Nuevas aguas más verdes

 

Imaginen a una niña junto al río Paraná con la ciudad de Rosario a sus espaldas.

 

Crece y pinta cuadros de niñas en el agua. Va a Buenos Aires a la beca Kuitca, la beca caótica y anarquista en el edificio donde ahora es Proa. Conoce a un marplatense pura sonrisa y no se separan nunca más. Ayer me los encuentro veinte años después y siguen igual de lindos. Con una hija, Lola, que es una síntesis de los dos.

 

De la beca Kuitca salieron rumbo a Venecia. Querían ir a Nueva York que era la moda entonces, pero el abuelo marplatense les pidió que fueran a Italia, y el tío rosarino ya vivía en Venecia haciendo máscaras de carnaval. Partieron. El marplatense arriba de su bote anda por los canales como un pez. La rosarina en su enorme taller de la Giudecca sigue pintando niñas en el agua, melancólicas y dulces.

 

Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río dice Heráclito, pero Carolina Antich sigue pintando el Paraná aunque lo tenga lejos. Hay en sus telas nuevas aguas más verdes y violetas pero es el agua terrosa del Paraná la que más brilla. Aún hoy. Porque la infancia vive a través de su entorno las emociones más profundas. Y recrear ese entorno es volver allí. Una y otra vez, y otra vez. Como un río. Y como el de Heráclito nunca es el mismo y es el mismo.

 

Ahora hay varios cuadros de Carolina Antich en la casa de María Casado. Aprovechen para ver como la persistencia en el oficio es la llave para abrir mundos.

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