Repatriadísima

April 1, 2020

A principios de marzo me me subí a un avión sin barbijo, sin miedo de tocarme la cara y con muchas expectativas de recorrer lugares que sólo conocía por internet. Llegué a Madrid y al segundo día ya practicaba los nuevos cuidados tanto de higiene como vinculares. Lavándome las manos un montón de veces al día paseaba aspirando la paranoia creciente de la ciudad. Recorrí apenas unos pocos lugares en uno de los epicentros del covid19, en esa semana que la OMS y los medios consideran que las medidas deberían haberse tomado, yo fui al parque, al museo y al restaurant. El gobierno declara nivel tres y al día siguiente me voy a París a encontrarme con mi hermana en un vuelo cargado de miedo y personas. Pienso que nunca fue tan fácil asustar al desconocidx que tenés al lado, una tos o un estornudo son las armas suficientes.

 

Todos los días dentro y fuera de mí, la paranoia inicial, el miedo y la angustia se turnaban para sostener el malestar. Salí de Buenos Aires con una fecha de regreso planeada justa para volver y montar la muestra de una artista a día de hoy no tenemos idea de cómo vamos a llevar a cabo. Qué será hacer una muestra hoy? Una idiotez o seguir con el problema, un amigo me dice que al menos es algo arriesgado. Así es que reviso las obras de la muestra y otras más viejas de María Guerrieri, llego a una serie de 24 dibujos de personajes que están en la cama, dibujos monocromáticos con lápiz rojo y azul. Miro mucho una imagen que María terminó de dibujar el día en que metieron preso a Lula, en abril de 2018, cuando todos los días te despertabas y había algún recorte de la política macrista del que enterarse o lo que subsiste, despertarse y leer a cuántas mujeres mataron ayer. Hoy domingo flota en el aire que entra por la ventana del cuarto del hotel en el que estoy desde el lunes por decreto la idea de que el virus demuestra que las sociedades tienen que cambiar, y el cambio ahora mismo es el cierre de fronteras entre países (y provincias) y permanecer en las casas, claro, para lxs que tenemos casa o en mi caso habitación de hotel.

 

 María Guerrieri. Lápiz rojo sobre papel. 2018

 

 

Cómo evitar sentir una contractura en la nuca con las lecturas europeas sobre América Latina, sobre nuestra conducta y las políticas que el estado ha tomado en las dos últimas semanas. Mis días en Francia y España no fueron felices.

 

En enero de este año mientras escribía para la muestra de Clara Esborraz miraba películas que sucedieran dentro de una habitación, para entender cómo otrxs montaron y pensaron la exacerbación de las emociones y los cuerpos en estado de encierro como norma. Clara había hecho 8 dibujos en birome sobre papel de mujeres que encerradas en una habitación componían una distorsión del tiempo y de los cuerpos muy acordes al momento que estamos viviendo. Hace tiempo que venimos pensando en los vínculos desde nuestro trabajo en el arte. La irrupción de este orden jerarquiza las cosas de otra manera pero los femicidios, el hambre y la desigualdad siguen estando. Me pregunto cómo resistir y generar nuevos lazos, que es algo que desde el feminismo venimos aprendiendo.

 

Clara Esborraz. Birome sobre papel. 2019. De la exposición Sucia y desprolija en Piedras Galería.

 

 

Lo mejor y lo peor de todo esto es que todavía no ha terminado. No quiero volver a la normalidad previa a esta nueva normalidad luego de esta pausa para pensar, porque debemos pensar, es lo que he leído y es lo que creo. El miedo al miedo y el derrumbe de la ilusión de lo que creíamos saber.

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