• Catalina Arzani

Azucarera de plástico transparente


Entró a once galerías en el transcurso de un día. En un interín se clavó una ensalada con castañas de cajú, agua de coco y una botella del té de hierbas más típico de China -según la etiqueta- que al segundo trago tuvo que tirar por la exagerada cantidad de azúcar. 15g por botella. En fin, mucha azúcar. (¿Digo la azúcar? Por qué no).

Dicen que tanta azúcar no hace bien. En su casa no tiene, hace mucho no hace el ejercicio de agarrar la cucharita de plástico mojada en café para meterla en la azucarera de plástico transparente de su mamá, con tapa también de plástico con una flor dentro que parece embalsamada, como si estuviese en formol aunque es todo plástico. La mamá de una amiga suya también tenía esa azucarera pero en la flor en ese caso había una abeja. Esa parecía más real, daba más una sensación de naturaleza solo por estar el bichito ahí como picoteando el polen inexistente de la flor que no es flor sino plástico.

En la galería 47 Canal en Chinatown, Manhattan, vio una ventana que entre vidrio y vidrio tenía girasoles, esas de donde se sacan las pepas que comía de chica, pepas cubiertas con tanta sal que le daban ganas de chupar la cáscara de cada semilla una detrás de la otra sin siquiera comer las semillas, solo chuparlas hasta que las arterias latieran por sí solas, eran épocas de la infancia dorada... ahora todavía está en la edad de plata de los veintipico así que no se queja, solo sufre algún que otro calambre a la mañana. Y en la galería, como parte de la muestra “Weeds of indifference”... estaba esta obra de Amy Yao, la de los girasoles falsos--- porque de los verdaderos se chupa la cáscara y estos solo se pueden ver a través del vidrio transparente que los encierra ahí como la flor en la azucarera de su mamá y la mamá de su amiga.

Para la vianda del mediodía usa un tupper que le robó a su tía.

A veces trata de reciclar los plásticos en los que viene empacada la comida del súper para usarlos como contenedores de vianda alternativos. Intenta reutilizar los contenedores pero en cambio los acumula en su cuarto. Los apila como apilaba los tubitos de mostacillas cuando hacía las tobilleras que después vendía en las playas de Mar del Plata a 30 centavos sobre la tabla de barrenar llena de arena, sus piernas hechas milanesa. Milanesas ya no come: es celíaco-vegetariana.

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