan unos a otros. También hay muestras con objetos que están ahí queriendo ser cosas que están en otros lados, abandonando los materiales a la representación o usándolos como engranajes de conceptos y eso tiene también posibilidades hermosas. En este caso, María empezó a jugar y tomar clases en joggineta para divertirse, ella nunca fue de ir a clubes, ni ser habitué de ningún lado, quizás solo de la pintura, del dibujo y del taller en general.


Las canchas de ping pong se vuelven partes del cuerpo de lxs jugadores construidos de fragmentos. Pedazos de cancha son panzas o espaldas o brazos. Las pelotitas van a toda velocidad y María dice que no le salía rematar. Que siempre la pifiaba. Para mí, el remate de la muestra es el cuerpo armado con pedazos de jugadores, unas piernas musculosas con zapatillas deportivas, un poco inclinado el bastidor, un pedazo de cuerpo cancha y una cara medio loquilla a toda velocidad de juego como esbozada, todo eso junto, es como un remate.



Óleos de Ping Pong de María Guerrieri

Curaduría de Guadalupe Creche

Galería Selvanegra, Noviembre 2020


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