El aprendizaje del corazón

January 2, 2017

 

 

No sé si salir de casa, dormir o bailar, escribir o preparar el almuerzo. Estoy haciendo algo pero podría estar haciendo lo que realmente tengo que hacer. ¿Pero qué tengo que hacer? ¿Trabajar? Es decir, estar en otro lado...pero ahora, que estoy donde siempre quise (en la casa, lista para escribir) es cuando se activa la sensación opuesta (desconfiar del impulso, desmentir la imaginación).

 

Estar presente pero llegar tarde a el (ése) instante; intentar comenzar o saborear eternamente la previa de lo que llamamos acción. En Toma de corriente, el libro de poemas de Triana Leborans, la acción de escribir es tan ansiada como barrer, cocinar, salir de sí misma.

 

Intento escribir al estilo de Triana sólo para plasmar la cantidad de veces que leí sus textos (como parte del equipo editorial de Socios Fundadores es menester revisar cada coma, cada respiración); y cierro el libro y digo: "claro, todo esto le pasaba porque abrir la ventana y respirar aire fresco no era suficiente". Ése es el motor o como quieran llamar a eso que anima el libro (o cada libro que nos hace devorar sus páginas). Triana demora, pero sólo para decir-se:"Wow, mirá hasta dónde puedo retrasar el pago de… , hasta dónde puedo estar sin bajar a comprar"; como si fuera un mero ejercicio pero que dialoga exactamente con lo que es el acto de la escritura, lo que todos tememos y amamos, lo que nunca jamás (ese rayo que nos parte la cabeza cuando encontramos una frase) podríamos describir.

 

Me hace pensar en todas las veces que escribo y corrijo poemas en la mente para que sólo conozcan el word cuando pueda/logre sentarme. ¿Qué es ese ejercicio al que espontáneamente nos sometemos? ¿Por qué demoramos lo que más nos hace felices, entregarnos por completo a la actividad que nos libere al fin?

 

Triana lo enuncia sencillamente: “dudar sólo trae más dudas, y así es como elijo tejer mi red”. Parece que no tiene sentimientos, pero al contrario, no necesita enunciarlos: acaso no ven que están ahí, flotando al lado suyo como un fantasma que la acompaña mientras intenta dormir? En ese manto de objetividad que plantea hay una densa trama de significados ocultos: la cotidianidad se vuelve monstruo al acecho entonces ordenar es barrer lo que sucedió antes para preparar un futuro del que duda porque es incierto. Claro. Así siempre va a ser incierto. Ahí permanece la escritura de Triana, en equilibrio aparente pero con un intenso caudal que la recorre. No subraya sus emociones porque permite que fluyan delante de sí. Toma de corriente es un libro sobre el instante, pero sobre ése (tan potente) del que no logramos escapar ni integrar, sino sólo hacer la maqueta: ordenar los pensamientos para comprender que se está ahí, intentando escribir.

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