• Agustina Vizcarra

Árboles profundamente artificiales



Empiezo por el final. ¿Qué tienen en común, Juan Carlos Romero y Severino di Giovanni? Que eran tipógrafos. ¿Y Romero, Andy Warhol y Severino? El oficio gráfico aparece de nuevo, sí, ese uso magnífico de la serialidad de la publicidad/propaganda/afiche. (Recordar a Severino en su gran obra maestra tirando panfletos impresos en el Teatro Colón) ¿Qué tienen en común la silla eléctrica de Warhol, con el fusilamiento de Severino a manos del aparato estatal de Uriburu? El estado mató a aquel Severino, militante anarquista en contra de la pena de muerte. La silla eléctrica americana mató a Sacco y Vanzetti y así, empezó y terminó todo para estos inmigrantes. ¿Y qué sugiere la silla naif del fusilamiento, pieza de utilería de Caras y Caretas? La silla desenmascara a un archivo que no resiste un archivo. Una y tres sillas, muy distintas a las de Kosuth. Hay una tercera silla, porque Warhol también está sentado en una silla en la foto del pago de la deuda externa. Deuda externa todavía existente, engrosadísima. Estados que la contraen, estados que la pagan. Estados que sólo romantizan la radicalidad cuando conviene, porque de los ácratas contemporáneos muertos a mano de gendarmería mejor no hablar. ¿Qué tiene en común la tumba de Malevich, el plomo de una bala o de una letra, el cuadrado negro, y agrego mientras mi mente deriva y recuerda mi fascinación voyeurista con la tumba de Warhol en eterno livestreaming 24/7, con Getty images, con policías sonriendo, con la frialdad mórbida de una heladera de luto? Podríamos quedarnos horas haciendo cadenas asociativas o sólo preguntas que quizás no podamos contestar. Árboles profundamente artificiales de Martín Legón es obscenamente cristalina y turbia.


Hace algunos años me concentro en pensar la curaduría cuando la ejercen los artistas y no los curadores. Varias personas me preguntaron si había un curador en la exposición y sólo atiné a contestar: Martín no necesita uno. Hace algunos años estudiando a Jean Louis Déotte, concluí para una tesis de licenciatura que algunas exposiciones devienen aparatos estéticos. Y qué significa eso, muy sucintamente: Que acontece algo que introduce una nueva espacialidad y temporalidad. Déotte diría textualmente que un aparato estético es un objeto técnico con la capacidad de hacer época. Esto implicaría que hay sensibilidades epocales, formas de ver, modos de ver a lo Berger, específicas en cada momento. (Por supuesto, también superponiéndose) y ahí aparece el ojo mágico del que se apropia Legón que apenas deja entrever la violencia.


En la fenomenología Deotteana-Benjaminiana, el objeto artístico aparece primero de modo técnico; luego deviene visible o pensable. En este punto Déotte cita la cronofotografía, es decir ejemplifica con Marey como el humano descubrió finalmente, cómo corre un caballo gracias a la técnica fotográfica. Años y años de pintores y dibujantes pintando las patas galopando de las formas más ridículas porque no podían ver lo que acontece en una fracción de segundo, instante imposible para el ojo humano. La aparición de la fotografía particionó el tiempo de un modo jamás imaginado.


Para Legón, armar una exposición es un procedimiento artístico en sí mismo; Es en ese proceso donde ejerce su facultad de aproximar las cosas, don terrible que incluso de a ratos ni él entiende, hasta que los objetos se manifiestan, y están tan juntos que es imposible no escurrirlos para que signifiquen una cosa y después otra y después todo eso junto. Legón construyó un espacio expositivo aditivo, narrativo, en el que cada espacio respira con autonomía, pero no por ello deja de contaminar y arrastrar suspiros de imágenes que reaparecen titilantes más adelante, permitiendo las conexiones múltiples. Muchas cosas aparecen en su discurso como intertextos, como comentarios, apuntes, como notas al pie. Si bien sobrevuela como gran tema el poder fálico, la violencia y su representación, cada sector recuerda, momentos históricos múltiples: vanguardias o artistas concretos; desde Madí a Paternosto, los CEOS de saco y corbata, la muerte de la clase media, Marcelo Pombo y el fin de la fiesta.


El collage, ya sea en clave cubista o Dadá o en la lógica de las exposiciones-collage de Lucy Lippard cuando organizaba muestras conceptuales en los 60s, le permite a Martin, elaborar un relato arborescente. Más que pensar en un discurso arborizado esquizoide, pienso en los árboles autóctonos del norte argentino que Thays plantó por toda la ciudad; los tipuana tipu. Con una copa tan pero tan ramificada, que cuando hay muchos juntos, la timidez genera senderos y rutas plagadas de bifurcaciones posibles. Laberintos borgeanos para los que a priori sentimos la necesidad de un hilo ariadnico que oficie de guía por la mera inseguridad de transitar algo desconocido, indescifrable, críptico. Las imágenes de Legón pueden también ser simultáneamente hilarantes, o difíciles como cuando tenemos dolor de cabeza de tanto pensar el fatídico presente. Pero ante la perpetua incertidumbre que prefigura lo que vemos como un futuro salvaje, más selva que bosque, hay que recordar que los acontecimientos se confirman a posteriori, cuando una comunidad decide hacerse cargo.


Sobre Árboles profundamente artificiales de Martín Legón en Barro


dejo aquí el importante pedido que hace Martín Legón al final del folletín de sala. Se incendió una cooperativa cartonera en Villa Itati.

Titular: COOP DE TRABAJO CARTONEROS DE VILLA ITATI LIMITADA Número de Cuenta: 5173-

50556/7 CUIL/CUIT: 33-71445589-9 CBU: 0140056401517305055675 CBU Alias: METRO.PERU.BOCHA




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