• Juan Laxagueborde

Partes de una ópera cubista



Sr. Woman es un proyecto en expansión que escribe y dirige Wo Portillo del Rayo. Primero fue una pieza escénica y músical que se pudo ver en varias salas de Buenos Aires y que protagonizaban lx propix Wo, Carla Crespo, y Guillermina Etkin; entre lxs tres compusieron todas las músicas. Luego, algunas partes de los videos que se proyectaban durante la pieza terminaron siendo un cortometraje. Al poco tiempo, lxs tres protagonistas de la pieza comenzaron a tocar la música de esas piezas en formato recital. Finalmente, hace unos pocos días, salió el primer EP del grupo, que lleva por nombre también Sr Woman, a esta altura el cartel general de particularidades que se despliegan quién sabe hasta dónde. Son varias variantes escénicas con un mismo fondo, que no se sabe cuál es.


Lo paradójico es que estas canciones se escribieron a la par de las primeras ideas de guión para lo que fue el corto, que en poco tiempo será un largometraje y que tiene una tercera parte que ni Wo sabe en qué va a terminar. Se trata de un hilo mental para atar partes en todas las instancias que comenté más arriba, un guión que se compone también de sonidos y versos sueltos. A la banda la acompañan en colaboración compositiva Lola Granillo, y en la producción y algunos instrumentos Lucy Patané.


¿Pero cómo decir qué es todo esto que hacen? Hay algo integral en cualquiera de las facetas del proyecto que se estructura en la historia de tres personajes, que son justamente quienes ahora, en el EP y en los recitales, encabezan la acción: Sr. Woman (Portillo), una especie de artista sobrepasadx por las montañas rusas de su corazón y los terrores contemporáneos escondidos en las cosas de la vida; Tai Ling (Crespo), una anarquista sado, esto quiere decir una especie de emblema de la existencia libre sin miramientos al borde de todo; y Lady Ray Van Ring (Etkin), una azafata holandesa que tiene lo que se necesita para solventar esos terrores, con el oficio de una pitonisa capitalista.


Las canciones se autonomizan ahora en spotify y se pueden escuchar paseando por Montserrat al amanecer, en la oscuridad de un sótano húmedo del microcentro o sentadxs en el borde de la cama esperando que nos agarren los sueños.


La manera en que cantan va y viene del diálogo al lamento. Del fastidio pueden pasar a la simulación de certeza para ingresar de nuevo en una especie de arena virtual del discurso, donde todo se va disgregando hacia un punto ciego. En ese punto empieza de nuevo el ahínco. Hay una forma de las canciones teatral, operística. Me pregunto si lo que hacen no es proponer una forma de contar fábulas sin creer en la magia. Las cuentan mientras se deforman con la tecnología para mostrar la relación entre lo que no se entiende, lo que sí, el miedo, los objetos tecnológicos, el baile, la sensación, la angustia, el monotributo y la catarsis; esto último, lo único que puede terminar con la crisis general de las personas consigo mismas, tan propia del corazón engripado de las clases medias de ahora. La tortura es la constante y la variación es la catarsis.


En la primera canción, Lady Ray Van Ring y el Sr Woman hablan de “estatuas ya divinas”, para hablar a su vez de algo que se fija, algo tan abstracto y pasajero como la perfección que solo puede estar en esas presentaciones típicamente neuróticas e ideales que el siglo XXI impuso a nuestras mentes ocupadas en tranquilizar la existencia. En en el track siguiente, “Lluvia”, me llaman la atención unas variaciones del sonido y el canto, que se estiran y contraen, con un efecto del que no se el nombre, un colchón de teclados espeso que se complementa bien con el anhelo narrativo de la letra, que habla de vivir en una película entendida como otra dimensión, una película futura. Es ahí donde me doy cuenta que está bien llegar a la conclusión de algo que me enseña el proyecto Sr Woman en su conjunto: el futuro se trata de lo que pasa ahora. El futuro se imagina con los fantasmas del presente.


Sr Woman es un viaje o una cabeza que pesa. Y no hay forma de salir de la cabeza.


En algún momento llego a notar una relación que nunca había hecho: melancolía y ritmo. ¿Qué pasa cuando se entreveran? En “Idiot”, el tema que cierra el EP, la voz se refiere al “otro lado de la tormenta”. ¿Existe eso? no importa. Existe como algo que se imagina.


Hay una frase que muchxs repiten: “el arte es una sola cosa”. Nada es una sola cosa, lo que pasa es que cuando algo nos gusta nos da la sensación de que en ese momento es lo único que hay. Es una sensación extravagante, la conciencia se abre como una orquídea.


Andaba medio gris estos días por cuestiones que no vienen al caso y me di cuenta que Sr Woman es un proyecto terapéutico por lo que desorganiza, porque da con la angustia justa, esa que no desdeña la risa y el patetismo. ¿Qué quiere decir esto? No sé. Pero algo puedo decir: que se compone de todo y que se mantiene vivo, esto quiere decir en expansión. Una expansión para nada conquistadora ni evolutiva. Una expansión hacia los costados, del centro hacia afuera, una inundación de signos de los que salen retoños sin forma apretados para expandirse en el aire o en la angustia o en la risa de lxs espectadors. Esto no es propio de ninguna de las partes específicas del proyecto, sino de la totalidad que es distinta a la suma lógica de las partes.


Lo que me deja titilando la saga Sr Woman es la forma de una ópera facetada o cubista, con muchos géneros adentro. Wo dijo alguna vez que es “una obra que me va a llevar toda la vida”. Es como si quisiera empatar su vida a la obra, en una escalinata sin paz que lx mantiene en el ritmo necesario de la autoconciencia, que no es lo mismo que el autocontrol. Es todo un mundo, pero un mundo poco narrable como conjunto; o un conjunto de particularidades de espanto y risa, una forma de la deformidad.


Ursula Le Guin dice que la ciencia ficción no imagina un futuro, sino que imagina lo inmediato. En la capacidad de tirar de la cuerda e ir a fondo y a la vez decirnos cosas sobre lo más cercano de nuestras vidas ordinarias, está la fuerza de Sr Woman.


Siento que hay una especie de ciencia en todo esto. Una iconología de los estados de ánimo. Demuestra que se puede atravesar la niñez de la tristeza, la modorra del agobio, el viaje de la mente siempre en tránsito, la risa chata, el tono agudo del absurdo y volver a empezar. De cada ciclo cumplido sale la experiencia para hacer algo que trascienda lo hecho, pero que respete las cadenas, lo que se repite, lo que nos mantiene: el espacio imaginario del que no podemos salir. Lo dice mejor el saber social, que inventó el latiguillo “no hay salida”. Pero que no la haya no es bueno ni malo. Diría más, es sabio saber que los límites ya están puestos y giramos al descubierto de nosotrxs mismxs, sin poder no ser otra cosa que nosotrxs mismxs. Cuando lo pensamos bien nos queremos morir pero nos tenemos piedad y nos reímos. A mi criterio, todo esto dice la voz que no sé de donde viene, pero habla como el aire cada vez que pasa algo bajo el título Sr Woman: el escenario, la pantalla, la música, lo que sea. En todo habla esa voz. Sr Woman es finalmente una especie de deidad o demonio, según el ánimo del día que nos topemos con ella.


Fui espectador de los distintos sucesos bajo muchos estados de ánimo y cada vez fue distinto. De alguna manera todo esto demuestra que no importa tanto cómo nos sentimos, sino de qué manera el arte nos devuelve imágenes de lo que queremos ser y de lo que queremos evitar, transformar o purgar de nosotrxs mismxs.



Sr Woman presenta su EP este sábado 13 de noviembre a las 20 hs en Planta Inclán. El cortometraje será parte de la programación del Ciclo Cantera del 20 al 27/12 en el canal del CCK.


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