Cuál es mi cielo

 

 

-Lo que está bueno es la forma en la que la realidad se va a la mierda. Puede partir de una situación anecdótica y cotidiana pero eso no se sostiene hasta el final porque el relato se desdibuja por completo y va hacia una algo delirante que llega al paroxismo.

 

-Sí, totalmente, a mí igual lo que más me gusta es dónde está el ojo. En las carteras, en los objetos más insignificantes para La Literatura. Es como un ojo bueno. Siento que aunque esté hablando de algo doloroso o patético lo hace con una bondad que la supera y además hace como una especie de justicia poética para esos objetos: los hace hermosos, bellos, únicos.

 

-Como el desmaquillante Vichy.

 

-Como la serie de carteras que cuenta que tuvo: desde una de lona hasta una Prada. Están todas en el mismo nivel, en la superficie, flotando como objetos preciosos.

 

-Me quedé pensando en eso de “dónde está el ojo”. Pienso que en La crítica de arte uno puede pensar, a priori, que es un libro de poemas de amor, pero creo que tiene que ver con algo que excede a eso y ese “relato en primera persona”. Para mí es un retrato de la violencia doméstica. Quizás Ceci con ese libro funcione como una antena de esta época ¿no? Una época de mucha reivindicación de las mujeres y por las mujeres.

 

-Si, ese libro es como ese tema de Gilda que dice amar es un milagro y yo te amé, porque el objeto no es Fabio, es el amor, es la vida. Y en relación a lo de la antena, ella es feminista pero no porque se proclame como tal sino porque su literatura no puede ser más mujer. Es toda mujer, es una escritora argentina como Silvina Ocampo por ejemplo. Para mí ellas se parecen, como si la literatura argentina tuviera dos lados, el masculino donde el presidente sería Borges y el femenino donde la reina sería Silvina. Creo que Ceci se inscribe en la literatura femenina porque habita los sentimientos y puede escribir lo que siente y lo que piensa y hace que parezcan la misma cosa. Como si no escribiera con palabras si no con emociones. Un cuenco de emociones como ese poema de La crítica de arte que dice “me miro escribir y pienso que mi letra manuscrita forma un ánfora”. Ceci sabe escuchar, construye con cualquier cosa que esté en el mundo, no solo en su cabeza.

 

-Lo curioso es que esa “escritura emotiva” (por ponerle el primer nombre que se me viene a la cabeza) nunca llega a ser melosa o densa. Justamente creo que pasa todo lo contrario, es una escritura liviana que, en el fondo, nos dan ganas de escribir a todos. Solo me bastó leer algunos poemas y algunos cuentos para entender que cualquiera puede acceder a la escritura. No sé, quizás es un poco naïf, ¡¡pero me gusta creer que son libros democráticos!! Jaja.

 

-Jaja, sí, es que es una escritura cero pretenciosa, se mete con todo además, porque así como te cuenta que le encanta limpiar su casa, te cita a Jean Paul o te habla de Swedenborg con el mismo tono, como si te quisiera decir “es todo lo mismo, el valor de las cosas, ¿qué es?, ¿quién lo pone?”. La literatura no está solamente en los libros, es cualquier cosa, todo lo que se puede escribir, y eso es hermoso, es muy noble porque es, como vos decís, democrático sin perder ni la sensibilidad ni la inteligencia y a la vez sin presumir ni bajar línea.

 

-Quizás en esa búsqueda no pretenciosa esté la clave para lograr que las historias se vayan para cualquier lado: ella tiene la capacidad de inventar, de inventar bien. Extraño la época en donde solo se inventaba y en donde la crónica del yo no ocupaba el centro de la escena… No todo lo que nos pasa en la vida es interesante o pertinente de contar. Uno puede pensar que estos libros son más o menos autorreferenciales, pero en el fondo son ficción y se nota. La ficción se come todo.

 

-Creo que lo que vuelve entrañable a la literatura de Ceci es cierto rechazo a lo mainstream sin menospreciarlo,  prefiriendo las cosas pequeñas de la vida, las cosas que parecen conectarla con la bondad, como ese cuento que se llama Trisha Erin, que pinta la escena top del arte contemporáneo desde adentro, pone al personaje jugando en ese mundo, tocando el cielo (ese cielo) con las manos y después lo abandona porque no todos los cielos son iguales para todas, algo así. Pienso en cuál es mi cielo, cuál sería. Ceci me hace pensar mucho.

 

-Sí, a mí también. Me activa el cerebro.

 

-Por momentos siento que estamos escribiendo una carta de amor.

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