Meterle swing (folletín ciudadano), #1

October 13, 2017

 

 

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“¿Qué somos? Para Fontana somos una banda de rock que no toca. Somos punk. Para el Bode somos la vanguardia porque no nos interesa hacer obra. La verdadera poesía está afuera de las palabras.” ¿Qué relación interesante se podría establecer con la politica?. Trasladar juntos esa frase de Catón al contexto singular de nuestra militancia diaria. O también lo que escribió Correas en Operación Massota: “Debemos fijarnos un plazo. Este será nuestro proyecto cultural: a los cuarenta años ya tenemos que haber llegado a ser inteligentísimos, bellísimos, cancherísimos y crudelísimos” Una más, ahora, del poeta chileno Diego Maquiera en los Sie Harrier: “éramos serios y semifabulosos / adorabamos a nuestras esposas y mujeres”. Alguien podrá pensar que identificarnos de este modo es frívolo y liviano ya que en la actividad política lo que está en juego, después de todo, es la vida de la comunidad, alguien podrá decirnos que nos desentendemos de lo esencial, la lucha genuina por los intereses de los trabajadores y de los más humildes. Y es justamente lo contrario. Tal vez sea ridículo si no nos convertimos en personajes, si no hacemos una ficción deliberada del quehacer político diario; si no nos relajamos y divertimos las realidades donde trabajamos se tornan insoportables: el narcotráfico presente en los barrios, la recurrente inoperatividad del Estado, la llamada rosca que por abundante aburre y las personas descaradamente injustas que cruzamos habitualmente. Hay que creérsela un poco. De lo contrario ya estaríamos quebrados, panzones con familia, de casa al trabajo y del trabajo a casa o peor: twitteando cínicamente todas las noches.

 

No alcanzan los ideales, las convicciones y el motor de la indignación ante la ignominia que brota generosa al afrontar todos los días los desafíos que la época impone. Como complemento vital necesitamos construir una politica fundada en la lectura compartida de textos -los mencionados más arriba, por ejemplo- para procesar jugando las experiencias del devenir. Una intima creencia articula la construcción: si vamos a transformar algo, no importa qué, una sociedad de fomento, un club, una escuela, un distrito entero, Latinoamérica, será de una única manera: con estilo y elegancia para toda la vagancia…

 

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El celular vibra sobre la mesa de luz como si estuviera galopando: son mensajes que se amontonan en la lista de notificaciones, la mayoría pertenecen al grupo de whatsapp que Vanerio, Lauro, TDM y yo bautizamos Los Luz Boys en homenaje a nuestro ex referente político local. La falta de visión estratégica, la falta de confianza en sí mismo y la falta de amor por los compañeros fueron algunos de los motivos que lo hacían un pésimo dirigente. “A nosotros esas tres cosas nos sobran aunque nos falta malicia”, dijo Vanerio semanas antes de la primera operación política que planeamos y accionamos juntos. Leo uno a uno los textos y algo me dice que va a ser ardua la tarea que tenemos por delante pero los cuatro estamos igualmente entusiasmados: mañana a las 8 arriba, eh. –sí, tratemos de no llegar tarde como la otra vez. –aparte esos vecinos se sarpan de puntuales. –en la plaza los espero.- perdí la Sube, Lauro, sacame. –pero llevo el auto, boludo, te paso a buscar. eu, ahí en Villa Sarita a los talleres de oficio hay que sumarle algo más de formación política. –sí, pero antes de sumar movidas mejoremos el casa por casa. -si no hay difusión no hay nada. -hay que hablarlo bien con todos en el próximo plenario. –discutamos los flyers con el equipo de comunicación. -estaría bueno renovarlos, algo más chillón, colores saturados…esa gilada.

 

En estas geografías a las 2 de la madrugada es habitual que se escuchen motos que pasan haciendo explotar el caño de escape y simultáneamente ladridos de perros, gritos, carcajadas. Cuando terminan, los intervalos de silencio me resultan insoportables. Por eso abro Youtube y pongo algo, cualquier cosa, hago click en el historial. Prefiero el ruido. Agarro el cel, me siento al borde de la cama, deslizo el dedo índice por la pantalla táctil, leo, escribo: -si no se encuadran no llegan ni a la esquina. -son compañeros especiales, digamos, hay que tenerles paciencia. -igual yo a Camila le perdono todo. –mmm no es para tanto. -bueh: el que se enamora so’ vo’ amigo’. -esperen: hablé con los profes de filosofía, les dije para armar las cátedras populares pero en Villa Sarita que vayan y hablen de Kush y esos tipos. –bien, eso de hacerlas en el bar no nos sirve. -los voy a meter en el fondo del barro, en las entrañas de Moreno Sur jaja. -uno de nosotros tendría que exponer también. -después lo vemos, primero consigamos el espacio, yo me encargo, hablo con la señora de la Asociación civil…coso –Yolanda?.- Sí, esa. – a mí ya se me ocurrió el nombre… -a ver…-Cátedras Bárbaras. –excelente. -me gusta, da para disfraz, perfomance. –jaja hagamos tres encuentros para empezar y después vemos qué onda... corrijo: Cátedras Bárbaras Itinerantes. -dale, si sale bien, las rotamos, las replicamos en toda Villa Sarita.

 

Doy por descontado que hacer política con personas que queremos refuerza la realización práctica de una lealtad efectiva, ese valor imprescindible para avanzar en el medio de tensiones y disputas, lamentablemente en algunos casos descarnadas, entre compañeros. Pero también funciona como un dispositivo que nos brinda celeridad y dinamismo en las decisiones pequeñas y medianas del día a día. Si no existiera afinidad y un conjunto de sobreentendidos y afecciones comunes estaríamos permanentemente deliberarando en asamblea, en desmedro de la acción.

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