• Mario Scorzelli

Mientras tanto... Ivanka


Sobre Ivanka, de Jazmín López en Ruth Benzacar

“Nuestras familias sufrieron el comunismo, sabemos lo que significa. A nosotros no nos pueden decir mentiras, ¿verdad?”

Ivanka Trump


“Si esto no es comunismo, ¿qué es?"

Maximiliano Guerra


¿Quién está hablando de comunismo?


Ivanka Trump y Maximiliano Guerra parecen estar seguros de conocer qué es el comunismo. Sin embargo, si uno lee esas citas, inmediatamente después de sus afirmaciones aparecen unas pequeñas preguntas retóricas que dejan cierto margen de duda ¿el comunismo será lo que creemos que es el comunismo? ¿Quién está hablando de comunismo? ¿para qué?


Transcurridas las primeras décadas del siglo XXI, sin grandes novedades más allá del virus respiratorio y el constante crecimiento de la economía China, las historias que nos hablan del fantasma del comunismo continúan recorriendo la esfera pública. Desde líderes mundiales como Donald Trump (o Mauricio Macri) hasta artistas contemporáneos como Jazmín López, todos parecen seguir interesados en el comunismo. Claro que las estrategias retóricas son bastante diferentes, mientras el político intenta usarlo para difundir un terror que parece algo desmedido, la artista… ehhh bueno, es algo más difícil de explicar, pero podríamos decir que también es muy fantasiosa.


Lejos de los marxistas ortodoxos, o quizás siendo más ortodoxa que cualquiera de ellos, Jazmín López no se limita exclusivamente a leer y repetir las mismas viejas palabras del Capital como si fuera la Biblia. A partir de la técnica del bricolaje, arranca las páginas que más le gustan y salta de frase en frase como si se tratara de una poesía. De esa manera hereje, realiza una exhibición en la que el Capital se actualiza hasta el punto de montarse con unas pelucas, como si los peinados tuvieran no tengo dudas que lo tienencierto poder para inocular nuevas ideas en el interior oscuro de los cerebros.


Ivanka puede parecer la transposición de algún cuaderno de apuntes de Boris Groys que representa con instalaciones sus ideas sobre topología, inmortalidad, cosmismo y proyectos inconclusos. Pero, a pesar de eso, logra ser una muestra atractiva. Quizás los moños, las caritas, el maquillaje y los peinados ayuden a que las ideas se vean más lindas.


La muestra llega en un momento en el que está en juego el modelo de negocios de las galerías y el rol de Ruth Benzacar en el entramado institucional de la ciudad. La galería parece seguir trabajando a partir de un modelo capitalista orientado a la venta de productos para una burguesía porteña que aún no termina de consolidar su gusto por el arte contemporáneo que todavía no estamos seguros de que siga existiendo, mientras los sectores vectorialistas se están reorganizando a partir de un enfoque centrado en los servicios que no parece muy compatible.


Debido a la concentración del mercado y los cambios culturales que llegaron junto con los protocolos, la galería tiene una buena oportunidad para hacer negocios. Su infraestructura le permite brindar una atención personalizada y de calidad a los coleccionistas, que ahora están obligados a pasar largos días encerrados en sus casas y encuentran con facilidad la necesidad de salir a pasear un rato para buscar alguna obra nueva que adorne sus ambientes. Mientras tanto, los tecnócratas continúan algo perdidos, pensando de qué manera actualizar sus aplicaciones para brindar servicios a gran escala.


La muestra quizás nos ayude a pensar con imaginación sobre ese debate eterno del capitalismo y el comunismo, porque las teorías políticas, en el fondo, también son ficciones... pero, en estos momentos, un grupo de manifestantes está tomando el capitolio de los Estados Unidos y las imágenes que veo circular por las redes se confunden un poco con mis recuerdos de la muestra. Ensamblajes ideológicos extraños, gente con peinados llamativos, merchandising, mesas dadas vueltas y armas… se hace un poco difícil continuar con esta vaga reseña.




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