Vapor de boca

March 12, 2018

 

Este domingo en el sótano de Casa Traxión se reestreno ALWE -que significa alma del muerto
en mapudungun-, una obra escrita y dirigida por el dramaturgo Alberto Antonio Romero.

 

Salgo de la sala y pienso porque la obra me cautiva. Mi primera reacción es Harmony Korine; después pienso en Mr Lonely de Korine y en My Own Private Idaho de Van Sant. Es una reacción intuitiva, un sabor similar.

 

Creo que la obra de Romero se conecta con estas películas -entre otras cosas- por el retrato adolecente de personajes marginados económica y socialmente, personajes que padecen la falta de futuro y que saben que a ellos la fiesta les toca verla desde afuera… jóvenes que no se retratan en las publicidades de Movistar. Marginados: la impotencia de lo que podría haber sido una vida hermosa pero les es negada. Una sensación de caos y aislamiento; el sentimiento de una belleza trágica y una desolación de luz de tubo: fría, oscura y afilada.

 

En ALWE un grupo de adolescentes del sur de la Patagonia (Yael Estevez, Rafael Federman, Fiamma Carranza Macchi, Flor Sanchez Elía y Gianluca Zonzini) decide ir a pasar la noche al bosque y acampar cerca de un lago. Se reúnen a hacer el duelo de un amigo que murió recientemente suicidado.

 

Y el bosque está frío como la desolación que atraviesan los personajes.

 

En noche fría el vapor sale de boca. Y es azulado cuando filtra el haz la luz que crece de las linternas. Hay risas; también. Chascarrillos y juegos de chicos…el contexto a veces los vuelve muecas.

 

Pero no solamente la pérdida los reúne; ellos mismos están al desamparo. No puedo evitar preguntarme donde están las familias. Hay alguien que les converse, que los cuide o los oriente? Quien se hace cargo? Yo me pregunto todo eso pero acá nada; acá nadie…están solos en el sentido ontológico del término. ALWE que significa alma de muerto también resuena en el cuerpo de los mapuches que mueren ahogados a la costa del río.

 

Estos casi niños/casi adultos son el grupo de peatones desorientados a la vera de la autopista. Esa es la sensación…de distancia inaccesible, de incapacidad para interactuar con el medio, de doloroso sentimiento de rechazo y de dolorosa inadecuación al contexto.

La exclusión los hermana; que es lo mismo que su propia soledad.

 

Quizás a diferencia de Mr Lonely acá los personajes son más adultos. En Mr Lonely los personajes se reúnen para intentar recrear el paraíso que sienten les fue arrebatado. Pero son ingenuos, porque no contemplan que la violencia también engendró en sus propios corazones. Y es por eso que su proyecto de comunidad finalmente naufraga. Como portadores de Troya, engendran las aristas por donde se hunden sus paisajes de utopía.

 

En ALWE -en cambio- los personajes saben desde el inicio de sus propias zonas inundadas.
Tienen conciencia que no van a poder realizarse a menos que confronten entre ellos. Esta
necesidad -la necesidad por rasparse contra algo más real- hace que la obra avance... y
mientras avanza se va develando la brea espesa que se filtra entre las grietas.

 

Como espectador uno queda fascinado: intuye el desborde, una desmesura que se acerca por debajo de la superficie. Y al mismo tiempo uno quisiera que se apacigüen; que alguien los apacigüe y que los calme, que los separe y los personifique. Pero uno también sabe que el desamparo que habitan no es gratuito; salir del bosque no va a ser posible sin las heridas del caso.

 

Martin Fernández -el artista visual a cargo de la escenografía- trabaja con precisión puntual la distribución de formas, texturas, objetos y colores. Cirujano con mano negra de latex. La belleza como de quirófano nocturno alumbrado por linternas. Quirófano que sigue siendo bosque y que sigue siendo sótano.

 

Sogas, palos, colchonetas de camping, carpas, aislantes térmicos, tachos de pintura...y plateados y naranjas y abundante negro.

 

La precisión de la escenografía es el contrapunto que da equilibrio a la volcánica noche de estos adolescentes en plena reunión por duelo.

 

El bosque es frío, pero frío de soledad.

 

Alwe se presenta los domingos a las 18.30 en Casa Traxión. La dirección se envía una vez
que se sacan las entradas por www.alternativateatral.com

 

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