• Andrés Piña

Benjamín Solari Parravicini


Benjamín Solari Parravicini cuenta que una noche nebulosa iba caminando por Diagonal Norte hasta que sufrió un desmayo. Cuando despertó, se encontraba dentro de una nave dirigida por seres no humanos, que lo hicieron viajar alrededor del mundo hasta devolverlo a las pocas horas. Describe que apareció descompensado frente al edificio histórico del Ministerio de Obras Públicas, en plena 9 de julio. La vida de Parravicini incluía experiencias con hadas, duendes, ovnis, ángeles y vírgenes. El modo en el que atravesaba la realidad era siendo artista. Se dedicaba a hacer pinturas, que en su mayoría retrataban payasos tristes, trabajados en múltiples estilos. También se dice que hacía esculturas, pero de ellas internet no repara registro visual.


Sus dibujos más icónicos, llamados psicogramas, se tratan de imágenes en tinta sobre papel que empezó a realizar en 1930. Muestran escenas armadas con trazos rápidos, figuras esquemáticas de rostros expresivos, y casi siempre contienen un escrito a modo de epígrafe que describe lo representado. La particularidad de estos dibujos radica en que Parravicini afirmaba hacerlos en un estado de trance, donde la motriz de su mano era comandada por un ángel, con el que tenía contacto frecuente. Al principio desconocía sus significados, hasta que experimentó cómo predecían hechos históricos. A medida que las profecías se iban cumpliendo, también acumulaba adeptos y seguidores. La bomba atómica, La Guerra Fría, la Revolución Cubana, la invención de la TV, el desarrollo de la carrera espacial, el ataque a las Torres Gemelas y hasta la aparición de nuevos géneros; todos sucesos asociados a dibujos puntuales, que con bastante literalidad, eran descriptos por los grafismos de Parravicini.


En la actualidad estos dibujos circulan en grupos de facebook y videos de youtube; pero no por su valor estético -que vale decir merecen- sino por sus misterios predictivos. Los encargados de difundirlos se hacen llamar “despositarios”, ya que se tratan de personas a las que Parravicini les designó particularmente las piezas, y cuando éstos murieron, traspasaron la tarea a sus propios discípulos. Si uno se adentra en los foros de internet, va a encontrar los dibujos junto a comentarios de seguidores que intentan descifrar, con bastante capricho y sesgo ideológico, los acontecimientos cumplidos y venideros. Algunos son conservadores que rechazan los cambios sociales; otros “iluminados” espirituales que esperan la salvación extraterrestre; también religiosos defensores del advenimiento constante del Apocalipsis bíblico; y sobre todo conspiranoicos del nuevo orden mundial.


Pareciera que el 2020 reavivó ciertos dogmas, frente al miedo o la incertidumbre, cada uno se atrincheró en sus propias ideas para acomodar la realidad y darle respuesta. En particular, la conspiración y la paranoia cobraron mucha visibilidad; se volvieron zombies protestantes, alimentados por videos de youtube y noticias falsas. Es probable que internet esté multiplicando un nuevo dogma, que se suma a la lista de los ya conocidos, y claramente es una reproducción sin pausa. En una entrevista a Ricardo Piglia, sobre la aplicación literaria de la “ficción paranoica”, se enuncia el siguiente comentario: “Me parece que los dioses han sido reemplazados por el complot, es decir, hay una organización invisible que manipula a la sociedad y produce efectos que el sujeto también trata de descifrar. El complot, entonces, ha sustituido a la noción trágica de destino”.


Si a los dibujos de Parravicini los vemos como meras profecías alineadas a nuestras interpretaciones precisas, quizás repitamos la actitud dogmática de los conservadores, los conspiranoicos, los “iluminados” espirituales y los religiosos empedernidos. Por otro lado, si los entendemos desde la ciencia exacta como resultados de la estadística y la simple coincidencia, es probable que nos estemos perdiendo del encantamiento alrededor del misterio y la capacidad de asombro; capaz por el vicio racional de tener a disposición cualquier explicación susceptible a googlearse. Por el contrario, si además de predicciones, los abordamos como dibujos/obras/objetos raros, permitimos que entren en el rango relativo de lo indefinido, lo inexplicable, lo enigmático y lo extraño. Posiblemente este camino sea más liberador y menos paternalista que los anteriores. Aunque no estoy seguro cuál era el modo en el que Benjamín vivía sus experiencias; recuerdo una entrevista en donde le preguntan si no le parecía demasiada fantasía su historia de la abducción extraterrestre, a lo que él mismo responde “Justamente fue lo que me pareció a mí…¿lo habré soñado?”


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