• Bob Lagomarsino

Coleccionismo carpincho


"Los Carpinchos son seres indefensos y divinos que necesitan el cuidado y el amor de todos nosotros !!.💛". Eduardo Costantini


Ni las organizaciones sociales ni los sindicatos lograron tanta repercusión en la esfera pública como los simpáticos carpinchos de Nordelta que decidieron organizarse para combatir a sus acaudalados expropiadores. Los roedores merodean las lujosas mansiones que emergen del barro como cofres preciosos que encierran los misterios del mal gusto de una clase cuyo único privilegio es tener dinero.


Aislados socialmente de los pobres y por ende de la realidad nacional, es la naturaleza la que aparece de manera sublime para recordarles a esos fantasmas del trabajo muerto los peligros de la injusticia. Como si la catástrofe fuera reversible y el progreso compatible con la culpa, algunos vecinos que ayer pedían comodidades más allá de cualquier equilibrio sustentable, hoy se limitan a suplicar que se construya una reserva.


¡Vaya paradoja! no alcanza con construir una ciudad y arrasar con la naturaleza, sino que ahora incluso hay que "construir" una reserva para que vivan los animales castrados.


El arquitecto de este ecocidio no es otro que el coleccionista Costantini, el mismo que erigió El Malba, sobre un terreno tan pantanoso como Nordelta, el terreno de la historia del arte latinoamericano que se hunde en su interior. En relación a esto, habría que pensar en qué punto el problema del acceso al arte se emparenta con el del acceso a la vivienda, tengo la impresión que los carpinchos están ahí para recordarnos uno de los temas centrales de la historia del arte nacional, que conecta los terrenos pantanosos con ambientes domésticos y un aparato gubernamental que parece no saber qué es lo que tiene que gobernar.


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Mientras tanto, la fundación arteBA, que tuvo una importante renovación institucional impulsada por esta revista, se encuentra negociando las condiciones para realizar su feria. Quizás, este sea un buen momento para pensar en nuestra historia de pantanos, carpinchos y depredadores y analizar la fauna de coleccionistas locales. En este punto, algunos de esos conceptos pueden ser de utilidad para proponer una tipología básica que diferencia dos modelos.


Un coleccionismo carpincho que se caracteriza por su simpatía, que se mete en el barro para entrar en contacto con los artistas y que, por sobre todas las cosas, se ocupa del bienestar de su ecosistema. Los carpinchos, entre otras funciones, son los encargados de apoyar los emprendimientos de los artistas. Compran con su olfato, siguiendo su instinto. Entienden que deben convivir en un entorno con otras especies y que son solamente un eslabón más de la cadena trófica.


Y ya que mencionamos la cadena trófica, debemos saber que a cada uno le corresponde un depredador y ese es justamente el otro modelo de coleccionista. El coleccionista depredador es un personaje especulador, que generalmente cuenta con asesoramiento para la compra y parece más interesado en el precio de los objetos que en su verdadero valor. Los coleccionistas depredadores, no parecen interesados genuinamente en el bienestar del ecosistema del arte, se concentran más en poseer objetos y ocupar cargos en instituciones para apalancar sus ambiciones personales.


No sabemos como va a continuar la situación de los carpinchos, pero el país (que es lo mismo que decir el arte argentino) los necesita más que nunca.

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