• Mario Scorzelli

Inspiración helénica



La entrada de Galería Grasa está accidentalmente adornada con unos volantes del Frente de Izquierda que se encuentran desparramados sobre la vereda. Al parecer lxs candidatxs del FIT decidieron salir a buscar votantes en las inmediaciones del cementerio. De esa manera, la casualidad formó un caprichoso collage que rompe con la previsibilidad de los signos semióticos habituales del universo galerístico para ensamblar las renovadas propuestas de la política con el arte.


En los panfletos se lee un eslogan bastante osado: “(R)evolucionemos la izquierda para dar vuelta todo”. Esa frase parece funcionar bastante bien si observamos el garaje que ha sido refuncionalizado para convertirse en una galería de arte. Hasta resulta tentador pensar en una hipotética relación positiva que podría existir entre la reducción del uso de combustibles fósiles y la transformación de un espacio destinado al sueño de las máquinas en un lugar con finalidades más humanas. Pero si tomamos realmente en serio el compromiso que plantea ese eslogan político —dar vuelta todo— puede resultar algo más problemático. Pensemos, por ejemplo, en qué debería transformarse la izquierda.


En definitiva, el espíritu jacobino de la propuesta resulta oportuno para introducirnos en fantasíaficciónmitoilusión, la exposición de Carolina Martínez Pedemonte curada por Larisa Zmud, que parece haber nacido de una inspiración helénica similar a la que impulsó el neoclasicismo francés.


Atravesando la fachada del garaje, encontramos que el espacio se encuentra reacondicionado para funcionar como un dispositivo epifánico de arte, quizás el más pequeño de toda la ciudad, con unos escasos siete metros cuadrados. La pared principal de la sala está entelada con una pana roja para enmarcar de manera hiperbólica dos pinturas que retratan a lxs galeristas. Este gesto, que parece reproducir el gusto artístico de la burguesía revolucionaria, amplifica las contradicciones hasta llegar a evidenciar cierta proximidad de intereses con la aristocracia. En ese punto, las obras recuerdan a los retratos realizados por David cuando la realeza comenzaba a perder popularidad y personalidades destacadas como Antoine Lavoisier y Marie-Anne Pierrette Paulze tomaban el lugar protagónico de las pinturas.


Frente a la comodidad y elegancia con que esas obras habitan las paredes, el resto de las pinturas se aprietan en los pocos metros cuadrados restantes y exhiben una conflictividad espacial que es característica de las sociedades con gran desigualdad en la distribución de la riqueza. Orfeo, Eurídice, Pegaso y todo un panteón de seres mitológicos conviven juntos hacinados.


Detrás de ese pequeño cubo blanco, capaz de despertar sospechas similares a las que tuvieron los críticos de arte en el siglo XIX con la ostentosidad palaciega del Louvre, hay una serie de piezas que parecen haber sido extirpadas de las pinturas para enfatizar su valor de cambio. Entre los objetos se destaca una pollera pantalón retirada del uso, una lanza con la que difícilmente se pueda matar a una persona y una reveladora toma de palestra, de las que se utilizan para escalar, que bien podría estar funcionando como una metáfora de la imposibilidad de realizar cualquier movimiento ascendente.


El género de las pinturas es el histórico —más precisamente el subgénero de la pintura mitológica, incluso se podrían inscribir en alguna variante de la pintura fantástica nacional—, pero paradójicamente su dimensión temática nos exhibe la historia como algo concluido. Las imágenes parecen enunciar, más allá de toda representación, que nada cambia. Esto resalta el carácter indicial de esos coloridos objetos que tienen la particularidad de poder fijar el tiempo como si se hubiera detenido cuando los jacobinos le quitaron, con justicia, el poder ilegítimo a los reyes para legitimar a la burguesía.


Quizás lo más hermoso de esas pinturas, que incluyen a sus amigos en el lugar de seres mitológicos, es que nos recuerdan que el verdadero compromiso del arte no es tanto con la libertad y la igualdad, sino con la fraternidad.


Sobre "fantasíaficciónmitoilusión" de Carolina Martínez Pedemonte curada por Larisa Zmud en Galería Grasa.



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