La crueldad es un lubricante social

 

Quizás haya sido la persona más impopular en mi infancia y adolescencia. Quizás para un observador externo sufrí mucho pero como dijo Alfred Schutz, discípulo de Husserl, nadie puede alcanzar el mundo interno del otro.  Siempre supe que yo era fascinante, provoco una atención  mórbida en una embelesada crueldad. Estar en el extremo de la belleza es una forma del exceso que puede ser potenciada.  Puse el cuerpo y la cara en las estrategias del marketing. Estudié en la Kennedy ;)

 

Soy objeto de deseo. Administro la economía de la atención. Mis orejas son la moneda de intercambio. Mi cuerpo es la democracia del odio. En el depositan las frustraciones personales y los rencores. 

Yo soy una versión superada de Vito Acconci, recibo pelotas de madera en el cuerpo. Tengo más calidad de bullying  que el de Juan Pablo Renzi hacia Romero Brest. Yo podría ser una obra de Santiago Sierra. Aunque la magia supera al arte porque es más honesta. 

 

La magia está más cerca de la religión que del arte. Jesús era mago: caminó sobre el agua, multiplicó panes y peces, mandó a Pedro a traer dinero de la boca de un pez para pagar impuestos, convirtió el agua en vino, entro otros grandes trucos. Pero no sólo con la magia y el ilusionismo de sus resurrecciones logró, en tan solo tres meses, el mayor teatro de Occidente. También con la belleza masoquista construyó su imagen perenne: 

 

“Los soldados, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza” (Evangelio de Mateo 27.29-30). 

 

Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Y él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario. Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene [...] a que llevara su cruz. Evangelio de Mateo, 27.31; Evangelio de Juan 19.17; Evangelio de Marcos 15.21

 

Pero en este artículo no pretendo compararme con Andy Warhol ni con el hijo de Dios. Sino que quiero aclarar unas cuantas cuestiones. En una revista que podría ser mi hermana me difamaron con una falsa anécdota acerca de un supuesto campamento en Entre Ríos. Yo no masturbé ni tomé el semen de nadie. Es evidente que fue un chiste inspirado en un cuentucho de Osvaldo Lamborghini. ¡Oh, nadie puede hablar mal del prócer de lo grotesco! ¡Oh, Aira lo entrona! ¿Con qué derecho habla de nosotros? ¿Encapsulándonos en la literatura? Me encantaría leer un libro que sea el Anti “¿Qué es la literatura?” Aunque Sartre haya tenido una cara de monster fue una ñiña bonita hasta que una gripe le torció un ojo a los 5 años. Yo soy antes de nacer.

 

Los intelectuales, los poetas y los escritores no saben nada de narrativa.  Sus cuentos no los lee nadie. Los escritores de este tiempo están en YouTube. El Balzac contemporáneo es Yo soy Germán. Los otros se leen entre ellos y se tiran flores: una práctica masturbatoria como el falso cuento de Entre Ríos. A eso lo llaman autonomía del arte. Una aristocracia de psicóticos. 

 

El liberalismo odia el arte, como a la religión, a la aristocracia y al comunismo. Pero no lo saben. Para ellos todo arte masivo es motivo de sospecha. Son todos muy adornianos por no decir adornados. Siempre lo mismo: la suposición de que bajo lo visible se esconde algo invisible. La magia sabe mucho de eso, no reniega, no es paranoica. Es lo que es. Es puro materialismo ilusorio. Seguro que me toman por tonto o bufón. Pero mi vocación está en articular el pensamiento mágico con la ilustración. No hay nada más ilusorio que la razón. ¿Quién uso mi galera el 10 de diciembre de 2015? Si no hay pan que coman magia. 

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