Arte Chico

June 12, 2018

 

Días de paleta gris, hasta que un día sale el sol. Los días con sol tienen una idiosincrasia distinta
para mí. Te levantas, limpiás tu casa, la ahumarás, escuchás cualquier disco de Gilberto Gil. El sol
saca los rayitos de esperanza, energiza y potencia ante cualquier crisis.


Ese día me levanté pensando en la muestra de Vicky, la cual se venía postergando por los días
lluviosos que acontecían en la ciudad de Bs As. Me armé el mate, agarré la bici y me fui a la
Costanera sur.


Cuando era chica a mi papá le gustaba mucho llevarnos a la Costanera. Era el paseo habitué de fin
de semana. Por eso siempre que voy y veo a esas familias disfrutando de un día de sol al lado del
río, me hace recordar mucho mis primeros paseos en monopatín y la bici color rosa con rueditas,
mi primera nave.


También me hace recordar a mis primeros afters. Justamente la cita de la muestra Victoria era en
la Fuente de Nereidas. Tengo una anécdota al lado de esa fuente. Luego de una gran fiesta de
vinilos, con dos amigos nos fuimos a caminar y llegamos a la Costanera sur. Era una mañana de
mucho sol y calor, cuando veo a mis dos amigos desnudarse al lado mío. Los veía tan lindos que les
empecé a sacar fotos a lado de las esculturas. Los dos traviesos me dejaron sola sacando fotos y se
fueron a meter al río de la Costanera. Vaya a saber uno qué puede encontrar ahí, yo no podía creer
que dos cuerpos eufóricos estaban metidos en esas aguas turbias.


Antes la gente se bañaba en el río de la Costanera, pero con el transcurso de los años esas aguas se
fueron contaminando debido a la creciente industrialización y urbanización que empezó a acechar
las cercanías a la Reserva Ecológica.


Llegué a la Fuente de Nereidas, una obra realizada por Lola Mora. Está hecha en mármol blanco de
Carrara y representa a las nereidas asistiendo al nacimiento de la diosa Venus. En esa época
victoriana la fuente fue una obra muy polémica por representar figuras de mujeres desnudas. 100
años después, Victoria pone una escultura de su rostro a metros de la Fuente. Hoy es la cara de
Vicky, como también millones de cuerpos desnudos que aparecen dentro de las redes sociales.


Pienso que Victoria nos hace ver esa contraposición de época en donde ya hemos llegado a
sentirnos libres de colocar una escultura de nuestra propia cara en el espacio público. En días
donde se mediatiza el sector público con lo privado, y en donde todavía existen los pro vida en
contra del aborto legal, Victoria me hizo pensar en una obra, que es polemizada por su recurso de
énfasis yoístico entre artista y obra (el artista es su propia obra); pero sean bienvenidas aquellas
obras que utilicen este recurso con tal de llamar la atención y expresar el deseo de mostrarnos
como somos. Así, seres y cuerpes libres, como aquellos amigos que decidieron bañarse desnudos
en las aguas del riachuelo, manifestando su sexualidad en aquel lugar en donde a Lola Mora le
prohibían poner una escultura de ninfas desnudas.


Esa tarde noche desfilaron por al lado de la escultura 3d de Vicky, en su gran mayoría, familias que
estaban de paseo, que cruzaban desde la vereda de enfrente para ver qué era esa lucecita neón y
ese rostro hecho escultura. Se había armado el baile, cumbia santafecina de fondo, puestitos de
birra y chori salidos de la Villa Rodrigo Bueno. Nosotros los observábamos a ellos, ellos observaban
a “Vicky”. Otro tipo de público, quizás no sea el que se acostumbra a ver en museos o galerías de
arte.


La obra se pudo ver en varias perspectivas: de un lado el festín de familias bailando cumbia en una
tarde–anochecer y por el otro lado los edificios de muchas empresas y de familias “nuevas ricas” de
la sociedad argentina. Dos ambientes que contraponían la mirada. Hace poco me acordé de las
esculturas en espacio público del artista catalán Jaume Plensa, sobre todo en una de sus obras que
plantó en el mar en Río de Janeiro. Una escultura gigante que te desorientaba el ojo al Pan de
azúcar y que también incorporaba esas distintas perspectivas.


La figura del arte vive un tiempo prestado; al no existir intercambio con la esfera pública la
participación del otro pierde sentido. Las acciones, obras, performances, etc., aparecen en el
espacio público interactuando con cuerpes o con mentes en un intento por despertar, concientizar,
señalar, cuestionar y en últimas hablar por una comunidad que tiene miedo.


Pienso que son propicios los lugares como Chiquita, en donde mostrar en una cajita puede disparar
a este tipo de obras y acciones. Desestructurando, visibilizando, adueñándose de los espacios
públicos. Creadores, revolucionarios, disidentes, espontáneos.

 

Victoria fue la muestra individual de Victoria Papagni, en chiquita. chiquita es un espacio de arte en una caja de cartón. Es un proyecto de Julián Sorter. La muestra fue el 12 de mayo de 2018 junto a la Fuente de las Nereidas, en Costanera Sur, CABA.

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