• Francisca Lysionek

El aparato y la carne



Acerca de Pensamiento Oracular de Fran Stella + Oraculito (Nereida, Flor Sanchez, Ami Sauri) en Galería Grasa.



Un garaje se ha convertido en cueva, mientras un grupo de amigas ha decidido convertirse en aparato transmisor. Carne de animales, atenta y receptiva de la sustancia que la embebe. Sea aire, tierra o más carne que las toca; las amigas se dejan capturar por impresiones leves, señales invisibles que tienden a desaparecer en el mismo segundo en que son manifestadas.

Las chicas se dedican durante algunas horas del día a perturbar el estado tenue de lo que se puede percibir, invocando la vibración de minúsculas cápsulas de información. Se hace una pregunta: quién la hace, quién la responde, y dónde podemos intentar ubicar el significado de lo dicho; son preguntas-brújula para poder avanzar en nuestro acercamiento inicial hacia el Oráculo.

Pensamiento Oracular es el nombre de la muestra que aconteció en Galería Grasa, que para la ocasión tomó la forma de una cueva, espacio sagrado de celebración ritual, entre el 9 de abril y el 8 de mayo del 2021. En este nuevo ambiente, acondicionado con espejos y caminos de luz, Fran organizó su obra, que hasta ahora solo conocía el calor de su hogar. Despojadas de marco, entendidas como la narración eterna de vibraciones efímeras, las piezas exhiben un tipo de desarrollo pictórico del Oráculo, cuentan la historia de breves impulsos, incapturables.

Papel imantado cubriendo paredes y techo, un pispeo inicial permite diferenciar en primer término dos zonas de color. Frente al ingreso, pasteles vibrantes se desparraman en motivos arcaicos, cada uno dominando su reino de papel particular. Mientras que a la derecha, se abandona el cromatismo y el gris hace cucha entre grafismos inventados, símbolos milenarios y experimentos de calor que conciernen al soporte.

Las piezas son documentos como huellas que aseguran la presencia del Oráculo. Una alfombra de patrón geométrico, junto a grandes almohadones tipo caramelo, le otorgan cierta calidez a la escena, contrastando con las manchas de luz fría que se estampan a lo largo y a lo ancho de la cueva, emitidas desde puntos clave en los que se han implantado altares, hechos con pequeños trozos de espejo que reciben el chorro de luz y la revientan.

En el sopi, piedras coloreadas con espirales y símbolos imposibles se acomodan en filita india, junto a una rama con estampado animal print que remata en pluma de pajarraco porteño. Estos elementos se encuentran a disposición de la espectadora, y así se te brinda la posibilidad de tener una experiencia directa con el Oráculo.



Te acomodás en la alfombra, y sos asistida por Fran para colocar piedras y plumita en diferentes partes del cuerpo. Te quedás sola e inicia el momento de conexión. La pluma en el ombligo no deja de vibrar como loca con cada respiración que das. El peso de la roca en el pecho permite que por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, escuches el latido de tu corazón, y sientas el pulso caliente de la sangre en las manos, que extendés para sostener el peso de la piedra fría. Le hacés un mimo, memorizás su textura, pero cada vez que la volvés a tocar cambia. Mirás encantada cómo baila la plumita justo encima de tu pupo, y entendés que se mueve porque vos también te estás moviendo. Le transmitís tu vibración, así como tus latidos hacen que ahora la piedra tenga vida.

Ves de nuevo los papeles colgados en la habitación y notás un patrón donde antes no estaba. A tu derecha, un árbol de mil colores traspasa tu cuerpo hasta llegar a la leve risa de un antepasado con manos como pasas de uva que se dibuja en tu mente. Quizás cerrás los ojos, pero las ramas iridiscentes del árbol atraviesan tus párpados y se imprimen en el vacío de puntos grises que revolotean frente a vos.

Te animás a hacer una pregunta, después de todo, estás haciéndote aparato y querés saber qué hay para decir. Al igual que antes lo hacían las amigas, vos te encontrás buscando en el núcleo febril de necesidades y anhelos que vibran dentro tuyo, una guía para comunicarte con tu entorno. Piedras, pluma, papeles y objetos chamánicos que hablan a los gritos. Pero el secreto del Oráculo no se halla en el contenido de la pregunta, sino en la forma en la que esta interactúa con la información particular y universal que capta.



El juego que llevaron adelante las amigas, y en el que ahora vos te ves involucrada, está destinado, en parte, a trastornar el modelo de Shannon y Weaver. La respuesta a la pregunta se genera en la fuente de ruido, en aquellos campos de información constante que usualmente intentamos vaciar de contenido por su inevitable presencia distorsiva, o su permanente y perturbador estar ahí. Toda barrera, interna o externa, es para el Oráculo una coordenada sobre la cual hacer su detenimiento. Ahí busca hacer respuesta, en aquello que está dispuesto a cambiar.

La pregunta, para convertirse en respuesta, no intenta permanecer intacta, sino chocar prontamente contra el ruido, para deshacerse y reorganizarse en el azar de lo que está a su alcance. La probabilidad de error para el Oráculo, es la garantía de un nuevo sentido.

No solo se atiende al constante flujo de señales que rodea a las amigas; también ellas irrumpen en el espacio, quebrando el aire con el movimiento sensible de la carne, desarmando el silencio con su voz, avanzando en el enigma al otorgarle carácter material. La pregunta se emite con una forma para enseguida desprenderse de aquella, abandonándola. Comienza a pasearse por otras formas posibles de ser encarnada. Es el sabor de la pregunta fresca lo que se pasan las amigas de mano en mano, de pie en pie, de molécula en molécula va saltando hasta embadurnar el ambiente con su presencia.



Tirada en el piso del garage caverna, llega a vos una sutil imagen de la criatura vibrante que pinta frenética, poseída por el Oráculo. Ves como el aparato se integra a la vida de Fran, hasta el punto de volverse canal principal de conexión con su carne animal.

Ahora se escucha a sí misma a través del aparato. Por la noche, camina a tientas por la casa, se acurruca buscando el calor de una alfombra, se enrolla sobre su propio eje como un gato, entrecierra sus ojos y permite que el impulso eléctrico de lo tenue perturbado maneje su mano sobre el papel. Recibe las señales de su entorno, el ruido que está en todas partes, arremete con su instrumento y se dispone a trazar los grafismos de una nueva lengua, singular e irrecuperable. Un idioma inventado que descomprime el peso de la palabra, el código no busca ser descifrado pero comunica sin cesar un estado mitológico del lenguaje. Ese mito tiene que ver con el reconocimiento de lo humano en la palabra; pero el Oráculo es un aparato de carne y polvo profanado, que extiende el horizonte de lo humano al territorio que rodea al cuerpo.



La voluta estilizada que decora una reja se convierte en el infinito, y el idioma inventado se vuelve tan insoportable de contemplar que debe ser prendido fuego. A tu izquierda, se agrupan las traducciones, dibujos que Fran ha recolectado a lo largo de un año experimentando con la escucha atenta a su propio cuerpo. El ruido de tu panza se mezcla con el ruido de otra panza extraña, texturas llegan y revientan en la punta de tus dedos, sentís tus órganos vacíos flotando en gelatina. Tomás con cuidado algunos pasteles de una cajita de madera (¿pertenecía a la abuela de Fran? ¿a tu propia abuela? no estás segura) y sobre un papel manchado de respuestas, vos también le das nueva forma a tu pregunta.


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