¿Barajar y dar de nuevo?

August 18, 2020

 

 

Cuando militaba en una organización de la UNC “Barajar y dar de nuevo” fue el eslogan de campaña para las elecciones 2011 de consejeros, consiliarios y centro de estudiantes. En ese entonces entendíamos la metáfora como el alineamiento político de las instituciones junto al movimiento estudiantil y hacia el resto de los claustros. Habían pasado muchos años desde los ajustes de los 90 y el 2000 y todo era posible con el viento a favor. Era el momento de dar discusiones largamente aplazadas, en vez de tratar de apuntalar lo que se estaba cayendo. 

 

Fue una época fabulosa de reivindicaciones ideológicas y un disfrute genuino en medio de  una especie de primavera Kirchnerista al estilo Camporista, pero mejor. Lejos quedó la resistencia tirapiedras contra la Casa Radical y la LES. Abrazando el modo Nestorista nos sentamos a negociar, porque esta vez había un interlocutor disponible. 

 

Hay algo que se aprende de las organizaciones universitarias y es que son semilleros de pensamiento y discusión. Hablo de las de carácter autónomo, no de las bajadas de línea y de dinero de los partidos grandes. En la autonomía es donde las discusiones son fructíferas, las lecturas están contextualizadas y se opera en base a los actores y condiciones que configuran un campo específico en disputa.

 

Para esto es necesario revisar lo que se sigue construyendo desde la recuperación democrática y el retorno de la posibilidad de organizarse como una herramienta y no como un escollo. Básicamente son 37 años de educación cívica ininterrumpida y un par de recambios generacionales. Una piedra de toque importantísima es el movimiento feminista que en su diversidad ha podido llevar adelante una serie de reclamos sistemáticamente silenciados. Logró convertirlos en una lucha masiva en las calles, interpelando a todas las clases sociales, géneros y rangos etarios. Creo que este es uno de los semilleros para les artistes, que da cuenta de dónde surge la necesidad de cambiar las condiciones de producción, distribución, comercialización y principalmente es un cuestionamiento al status quo. 

 

Ahora estamos en un momento, que desde mi perspectiva, se lee como un movimiento de fichas que trae otros aires a despejar la bruma del agotamiento y acostumbramiento que sentimos cada vez que nos presentarnos ante el estado o hacia el mercado. 

 

Hay algo maravilloso que está sucediendo en relación a la creciente organización de artistas. Les escucho contándome con muchísima claridad lo que está pasando y hacia dónde están yendo, aunque las metodologías varíen y los roles se confundan. En una misma reunión por zoom hay personas de varias edades, géneros, ciudades, provincias, diversas experiencias, trayectorias y proyecciones. ¿Entonces qué es lo que importa? El intercambio horizontal en las discusiones de todas y cada una de las comisiones de las organizaciones de base y la regional, la socialización de la información que está circulando. Es tomar la charla de cafetín, de carácter privado y llevarla al ágora de lo público, donde básicamente se está haciendo política. 

 

El reflejo ha sido una aceptación discursiva general. Pero donde está afectando directamente es hacia el interior del trabajo de les artistes que empiezan a poner sobre la mesa derechos olvidados y pisoteados. Como así también empiezan a enarbolar el deseo de ser une trabajador reconocido por el estado, entre muchos otros puntos que se leen en los manifiestos de cada una de las organizaciones. La necesidad de revolucionar el medio es mayor, la base de estas resoluciones surge de la discusión sobre la desigualdad de género en lo laboral. 

 

En estas puestas en común es donde se cuestiona la escena y sus actores, pero ahora es desde nuestra perspectiva colectiva y en un doble movimiento, hacia el interior y hacia afuera. Tenemos enfrente un bagaje de personalidades de años de trayectoria entrando y saliendo de lo público y lo privado, atando con alambre proyectos que duran la voluntad de otras personas ubicadas más arriba en la jerarquía de la toma de decisiones. Al parecer nunca tuvimos espacio para discutir quiénes decidían por nosotres. Era una cuestión de plata, suerte, lobby y un amiguismo respaldado por un trabajo incansable de cada une. Lejos de ponerme en un plan de verdugo, lo más importante es cambiar la perspectiva de qué y cómo estamos negociando en favor nuestro y a quienes sentamos a negociar en los espacios si no somos nosotres. Los avances funcionan en forma de tándem, alguien de afuera tira una piola y alguien de adentro la agarra. En algún momento entramos todes.  

 

Podemos pensar que les visuales somos el último bastión de les artistes en dejar de flotar entre la liberalidad del mercado y la ausencia del estado. Hacia el segundo y sus instituciones, las propuestas a presentar son las que gozan de mayor claridad, respaldadas en las experiencias de nuestros colegas de otras áreas y los propios consensos. Falta sortear la trampa de los intereses de quienes ocupan cargos públicos o políticos en este momento. Este avance no es posible desde la individualidad y es en esta línea que la celebración de la organización es más necesaria que nunca. Ya nos veo a todes en los balcones del Congreso agitando banderas y gritando de nuevo: que sea ley, todo lo que queremos.
 

Dejando de lado la mística, creo que también es importante pensar en el desarrollo de políticas estatales para disminuir la exigencia hacia al sector privado que hace años no puede dar respuesta. Es difícil establecer un sistema más equitativo cuando la oferta supera ampliamente a la demanda y el sistema de competencias se encuentra atravesado por varios factores que suprimen u otorgan beneficios de manera poco clara. 

 

A través de este sistema de legitimación es por donde entramos en el terreno embarrado de nuestra relación con el mercado y les privades. Son quienes finalmente han obtenido el mayor beneficio sobre nuestro trabajo y desorganización, arriesgando muy poco. ¿Qué tiene que ver una casta de empresarios y el negocio inmobiliario con les artistes? 

 

Una de las estrategias exitosas de vinculación entre los agentes fue la feria Mercado de Arte Contemporáneo de Córdoba, donde la gestión municipal se encargó de proponer y sostener un espacio de difusión, circulación y venta. Fue una manera de mediar o intervenir sobre el privado, a partir del reclamo sectorial de que en Córdoba “no hay mercado”. A la par, la feria generaba contradicciones y oficiaba de balanza entre intereses, que así y todo lograba instalar una discusión sobre los roles de cada uno. En su hibridación, la feria también acercaba a las instituciones formadoras de la ciudad. La UNC y la UPC realizaban sus aportes, tanto dentro de los equipos de producción de la feria como a través de los stands. Así la propuesta resultaba más completa, compleja y democrática. 

 

 

 

Aunque no quiera, llego a nuestra relación más tóxica y patriarcal con ArteBa. Todes sabemos lo que es, no es necesario redundar en lo que da y quita, sobretodo a los proyectos y artistas jóvenes, a los que la tarea de entrar les es igual de difícil que atravesar las puertas de Mordor. Podríamos entonces enviarle una tarjeta que diga: eres la ausencia más presente en mi vida y llorar, ya que quienes participamos de este evento sentimos la desestabilización absoluta de nuestras economías y agendas. 

 

Sin embargo, se respiró un aire nuevo  en cuanto advertimos el tamaño placebo que ArteBa representaba para nuestros intereses de supervivencia sustentable y lo poco que afectaba a la carga simbólica de nuestro trabajo cotidiano y sobre nuestras obras. Que en vez de congregarnos en el rally de 7 días de furia y meses de planificación, nos propuso otro tiempo y otra distancia de observación fenomenológica. Allí es donde también se retoma (y lo repetiré hasta el cansancio) una discusión de amplitud federal. 

 

Imposibilitades de movernos de nuestras casas, el borramiento de las fronteras se hizo evidente en las multitudinarias videollamadas donde se agolparon una tras otras similares problemáticas, incluso para les artistas porteñes que venían esquivando la discusión. 

 

Allí también es donde se hace patente que ArteBa es un acrónimo de Arte y Buenos Aires. Tan obvio que da risa y sin embargo acá estamos, atravesando un lodazal al estilo 2001, crisis de legitimación total. Tras los nuevos lineamientos propuestos y otros conflictos de base, observamos que no se trata solamente de trazar estrategias de hibridación virtual/presencial sino de qué intereses está representando, dónde estamos participando y a qué figuras estamos avalando. 

 

Así que la pregunta personal que aviento y surge sin ningún consenso es: ¿Es un objetivo demasiado utópico pensar que Fundación ArteBa transmute en Cooperativa ArteBa? Ya veo nuestras banderas colgando de los techos de La Rural. Al margen del chiste no tan chiste para descomprimir, es un interrogante sobre nuestra participación en la toma de decisiones sobre un evento al que un grupo de nosotres, considerábamos como el más importante del año. 

 

Entonces vuelvo al título de este texto ya como una afirmación. Barajar y dar de nuevo es más necesario que nunca, pero ahora les artistes estamos congregados bajo consignas claras después de mucho tiempo, con experiencia en transitar los procesos democráticos, las luchas sostenidas y las estrategias fallidas. No están todavía las condiciones dadas para accionar, porque el contexto es de formación y discusión, de lo más prolífico que se puede encontrar después de años de competencias y hostilidades. Es la pesada herencia de las organizaciones de artistas feministas que picaron en punta, resignificando la amplitud de las luchas y sus modos de llevarlas adelante desde las bases. Es el origen y el motor para juntarse, organizarse y cuidarse. Hoy más que nunca es necesario repetir que la salida de este conflicto de larga data es colectiva y es federal. 


 

Escribo este texto el 17 de Agosto de 2020, aniversario del paso a la inmortalidad de nuestro Libertador General José de San Martín.

Nota para Bob Lagomarsino: Cabe recordar que el final del gobierno de facto de Onganía fue de la mano del Cordobazo, fruta noble de la organización sindical.

 

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