Supremacrismo Blanco

August 15, 2020

 

A comienzos de la década del ´70 la presidencia de facto del General Juan Carlos Ongania ya no contaba con el respaldo de ninguna de las tres fuerzas de las Fuerzas Armadas. La falta de consenso para nombrar otro sucesor aprobado por la triada culminó con el llamado apresurado del agregado militar de la Embajada Argentina en Washington. Cuentan las crónicas de aquella época que era tan ignoto su nombre y sus antecedentes que ni los diarios pudieron conseguir una foto de él para ilustrar las portadas de los matutinos. Debieron conformarse con una única foto 4x4 de dudosa calidad e ilustraciones realizadas a las apuradas.

 

Algo similar nos hemos encontrado hoy con el nombramiento de Juan Carlos Lynch del que nadie conoce sus credenciales para presidir la fundación arteBA. Su carta de presentación sería su relación con el museo MACBA, una institución que no ha hecho grandes aportes para la escena local ni siquiera habiéndose instalado en el terreno lindero al MAMBA para traccionarle público. 

 

Además de Lynch asumieron funciones otros miembros muy ajenos a la escena local tales como Matilde Grobocopatel y Francisco Ortega. Estos nombramientos hubiesen estado quizás acertados en 2015 con el cambio de época y la asunción del Presidente ojos color del mar de Barents. Todos abiertamente declarados Juntos por el Cambio y con estrechos lazos con los funcionarios de aquel entonces. Miembros de la familia Grobocopatel cumplieron funciones en la Jefatura de Gabinete hasta que asumió el Presidente Fernández o, como en el caso de Ortega, que proviene de Mc Kinsey, la consultora estrella de la tecnocracia que impulsaban Cabrera, Quintana y Lopetegui además de ser miembro de G25, la usina de funcionarios del gobierno saliente. ¿Pero tiene sentido que asuman estas personas frente al cambio de época? ¿Como van a presentarse ante el Ministro de Cultura de la Nación Tristán Bauer que accedió a la silla ministerial gracias a haber dirigido un documental titulado Tierra Arrasada en referencia a la gestión que estas personas llevaron a cabo cada uno en sus respectivas funciones? ¿Que reputación puede tener el apellido Grobocopatel, el principal impulsor del “yuyito que crece solo” y representante de la tan denostada Patria Sojera a la que solo quieren extraerle más y más dólares de sus legitimas exportaciones?. Este comité llegó 4 años tarde y en un momento donde la articulación público-privada será fundamental para la etapa que viene conociendo los antecedentes de un manejo del Estado que tiende a inmiscuirse en todos los sectores de la propiedad privada.

 

De todas maneras hay que reconocerle a Juan Carlos Lynch su capacidad para relacionarse con la nueva gestión nacional. Él mismo sería el lobbista de las empresas que habrian intentado venderles al Estado productos con sobreprecios cuando estalló el primer escándalo de corrupción en el inicio de la pandemia. Serían conocidas sus gestiones recorriendo pasillos de dependencias estatales para limpiar la reputación de las empresas allanadas y agilizar los trámites. A pesar de ser abiertamente opositor, en estos casos no hay grieta. 

 

 

Sobretodo genera desilusión su perfil en Instagram: solo chistes machistas, ni una sola foto de arte, muestra, museo, o similar. Excepto en 2017 un pie de foto en ArteBA que dice “muy copado arteba”. En 2016 festejaba la victoria de Trump con el siguiente mensaje: “Por 1era vez en la historia un multimillonario blanco se instala en una vivienda pública abandonada por una familia negra." La comunidad artística que hizo del Black Life Matters una de sus banderas no creo que esté muy convencida de que un supremacrista blanco haga pie en una fundación que debería tratar de mantenerse apolítica debido a que tiene que tratar con diversos actores.

 

En un par de años veremos a Juan Carlos Lynch intentando aspirar a un cargo político habiendo usado el nombre de la fundación construido durante más de dos décadas como trampolín para mezquinos intereses

Más allá de tantas cosas desagradables, hay que destacar el valor de la incorporación al Comité de algunas personas con trayectorias intachables en sus ámbitos de actuación que han demostrado tener una vocación sincera y pasión por el arte.

Quienes aspiran a una transformación real de la feria lamentarán que esto haya sido
 solo una maniobra palaciega al estilo Il Gattopardo para hacer cambios sin cambiar nada. Por eso se explicaría que continúe el management sin cambios y que nombres del Comité asociados a la vieja guardia continúen guarecidos en cargos inferiores o en posiciones honoríficas.

 

 

 

 


 

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