Un saludo a todxs lxs que me conocen

July 12, 2017

 

La familia es una alegría frágil. Se limita a los amores que podemos no elegir, los amores que se nos vienen encima. Esta muestra es un reconocimiento, una llamada de atención a la propia familia de cada uno y a los colados en el concepto de familia. Los que nos quieren y nos agobian son familia, lo más presente que hay. Por lo demás, ya lo dijo César Aira: "Lo nunca visto no se reconoce". 

 

Por ejemplo: le mandan fotos típicas de gente posando por mensajes de texto a Denise Groesman y ella imagina que son estampitas a dar a conocer en formato ampliado con pinceles. Imagina que son fragmentos de vida a incluir en la suya. Por ejemplo: le mandan videítos o gifs o cositas de esas que se distribuyen en internet, memes que mezclan almanaques con cartelitos al estilo Belleza y Felicidad que auguran amor, paz doméstica, optimismo. Todo coronado con colores pasteles o chillones que prometen buen vivir. Esto se muestra en una tablet a la que se accede por un agujerito similar al que se meten cosas en el boliche América, aunque también hace acordar a la hendija por donde los vecinos chusmean. Por ejemplo: le mandan videítos de cosas que hacen, como tocar el violín o generar albañilería, y eso es una especie de monumento vivo al trabajo y al tesón. Estos también se reproducen en la tablet a la que se llega por el agujerito. 

 

La mandadora o mandataria ES familia. Es la señora que crio a Denise, la señora que trabajaba en su casa mientras su familia trabajaba. En el medio del ciclo de sacrificados de toda clase social estaba Denise mirando durante 20 años un poco para el lado de la burguesía que la engendró y otro poco -ahora se nota que bastante- para el lado suburbano, misionero y provincial de la señora. Todo el mundo cotidiano de la señora que ahora se muestra en imágenes vía wasap y se acerca al corazón para que el ánimo de la pintora no sepa qué hacer. La familia de Denise es también toda esta familia que aparece acá y que no tiene su sangre. Los cuadros son una galería no aristocrática del amor profundo y también de la culpa. Ama a quienes decidieron que sus padres fuesen sus amos. Los ama a través de imágenes que son un don. Imágenes que ya no creen en los pixelados (esa estética tan de moda hace diez años, que por suerte decayó) sino en los difuminados, los fuera de foco y los tornasoles de la luz. Nada está claro y lo siniestro se expresa en el espectador con la mueca del que goza un poco. Hay un cuchillo -un facón- omnipresente, escondido y no tanto en cada pintura, que es la firma de Denise. Un poco como Lucio Fontana pero figurativa, la señal es un elemento conceptual que hace acordar al corte, después de eso en esta cabeza loca que escribe se viene la sangre, el torrente, el rio y el ahogo; o sea que se viene el tembladeral de la familia, toda la angustia que se la lleva puesta. 

 

La familia es lo primero o lo último que hay. En la otra punta está el Estado y en el medio la sociedad civil. El Estado es una entelequia que generalmente administra miseria y trabajo ajeno o deja que nos enamoremos de los líderes para que toda su maquinaria funcione. Las personas aman a los políticos y hace 400 años un pensador agrio llamó a eso “la servidumbre voluntaria”. La sociedad civil es la vida pública sin la política estatal, digamos que es la amenaza del Estado, desde ella puede salir lo que lo evite o lo destruya; todavía no hay ejemplos establecidos en el tiempo que nos sirvan, pero insistimos en que los habrá. La Familia, sinónimo de grupo chico o grupo de afinidad, es donde uno puede hacerse el canchero con la política, ser libertario, libertino, psicópata, bueno, egoísta, normal, moral sin que nadie se da cuenta. La familia es la intimidad, lo privado, donde no importa la Justicia salvo que algún familiar nos denuncie ante ella. La familia entonces todavía tiene algo de clandestinidad, puede cocinar placeres bajos o alegrías simples... también puede ser un experimento de la manera en que va a explotar todo más tarde que temprano. Los periodos más vitales son los periodos más proclives a dejar muertos en el camino y las pinturas de Soy Familia están en el umbral vital.

 

Soy Familia es una muestra chica sobre lo grande, tapada por telas, enredada por biombos que son colchones bordados. Invita a quedarnos a dormir en su podredumbre y en su halo. Parece una tienda de campaña o una trinchera después de tremenda paliza, con retratos de los héroes en su momento de esplendor. Hay poca luz, hay música popular sacra (los Pimpinela, por ejemplo). Hay establecida la pauta de que uno es su familia, pero que la familia es el espacio donde uno ejerce el conflicto que lo lleva a pensar quién es, de dónde viene y cuál es la macana que se mandó para tener que bancar las tramoyas de la conciencia, los fantasmas. La familia instala el problema de la devoción, de cómo adorar, de cómo amar. La pintura de Denise vuelve a pensar la pintura desde sus orígenes teológicos y amatorios a la vez. Vuelve a pensar el ritual del recuerdo a través de lo que se disgrega en la cabeza y se expresa mal en la tela. Es odio o es amor. ¿No es necesidad de matar a los vivos y a los muertos? (la familia son las dos cosas juntas) Una vez el amigo más sabio que tengo escribió esta frase: “Llamamos Orden a la finalización real de todos los sacrificios”

 

Una duda es si cuando no hay amor es porque no lo hay o porque la pasión lo tapa. Y la pasión es el desenfreno y el desenfreno es no llegar a ningún lado hasta que se llega a algún lado. No hay manera de no llegar a algún lado ¿Y por qué se llega? por amor. En algún momento paramos y paramos por amor, por respeto, por paz, por afecto normal, por falta de ganas: para que nos den de nuevo ganas. Es el ciclo del folklore de la familia almorzando los domingos que trastabilla, se mata y vuelve a renacer bajo una promesa, la impronta del cariño de otros sobre uno. Folklore es lo que siempre vuelve a empezar.

 

Los ojos tristes de los adultos, de los niños y de los animales que trasladan desde los cuadros la tradición de la normalidad y de la vida contemporánea, pueden ser la otra hendija por donde se esclarezca qué sentido tiene el esfuerzo del afecto. Esto quiere decir poder incorporar a las penas y a las taradeces cotidianas que decimos la pregunta por cómo ser personas buenas, de qué manera no odiar. Con eso alcanza.

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