• Ignacio Barsaglini

Algunas notas del debate entre Grabois y Milei



En su última aparición pública el candidato a presidente liberal propuso un mundo de abstracciones y name-dropping del que sólo se infiere que su nivel de realidad es cercano al 0%. Por el contrario su partener en el debate Juan Grabois lleva como estandarte un nivel de realidad superlativo, tal vez un poco impostado. En este contexto se dio un debate entre 2 personas sumamente distintas del cual pude extraer algunas conclusiones.


Por empezar y nombrar una, en el mundo perfecto de Milei la corrupción no es una variable existente y todos los agentes de la economía son tan impolutos e incorruptibles, que brindan productos y servicios de mejor precio y calidad que la competencia y en base a esto se desarrollaría el capitalismo. Cualquier persona que no haya vivido dentro de un termo durante toda su vida se da cuenta que esto es mentira y que la realidad no es un mundo abstracto. Bien sabemos que las personas tienen intereses y que esos intereses se desarrollan bajo contextos de desigualdad. Por ejemplo, una vez terminada la segunda guerra mundial el mundo resolvió quienes serían los países que venderían productos industriales y quienes los países que venderían materias primas. Ese proceso fue arbitrario y dejó a algunos en posiciones más favorables que a otros. Algunos países tomaron la batuta y otros continuamos vendiendo materias primas como hace 200 años. La realidad es inexorable y en esa repartija se desarrolló el capitalismo que actualmente conocemos. Pretender como Milei señala, que la economía es un juego de suma cero es entrar en el terreno de la mera estupidez.

En este campo de batalla de lo absurdo y de la abstracción por la abstracción misma fue que Javier Gerardo Milei entró como un caballo. Grabois pícaro y generoso lo dejó hablar a diestra y siniestra tal vez tanteando como un rival de box estudia a su oponente. Fue bien entrado el debate que Milei cometió un furcio del que no se dio cuenta sino hasta que Fontevecchia se lo corrigió. Dixit Milei: "Si no fuera por Keynes estaríamos mucho peor".

Cuando le tocó a Grabois argumentar, señaló que Milei llevaba una ventaja sideral y es que era tener un dogma. Es verdad, pero en ese conjunto de teorías económicas eurocentristas no entran alternativas. Supongamos que en un tiempo breve, podríamos decir 2023, Milei es elegido presidente de la nación. ¿Cómo le haríamos entender que hay 5 millones de personas viviendo en la indigencia y la mitad de la población en la pobreza que tienen necesidades inmediatas? No se puede, no lo entiende, no lo entendería nunca. En este sentido Grabois lo dejó muy fácil en off side, veamos el siguiente diálogo:


Grabois: el planteo anarco capitalista tiene una parte linda que es la parte anárquica, es decir una asociación libre de productores es una maravilla como modelo social y sin monopolio de la fuerza porque es libre, el problema es cuando deja de ser libre bajo una fachada de libertad, una situación opresiva, hacerte trabajar 14 horas por día…


Milei: O sea, te pusieron una pistola en la cabeza...


Grabois: El consentimiento no solamente se rompe frente a una situación de vida o muerte, hay muchas cosas que llevan al ser humano a hacer cosas contra su libre voluntad.


Milei: Y, entonces, ¿por qué las hace? ¿por qué va en contra de sus preferencias? ¿quién soy yo para decidir que no es lo suficientemente capaz para saber que es lo que quiere?


Grabois: Es que no es un problema de capacidad, si vos tenes que elegir entre no comer y ser explotado 18 horas, yo eligiría ser explotado, pero esa no es mi voluntad.


Milei: ¿No? ¿Cómo que no? También podes elegir morirte de hambre.


Grabois: Yo no me quiero morir, yo no quiero ni la horca ni la guillotina, quiero la libertad


Milei: Pero bueno ¿sabes lo que pasa? es que a mi me gustaría que me paguen un millón de dólares por día, pero no por eso me siento explotado.


Grabois: Hay una diferencia sideral entre un millón de dólares y morirse de hambre, que son los derechos humanos.


En la lógica del mercado no hay lugar para los derechos humanos básicos. Grabois vuelve a señalar lo monstruoso del capitalismo:


Grabois: Para vos sería legítimo que alguien le compre un brazo a un tipo porque le gusta coleccionar brazos


Milei: Si alguien se lo quiere vender ¿Cuál es el problema?


Grabois: A ver te aseguro que mucha gente estaría dispuesta a vender su brazo a cambio de una vivienda para su familia. Ahora eso es una inmoralidad, una monstruosidad que no se puede aceptar, porque eso es la imposición de la perversión sádica del poderoso.


El capitalismo, el que propone Milei o cualquier otro es profundamente corrupto y he aquí el problema: la transformación de la Argentina actual semi-socialista a la vez que extractivista capitalista a un paraíso hiper-capitalista nos costaría otro trauma colectivo, otro dolor en el alma. No digo que no pueda suceder porque como dijo alguna vez Osvaldo Lamborghini: “Argentina es el país experimento”, y no puedo dejar de coincidir con él. Otro evento traumático colectivo se sumaría a la lista de eventos traumáticos colectivos (bombardeo en plaza de mayo, proscripción del peronismo, dictaduras, rodrigazo, terrorismo de estado, desaparición de personas, robo de bebes, Malvinas, hiperinflación, 2001, corralito, vuelta del FMI, entre muchos otros). Añadir uno más sería kamikaze. No quiero ser pesimista pero en este cóctel de traumas ya quedamos turulatos. Recuerdo que hace unos días en el programa de Ernesto Tenembaum le hicieron una nota a un carnicero por la inflación. En un momento Tenembaum le pregunta a quién votó y a quién votaría. El carnicero en su pasmosa sinceridad dijo a Cristina en 2011, a Macri en 2015, a Alberto en 2019 y ahora en 2023 votaría a Milei. La desideologización absoluta reina en el votante promedio. Me pregunto en voz alta si este argentino promedio esquizo-desideologizado no será acaso un ejemplar perfecto del post-capitalismo. (?)


Volvamos. Siguiendo alguno de los lemas que arenga Milei podríamos decir que todos los políticos son chorros. Tal vez la gente común y corriente como el carnicero pida solo esto: que dejen de robar. En el debate Milei y Grabois coinciden en la voluntad de proponer un mundo sin choreo. Milei porque en esa premisa se desarrollaría el capitalismo verdadero y Grabois por su idiosincrasia cristiana. Ambos fallan en esa utopía irrealizable. Tal vez la máxima de Luis Barrionuevo se aplique aquí en esta ocasión. Argentina no solo no puede parar de robar 2 años, no puede parar de robar 1 segundo. Si el comercio roba al cliente con sobreprecios, si el empleador roba al empleado en plusvalia y derechos laborales, si los bancos roban a todo el mundo, si las corporaciones roban recursos naturales, si el estado roba con sus millones de dependencias e inutilidad, si el estado es saqueado por otros estados y corporaciones para en última instancia tenerlo sometido, entonces no estamos cerca de la ingenuidad que se presenta en el debate sino ante la intrínseca naturaleza del sistema: el robo. El tema estaría en ver quien regula ese robo, ¿va a ser el estado o el privado?


Sostenido bajo el ala del descontento social producido como demanda sintética por los medios de comunicación Milei acumula popularidad. El problema es que esa demanda sintética no lo sería tanto. Los números de las encuestadoras serían objetivos: la gente está hinchada las bolas o los ovarios. Pero no nos apresuremos, en este pantano de confusión llamado democracia todavía estratagemas más raras pueden suceder. Como un tal Juan Román Riquelme, Juan Grabois aglutinador de la demanda social puede: acelerar o pisar la demanda social como el 10 de Boca paraba la pelota o tiraba un centro gol a Palermo. Si Milei puede citar a Rothbard con total impunidad sin decir absolutamente nada, Grabois puede levantar un teléfono y convocar a 50 mil personas para hacer un piquete en cualquier lugar de la ciudad en menos de 2 horas. El poder de uno puede ser el talón de aquiles del otro y viceversa. No obstante, estos nuevos exponentes de la política argentina coinciden en algo: su discurso no tiene máscaras. Es para celebrar que en nuestra incipiente y accidentada democracia se de este fenómeno. Si cada uno se presenta de la forma que verdaderamente es, no hay mentiras. Vos sos derechas, yo soy izquierdas, piñas, palos, verdad, sinceridad. Mientras que la vieja política se queda como lo que fue, rosquera, mentirosa, manipuladora, la nueva se presentaría como pura verdad.


Esto me lleva a pensar en ciclos de verdad- mentiras- verdad con un disparador en común, la hiperinflación. Tal vez sea un poco descabellado este planteo pero veamos.


1975 - 1976 hasta fin de la dictadura: ciclo de verdad ir de frente, avance de la ultraderecha, rodrigazo, 444% de inflación anual, terrorismo de estado, aniquilación del otro.

1983: Alfonsín, hiperinflación, solución mágica, menemismo, convertibilidad, estabilidad sintética, mentira, enmascaramiento, muchos presidentes, más mentiras, expansión de la pobreza e indigencia.


2022-2023: estamos en las puertas de otra hiper, se explicitan las intenciones de la derecha, destruir el estado, quitar derechos laborales, recortar jubilaciones, aplicar mano dura.


Si podemos observar, nuestro gran colisionador es la hiperinflación. Si aparece acelera los procesos políticos, deja al desnudo los fracasos económicos. Podríamos decir que la hiper es de derecha ya que todo lo que hubo fue derecha menos el kirchnerismo. Pero también se puede decir que desde hace 70 años tenemos una inflación del 70% anual sin contar las hiperinflaciones. El tema es bien complejo y hasta el momento nadie le pudo dar solución.


El camino que propone el libertario es el de la motosierra. Esto aterra y preocupa porque nos damos cuenta que se vienen años turbulentos. Pero también aterra y preocupa ese carnicero desideologizado que cambia de políticos como si cambiara figuritas en el recreo. ¿No tenemos nosotros acaso una parte de culpa por no comprometernos lo suficiente para que luego de un tiempo vuelva un monstruo con una motosierra a recortar derechos o será que la demanda sintética producida por los medios es tan grande e intensa que solo nos queda hacer como hace Alberto que no propulsa cambios en leyes solo porque no tiene los votos?


Muchos interrogantes me surgen. Por ejemplo: si la derecha explicita tanto sus intenciones, ¿es porque está muy segura de ganar?, y si está tan segura, ¿es porque el gobierno es muy débil?


Fontevecchia termina el debate haciendo una traza de las vidas de ambos. Milei de clase baja al liberalismo. Grabois de clase alta a la demanda social. Hace un paralelismo inverso inconducente, ya que es más difícil ir de arriba hacia los de abajo que al revés, sino miremos Carlos Tévez de jugador del pueblo a garca macrista.


Grabois termina preguntándose qué es lo que pasa que la tendencia va para el lado de Milei. Yo también me pregunto. La respuesta quizás esté en Balcarce 50, en un hombre de ojos saltones, bigotes blancos y barriga cervecera



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