• Hernán Worthalter

Una educación defectuosa



Hasta no muchos años atrás el ideal aspiracional de las clases medias urbanas era garantizarse el acceso a la educación pública de calidad. Era el legado sarmientino pero también el de las luchas estudiantiles para garantizar la gratuidad en la universidad. Era la educación la que permitiría el ascenso social, la casa propia y la educación luego de sus hijos. Lucrecia Lionti forma parte, quizás, de la última generación de argentinos que pudo acceder a esos ideales de educación pública que competía de igual a igual con la educación privada y arancelada. Nacida en Tucumán a comienzos de la década del 80, Mumu pudo recibir esos últimos estertores de educación pública de calidad. Incluso en etapas gobernadas por “Palito” Ortega o Domingo Bussi la educación pública mantenía sus estándares de calidad. La década del 90 fue el último experimento de reformas estructurales significativas en el país. Mientras que algunas políticas públicas implementadas mejoraron la competitividad, aumentaron las exportaciones y redujeron la pobreza otras resultaron un fracaso. La reforma educativa que transfirió la educación a las provincias resultó una calamidad para estas clases medias urbanas criadas con el anhelo de la educación pública. El Ministerio de Educación de la Nación terminó siendo un ministerio sin escuelas. La provincialización de la educación es lo que hoy padecen muchas provincias del país como Chubut que hace 4 años no puede completar un ciclo lectivo de 180 días o Formosa o Chaco donde los alumnos pasan por decreto. 


Intarsia, jacquard y mi ami capital que se exhibe ahora en Barro reflexiona sobre las penurias de un país que ya no puede garantizar derechos mínimos como el derecho a la educación. La muestra es la historia de esta clase media urbana que tiende a reducirse y a desaparecer. Es la clase media de San Miguel de Tucumán, de los obreros de Scania que querían darle la mejor educación posible a sus hijos y la de Mumu que entendió siempre que tenía que formarse para insertarse en el sistema del arte porteñocéntrico que deja poco margen para los artistas que no son de Buenos Aires.

 

Sin ser explícito en la muestra se respira algo que Carla Barbero señala en el texto de sala: “La escuela pública como el lugar de intercambio democrático por excelencia, el caldero del lugar común”. La atmósfera escolar está siempre presente. La vemos en esa pintura gris tan típica de donación de asociación cooperadora y en objetos como un gran pizarrón plisado o en un guardapolvo de voile. 


Se percibe la técnica pero sin caer en tecnicismos. Una vez más la economía y las condiciones de reproducción y acumulación del capital se sienten cerca. El “know how” es, inclusive, el título de una de las obras. ¿Sabemos cómo salir de esto?. El telar industrial y la máquina de vapor produjeron el mayor crecimiento en la calidad de vida de la humanidad a partir del siglo XVIII. La esperanza de vida creció exponencialmente y fue el momento donde más se redujo la pobreza y la indigencia. Que una innovación de esta época esté en el título de la muestra y la industrialización de los tejidos sobrevuelen la sala no es una casualidad.


No todo es tan claro pero lo que a Lionti la interpela está ahí con algunas herramientas desperdigadas para unirlas invitándonos a que cada uno haga sus propias interpretaciones.


Sobre la exhibición INTARSIA, JACQUARD Y MI AMI CAPITAL de Lucrecia Lionti en Barro


RECENT POST