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  • Juan Rocchi

La poesía política de Gabriel Cortiñas



Apellido de Gabriel Cortiñas se compone de lingotes de texto centrados en la carilla, uniformes, sin puntos que separen las oraciones que se entrelazan e interrumpen. Las páginas tampoco tienen reverso; las únicas escritas son las impares. Este formato arroja al libro inmediatamente al espacio más típico de la producción discursiva actual: las redes sociales y los medios de comunicación masiva. Como al scrollear página abajo o al hacer zapping, la velocidad con que se salta de un mensaje a otro es ya un paradigma de nuestra era. Tan así es, que los programas televisivos del prime time reproducen este formato con paneles de gente que habla sola, y toda red social tiene su sección de shorts con videos fáciles de interrumpir. Estos medios tampoco tienen reverso, la mayor parte del tiempo se consumen desde el máximo embobamiento posible. Apellido comparte con ellos el anacoluto o la interrupción como recurso principal, y la diseminación del sentido como su resultado inevitable.


No puse puntaje su firma guarda un secreto criar en una antena telefónica que una

persona les pase cerca los ruidos toleran eso ocurre en contadas especies las rapaces

algunas lechuzas halcones enumera ante el desarrollo urbano se retraen uuuhh


El formato tanto de los medios como de las redes sociales tiene un efecto concreto sobre el contenido que pasa por ellos: la despolitización. Dada la velocidad y liviandad con que se pasa de un tema a otro, la totalidad se vuelve superflua. No importa que se esté viendo contenido político, el consumidor está ante una superficie lisa donde las cosas pasan sin más. Uno es siempre impermeable, las noticias son siempre de ayer. Esto significa para Cortiñas que la escritura arranca encerrada en un gran problema, el de partir de una forma sin jerarquías ni ordenamiento sintáctico donde todo vale lo mismo. Pero también va a marcar para el texto un objetivo claro.


Hasta el momento lógico de mimetizarse con los sistemas de difusión de la información, Apellido podría ser un ejercicio formal de un estereotípico Licenciado en Letras. La invención poética está en cómo Cortiñas sale de ahí. Y lo hace poniéndose como programa vencer el problema central, es decir, politizar un formato omnipresente que nace con la voluntad de ser estéril. Usa para esto un segundo recurso principal, que no es ya el que crea un problema sino el que lo ayuda a recorrerlo. La paronimia en su conjunto, es decir toda una serie de juegos con el sonido de las palabras, permiten al texto desplazar el sentido hacia una orientación definida (“pero tampoco nunca nadie es probeta en su sierra y menos en los ruidos de un cuarto de fritura”). La maestría en la escritura está, a lo largo del poemario, en reconducir toda una corriente de palabras y fragmentos de oraciones puestos a un mismo nivel, sin jerarquía sintáctica. Esto es, a su vez, lo que lo vuelve un libro difícil; Apellido conlleva esfuerzo en la lectura, obliga a ir contra la corriente de la falta de atención y a favor del juego asociativo.


Para politizarse es necesario tomar posición, en caso contrario se trata de mero análisis. Cortiñas se pone al hombro, entonces, el desarrollo de una agenda política de izquierda. Uno podría decir que, virtualmente, eso ya existe. Pero un programa político no puede existir hasta que no haya un soporte comunicativo que lo deje solidificarse. Lo que hay es demanda, pero no actividad. Por eso, el deber es que en la yuxtaposición los fragmentos se vuelvan consignas, problemas que insistan más allá de la difusión desactivada de la información: “mejor preguntale a Darwin el zar de los mataderos temblando por un par de charcuteros cuántas veces encontraste trabajo hoy cuántas veces encontraste trabajo en la última hora las hijas de las campesinas que no pudiste esterilizar”. En este fragmento, por ejemplo, la conjunción de la meritocracia darwinista, la industria alimenticia, la precarización laboral y el feminismo organizado vibra con una potencia que no puede hacerse meme u olvidarse con la primera vibración del celular que se perciba. El texto tiene, en cada uno de sus poemas, una serie de consignas que se entrelazan y resuenan.


Puesto de esta manera, el texto de Cortiñas pareciera responder, casi treinta años después, a una intención similar a la de Punctum de Martín Gambarotta cuando se escribió. Insertar una lengua prohibida en una lengua banalizada. La diferencia central es que el enemigo del que habla Punctum tomó en este tiempo otra forma, y el problema que eso representa para la poesía pasa a ser otro. Como dijimos, hoy el problema central está en la forma y no en la represión. Si bien el aprendizaje del objetivismo permitió a Gambarotta cumplir su cometido, hoy ya no se puede usar la misma caja de herramientas. La despedida al trabajo sobre la sintaxis a la que obliga la forma de los poemas en Apellido apoya esta orientación que lo aleja de la poesía de los noventa. Y es acá donde hay que señalar una segunda faceta de Cortiñas que afecta directamente a la escritura: el rol de editor. Gabriel Cortiñas forma parte del comité editorial de la revista de poesía Rapallo, donde selecciona, discute y publica poetas contemporáneos de distintas partes del mundo. Sin profundizar demasiado, se puede decir que abre una búsqueda con la perspectiva de una poesía política y americana. En esto comparte generación, en un sentido más fuerte que el cronológico, con Tomás Bartoletti y Emilio Jurado Naón. Crecidos con el neoliberalismo, formados con el imaginario de la Patria Grande.


Esta actividad de lectura y selección abre todo otro arco de tradiciones, casi inexistentes en Argentina, desde las que se puede escribir. Es quizás el elemento más innovador y proyectivo del texto: re-sitúa absolutamente el eje de las lecturas. Este arco, que por dar algunos nombres podría incluir a David Antin o Pablo de Rokha, invita inmediatamente a una experimentación nueva respecto de la tradición formalista argentina. De hecho, aleja inclusive a Cortiñas de gran parte de sus libros anteriores.


Podemos decir entonces que Apellido abre una puerta nueva para la poesía política actual, a la vez que nos pone ante una pregunta incómoda: en qué medida es posible prescindir de todo sentido del verso, ese dispositivo que, sumado al control de la sintaxis, permitió durante tanto tiempo plasmar ideas concretas y todavía resulta difícil de abandonar.



Sobre Apellido de Gabriel Cortiñas publicado por Palabras amarillas, 2023


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