Asamblea Editorial

May 2, 2019

 

Hace un par de años organicé las Jornadas de la nueva crítica junto con Jimena Ferreiro en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires. Fue una clara alusión a las históricas Jornadas de la crítica organizadas por Jorge Glusberg. El interés estuvo en abrir el debate  y mapear la producción crítica, el creciente interés en el legado histórico de la crítica y la emergencia de un discurso crítico que rebalsaba los lugares habituales, medios masivos y académicos, en particular, las revistas de artistas y de tradición de la izquierda cultural. Como resultado se plantó en la escena la contracara de la producción monolítica y totalizadora de un ideal moderno que ya estaba caduco en los últimos años de Jorge Glusberg. El presente festejaba (y hablo en pasado adrede) un modelo de crítica más o menos al estilo Vietcong textos de guerra de guerrillas, agujeros de arañas y trampas de tigre por un lado, y los textos de amigo por el otro.  

 

Sin embargo ese modelo es una energía dispersa que está perdiendo su fuerza. No sólo parece haber menos revistas sino también una baja en su periodicidad. Tanto la revista Mancilla como la revista CIA fueron discontinuadas. Boba dejó de publicar su versión en papel aunque continúa online. Jennifer pasó de tres textos cada seis días a una publicación irregular. El flasherito continúa con sus apariciones repentinas y con un nuevo editor y consejo editorial.

 

La escena de las revistas culturales es un espacio fragmentado de identidades sociales frágiles y discontinuas, análogo al espacio de poder y de las identidades sociales. En un contexto histórico en que gobierna la derecha con el poder económico, político, judicial y de los medios de comunicación frente a un peronismo partido. Quizás por la escala sería más pertinente comparar el estado de la crítica cultural con el morenismo trotskista, por sus luchas políticas entre las distintas fracciones (los nichos), por la fundación y disolución de partidos (colectivos y revistas), por el bajo número de militantes (escritores y artistas) y por sus magros resultados electorales (cantidad de lectores, público e influencia).  

 

La crítica está en jaque frente a una lógica del “divide et impera” en un contexto de crisis económica y social que puede llegar a traducirse en una crisis política. ¿Por qué razón las revistas de arte están atravesando esta crisis productiva?. Una crisis cuantitativa y cualitativa. Una retracción que avanza a toda velocidad

 

¿Es acaso la crisis económica? El dinero no alcanza y hay que tener muchos trabajos a la vez. Esta variable no es suficiente para explicar las causas si recordamos que  la revista ramona nació en el año 2000, en condiciones de crisis social, económica y política, junto a un movimiento artístico crecientemente autónomo y autolegitimado, que se expandió en un contexto de movilización e iniciativas de nuevos actores sociales. ramona surgió en otro contexto, en una época en la que era difícil encontrar en la Argentina publicaciones exclusivas de artes visuales orientadas a la producción contemporánea.

 

Después de ramona hubo una época de diversidad y proliferación de producción textual que ha llegado a su fin. A este nuevo ciclo de crisis no le está siguiendo, por lo menos por ahora, un periodo de ebullición cultural. La historia parece no repetirse

 

¿Hay un factor de la cultura del trabajo que está incidiendo? Los artistas que pasaron los 30 años y se encuentran arañando los 40 experimentaron las posibilidades sociohistóricas que el kirchnerismo ofreció: “poder vivir del arte” o al menos de sus actividades vinculantes, dar clases, trabajar en alguna ministerio, en una galería, por solo citar algunos de los diferentes medios de subsistencia que ofrecen las industrias creativas y del conocimiento. Durante 12 años el PBI cultural no paró de crecer y alcanzó el 3.8% del PBI total, su máximo histórico, superando en porcentaje a la minería y la pesca.

 

Las nuevas generaciones fueron alimentadas por la utopía del mercado  y tienen las expectativas de poder alcanzar la mismas metas. El kirchnerismo fue la década en la que el arte abandonó la expresión de Rimbaud “el poeta no trabaja”, ideal que sostuvo Gumier Maier.  Dejó de ser una expresión ideológica para los jóvenes artistas. El arte es considerado un trabajo y frente a un contexto de creciente desocupación, devaluación de la moneda e inflación, el artista apenas puede reproducirse como fuerza de trabajo y ya no tiene tiempo para producir gratuitamente como lo fue durante toda la historia del arte argentino. ¿Entonces para qué escribir hoy si en la última década se pagaba? ¿Goce? ¿Amor al arte? ¿Cambio político contra la derecha neoliberal?

 

También las redes sociales, al menos, en su incidencia local, parecen socavar con la necesidad de la existencia de las revistas. Facebook y Twitter se constituyeron como los espacios de debate, investigación y circulación de distintas voces sobre el arte. Pero no es una razón suficiente para que revistas como E-Flux Journal, Art Forum, entre otras dejen de ser las más prestigiosas, importantes  e influyentes del mundo. Por qué no hay una revista relevante, pienso en las que acabo de mencionar: Jennifer, El Flasherito, Boba, y agreguemos a Segunda Época. A pesar de sus diferencias todas tienen en común lo pequeño, lo marginal, lo fácil, lo queer, que a pesar de sus voces críticas resultan ineficaces en el contexto actual.

 

¿Qué hacer? Primero hay que hacer un esfuerzo enorme para  gestar una comunidad más allá de los egos, los intereses individuales y los espacios de influencia, para eso hay que hacer acuerdos que vayan más allá de las divisiones y unirse resignando las posiciones actuales.

 

Segundo, la idea de que hay que vivir del arte la robó el macrismo. Y es una razón para  abandonarla por un rato. Es tiempo de hacer sin pensar en una retribución material. Hay objetivos políticos que cumplir, cambiar el modelo de acumulación (en términos marxianos) y  de solidaridad (en términos durkheimianos). El desierto cultural necesita agua. ¡Hoy pensar que hay vivir del arte es reaccionario! Porque el arte se transformó irremediablemente en una escena de militancia y en activismo cultural.


Es tiempo de construir ALGO GRANDE, un espacio transversal que aglutine diversas voces y desmonte a los nichos de la escena. Hay que pensar más allá del arte, más allá de las audiencias habituales. Un pacto Federal, un espacio de militancia, un deseo que está por nacer. Una revista como una Patria que se articule con la diáspora de argentinos por el mundo, un gran acuerdo nacional. Crear una asamblea editorial, un consenso entre diferentes visiones del arte cuyo antagonismo es menor que el peronismo y el liberalismo conservador, entre los artistas existe un sentido y una sensibilidad política común, en un contexto sumido en la confusión de una crisis inminente. Es necesario crear un nuevo espacio crítico, elegir a un editor interino y plantear un nuevo modelo de relación y objetivos para una nueva etapa de la crítica argentina.

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