• Rodrigo Barcos

La salada


El año pasado estuvimos con varixs amigxs en la edición aniversario 25 de arteBA. El único recuerdo firme que tengo es estar infiltradas en el vip con Martha de la gente y Emilio Bianchic, de Básica TV. ¿Saben qué? nos encontramos una bolsita de merca tirada en el suelo, entre carteras y zapatos carísimos. Entre Marta Minujin y un super archi mega CEO de una empresa mega cool.

Este año, para artebarear, perdí mi credencial y la tarjeta vip, así que lo que más hice fue deambular por la feria. El otro día leí una nota de Gregorio Rubio que decía que en toda inauguración, las obras están en un segundo o tercer plano, y que lo relacional y la exposición pública es lo más importante. Nada más acertado para un evento ferial como lo es arteBA, donde las relaciones de poder se hacen carne hasta en las cuestiones más mínimas. Pero por suerte, no todo es frivolidad y especulación, claro está. Este año, creo que me voy a llevar dos recuerdos firmes de la feria: el primero, un abrazo que le di a Fernanda Laguna felicitándola por el desfile de Belleza y Felicidad Fiorito (que musicalizaron los KIDZ) un proyecto inclusivo y honesto que supo infiltrarse en un evento monstruoso y sacar provecho de él; el segundo es un viaje en taxi con Violeta Mansilla yendo a la feria, hablando sobre la errónea concepción de los premios y sobre la decisión de no apoyar -al no premiar- el desarrollo de proyectos y artistas jóvenes de una escena federal que había en la feria formada por Lateral (Tucumán), El Gran Vidrio (Córdoba) e Imagen (Mendoza), entre otros. Sin un aporte de estas mostras adineradas (les dicen coleccionistas, premio estímulo, premio en obra, impulsarte, o blah) se hace muy difícil desarrollar y sustentar este tipo de proyectos.

Más allá de toda la parafernalia, arteBA es un punto indiscutible de convergencia, donde en unos pocos días la gente se enloquece, se monta, se muestra, pero también es un espacio que posibilita el encuentro con agentes de distintas escenas nacionales, permitiendo crear nuevos lazos colaborativos y afectivos que exceden a la feria en si misma.

Finalmente, entre queja y queja, llegamos con Violeta a La Rural, y el taxista nos dijo: "Hace bien ver un poco de arte de vez en cuando ¿no? Les cambio el precio del viaje por dos entradas para arteBA".

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