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  • Martín Legón

Copos de azúcar



Desde que presentó Teoría del demonio solo seguido de Ensalada rusa en la SIDE, publicación realizada junto a Isla Flotante de 2022, guardo unas notas sobre Santiago Rey con la intención de escribir algo pero como nunca encuentro el momento, ni la capacidad para darle una forma ensayística, lo dejo. A su vez mañana sábado 5 de agosto del 2023 cierra Curso de verano con el pepino en la mano, su capital muestra en Komuna Galería, y si no lo hago ahora difícilmente vuelva a retomar. Hay que pintar “La procrastinación guiando al pueblo”. Salen espaciadas bajo el rebusque de la enumeración, sepan disculpar y ojalá puedan congregarlas.



1.

“El poder lingüístico no es más que un emergente del poder económico-político”

Eso se lo escuché decir Daniel Link una vez, y me quedó.



2.

Sabemos, a partir de la enorme investigación biográfica realizada por Ricardo Strafacce, que para cuando escribió El Fiord Osvaldo Lamborghini traía consigo una considerable experiencia política, comprometida en la representación sindical, y que para entonces ya estaba desencantado tanto con la experiencia como con su lenguaje. El Fiord es un texto escrito entonces por alguien que vivenció desde adentro la tensión del discurso político de finales de los sesenta, pero que está en retirada porque, concluye, no engendra más que frustraciones. La absoluta aniquilación de las viejas certezas militantes, un pasaje sin retorno, pero no al otro lado sino a un "no hay lado".



3.

Quiero volver a la presentación de la publicación de Rey en IF (con dibujos, un texto y un epílogo), o mejor dicho quisiera volver a esa tarde, porque tres o cuatro días después fue el intento de magnicidio contra la vicepresidenta y la sensación que muchos tuvimos ante esos dibujos fue la de ver, porque lo mostraban, el extremo de un lenguaje. Un borde que también invoca Lamborghini en El Fiord.



4.

Insisto, para reponer el contexto. Tres o cuatro días después le iban a gatillar dos veces en la cabeza un arma cargada con cinco balas, todas con su nombre, a Cristina Fernández de Kirchner. Para quienes no sepan, la figura que tallan esos dibujos de Rey, o sea el personaje que construyen, es la de un sacado mental en su obsesión, dedicada especialmente a acabar frente a todo lo que incluya asesinar a CFK o desearle el mal a las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y por ende a la sociedad que exija memoria en su conjunto. Vemos la mente de un radicalizado, fanático de la ultraderecha argentina, con capacidades expresivas diferentes. “Son los garabatos que podría hacer alguien así mientras habla por teléfono” creo que señaló Violeta Kesselman en la presentación.



5.

A las pocas semanas, con el fallecimiento de Hebe de Bonaffini, se me vino de nuevo la publicación. En particular un dibujo extremadamente turbio donde se tiran cuerpos desde un avión con la cara de una Madre de Plaza de Mayo, caracterizada con pañuelo y lentes negros. En los dibujos, la condensación de los medios de comunicación (su peso oscuro) se resuelve con la figura sádica de Gaturro. No como si la sodomización diaria a la que nos somete Nik vía Gaturro fuese la razón por la que se vandaliza su estatua, sino en demostración de su impunidad, en tanto pasaje obsceno sin mayor consecuencia (en otro de los dibujos el gato penetra compulsivamente un ataúd con las siglas CFK). Es un lenguaje que se reproduce más y peor. Ahí está, para ejemplo, Gaturro desplegado en toda su extensión en la estación Carranza.



6.

En la tapa de la publicación aparece un fotograma. Alguien lo tomó de la televisión. Se ve la cara de Jorge Porcel travestido. Es una película de los años 70. En la presentación Rey comenta que pensó la imagen a partir de un texto de aquella época escrito por el crítico desaparecido Enrique Raab. No hace falta señalar que Raab, judío y homosexual confeso, no forma parte del canon de los escritores desaparecidos. Yo de hecho lo descubrí aquella tarde noche. Al artículo de referencia lo busqué. No recuerdo ahora bien lo que proponía, pero de algún modo Porcel encarnaba la forma del cuerpo social. De seguro está en la web.



7.

Recuerdo que Kesselman al terminar la presentación salió corriendo porque estaban comenzando las primeras manifestaciones de apoyo y repudio debajo del departamento de CFK en Recoleta. Los primeros congregados tras que la fiscalía solicitara 12 años de cárcel por presunta corrupción. Era un momento incipiente, que día a día se volvería más grande y relevante. Alguien comentó en su momento que el canto decía "si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar” pero que le gatillaron en la cabeza y no se prendió fuego ni un contenedor de basura.


Pasa lo mismo con la pandemia. De a ratos es imposible recordar y caer en la cuenta de que eso sucedió realmente. Hoy, después del intento de asesinato, los dibujos de Rey en esa publicación cobran representación, son más claros que antes; y mucho más que la tarde en la que presentaron el libro. Aquel era un contexto en el que nadie imaginaba la posibilidad de que palabras pasasen a la acción. De haber sucedido la tragedia (que de milagro se evitó) estaríamos diciendo que fueron dibujos premonitorios, demostrativos, como lo fueron las páginas de El Fiord adelantándose por meses al asesinato de Vandor.



8.

Quizás una de las preguntas de esta época sea porqué, si nos importa todo tan poco, el mundo se presenta cada vez más sobrepolitizado, y cuáles serían los motivos y las posibles consecuencias de semejante abulia. Cada vez que pienso en el intento de asesinato, recuerdo invariablemente la presentación de este librito. Se ve que en algún lugar de esa tarde confluyeron las dos cosas.



9.

Pienso también en el departamento de Cristina en Recoleta; y en la vecina de Cristina en Recoleta. En los copitos rosas y en la banda de los copitos. En lo absurdo y concreto de la mayoría de los planos de esta historia. Una de las notas que guardé dice: “Olvidado es que en 1880 el Presidente de la República, Nicolás Avellaneda, refugiado en la municipalidad de Belgrano, convocó al General Julio Argentino Roca para reprimir las fuerzas de Carlos Tejedor, y así federalizar a la ciudad de Buenos Aires. Conocida como la batalla de Puente Alsina, la operación se saldó con 3000 muertos".


Tres mil son muchas almas para defender una idea. Las obras de Rey parecen situarse en la ciudad de Buenos Aires.



10.

Cuando vuelvo a esos días y pienso en la vecina de CFK (alguien que mediáticamente se había construido un personaje corte Fan de Wanda) y en que, como se supo luego, uno de los procesados por el intento de asesinato había servido de plomero en su casa. Pensé en los Servicios de inteligencia, esa caja negra del Estado. Y de nuevo, automáticamente, se me vino el libro de Rey, pero ahora el texto, un diálogo que el propio autor escribe. Es un paso satírico, crudo, inevitablemente lamborghniano, entre dos agentes de la SIDE que hablan de un muerto. Casi una obra de títeres mental entre posibles autores de aquellos dibujos. Si en El Fiord el lenguaje que preña con el ejercicio de la violencia es el político-sindical, acá en el libro de Rey sucede bajo el lenguaje de los Servicios.



11.

Le perdí el rastro a la causa. No sé en qué quedaron los procesos de los autores materiales e intelectuales del intento de asesinato. Al margen, hay algo en el arte que parece volverlo impermeable a la responsabilidad. Con un poco de manija y la estimulación correcta la guillotina de madera junto a la que posa uno del clan magnicida podría haber estado en ArteBA. Estos dibujos de Santiago Rey podrían haber llegado a ArteBA también. Un punto a pensar.



12.

Cabe señalar acá la intensa relación que el taller de Diana Aisemberg mantiene con artistas comprometidos (más no sea temáticamente) con la interpelación que puede ofrecer la política.


Una parte de la obra de Rey se sostiene porque lo conocemos, sabemos quién es y como piensa; no dudamos de su pasado ideológico, e incluso si no lo conociéramos lo supondríamos por lo que de otros nos llega de él. La pregunta es, entonces, qué pasaría si no existiese un soporte, una memoria que reconstruya para nosotros quién es Santiago Rey. Y qué se vería en la obra de quedar a la deriva de ser malinterpretada sin el soporte que repone su postura ideológica, su compromiso con los otros en cada declaración.


Yo mismo me pregunté cuando los vi por primera vez en Leche Muerta, su muestra en la galería Moria, si esos dibujos eran una señal de hartazgo; la eclosión de un lenguaje por saturación, tal como le había pasado a Lamborghini.



13.

Digamos, si existe la literatura del Yo, Santiago Rey estuvo escribiendo en tiempo y forma la literatura del Otro. Lo paradójico sea, quizás, que la literatura del Yo termina por imponerse porque la necesitamos, en este caso, para sostener la fuerza del discurso. Y en tanto es necesario saber como es el Yo del autor, se impone en definitiva la literatura que haga falta para ser uno mismo, o sea la meta literatura (algo que Borges daba por sentado, y de lo que parecería no hay forma de escapar).



14.

Cuando nos preguntábamos de qué manera iba a salir del laberinto, la muestra en Komuna trajo la respuesta. La salida del laberinto es la inmersión en la jungla. A diferencia del dibujo (expresión mental por antonomasia) la pintura es autárquica; se sostiene a sí misma. Lo que sostiene con el discurso lo traza desde las referencias, su única genealogía posible. Acá las referencias más puras parecen caer sobre Pablo Suarez, desde la carta a Brest hasta la libido por la esculturizar lo plano, todo sin desatender la sensible referencia pictórica. La temperatura de un tipo de obra que Suarez desarrolló en y para la Argentina, con momentos siempre interesante cuando sucede en los pliegues de transición de épocas pesadas: de los 60 a los 70; de los 80 a los 90; de los 90 a los 2000.



15.

Digamos, con el tenor de Suarez no sólo se trae un modo de pintar sino una época, en este caso un pliegue entre mediados de los 80 y su eco en 2020. Los Granbys, que como los radicales también volvieron. Y ese encuentro sutura con lo que Rey propone en los títulos para sus obras. Entre los hechos y la forma en la que se los convoca, nombra, recuerda, hay un defasaje en la narrativa. Los títulos, que por lo general son la última frontera de significado, en este caso se vuelven primordiales. Es la escenificación de un “relato”, un cuento que comienza en ese texto y desde ahí se expande a otro lado.


Sobre los Servicios de Inteligencia y los medios, acá aparecen Sábat y Verbitsky colaborando juntos en un plan en una esquina. De a ratos ese salto en el tiempo, ese juego con la violencia del pasado en clave jocosa, nos deja ver que salvo por nuestra propia experiencia, nunca del todo comunicable, componemos la sociedad como soportes vacíos de todas las doctrinas que nos hablan. Si la política subordina al hombre al colectivo humano, el texto es el relato y la pintura evasión. Y ese es su mérito. Sus obras soportarían un título como, supongamos “Galimberti tomando merca del culo de Carola del Bianco” para referirse a los años 70 implícitos en la década del 90, hoy.



16.

Perdón se me hizo re largo.


En fin, volviendo a violencia política y representación, eso de Link del “poder lingüístico no es más que un emergente del poder económico-político”, es poco recordado el incendio del Teatro Argentino en 1973.


Un teatro centenario, a pocas cuadras del Congreso de la Nación, completamente destruido a manos de fanáticos religiosos del Movimiento Nacional Argentino. Para que se entiendan esos años: unos ultracatólicos arrojaron una veintena de bombas molotov en su interior por el inminente estreno de Jesucristo Superstar, ópera rock británica que consideraban sacrílega. La magnitud del incendio fue tal que no quedó nada. Se demolió la estructura y hoy hay un garage.


Quizás la única certeza sea que el estado de confusión es una constante. Sobre esta distancia cada tanto me acuerdo que a mediados del 2002 sonaba fuerte La lechera, una canción de Pibes Chorros que llegó a hit, y que hasta el día de hoy me cuesta asimilar por lo drástico de su lenguaje. Como si algo que latía se hubiera revelado de golpe con esa letra que, como muchos sabrán, dice:



“Déjate de joder y no te hagas la loca Anda a enjuagarte bien la boca Me diste un beso y casi me matas De la baranda a leche que largas


No te hagas la nena de mamá Porque ese olor a leche que sale de tu boca la vaca no lo da Me enteré lo astuta que sos Que te gusta la pija y que sos más fácil que la tabla del dos”



Tampoco entendí una vez que fui a retirar un libro comprado por mercadolibre a una librería de usado; tenían un ejemplar de Mi Lucha con la cara de Hitler expuesta en primer plano como si nada. Pero el resto de la librería no coincidía. Eso es la confusión: no saber si los actos de la política replicada por otros son absoluta provocación o sincera ingenuidad.


Recién abrí la web de un diario y la primera noticia decía “Cerruti negó que Alberto sea borracho y le dijo a Silvia Mercado que sólo toma pomelo”. Guardo para mí que la obra de Rey somete sobre esta idea: la certeza de que el estado de turbación es una cualidad local constitutiva. Vital incluso.



Curso de verano con el pepino en la mano de Santiago O. Rey puede visitarse hasta el sábado 5 de agosto en galería Komuna (Galicia 169).

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