• Ana Sejmet

El Ballet de Halcones y Palomas



«Dispuesta a ingresar en el dominio ideal del comunismo. No llevaba ropa. Me figuraba que iba a pasar el resto de mi vida con una blusa de franela roja, entre camaradas igualmente vestidos con sencillez y llenos de amor fraternal» Isadora Duncan.


«Él tendría que haber hecho un cóctel a la tarde, después de sus actividades. Y así... por supuesto que iba a ir de traje. Así, no... no, así no. Le agradezco. Le agradezco a Putin... pero mañana yo no voy.» Diego Armando Maradona.



Frente a la crisis de deuda, la pandemia del covid-19 y el enfrentamiento armado en Ucrania, los problemas relativos al sistema de empleo público del Ballet Nacional denunciados por Paloma Herrara podrían parecer algo superfluo, pero esto no es así para quienes creemos que el arte y la política son los motores de la historia.


Si no estuvieron al tanto de las noticias, estas fueron las palabras de Paloma que generaron algo de revuelo entre lxs bailarinxs estatales: “El artista es pasión, y eso a veces con el empleado público en el ballet no funciona porque tienen que tener las herramientas para que puedan seguir inspirados y que eso de artista no se vaya jamás. Esa es la magia. Yo tengo gente que acaba de entrar con todas las pilas y tengo gente de 65 años que realmente no tiene ganas de venir. En vez de tener 100 bailarines a tope, tengo la mitad de la compañía que algunos quieren trabajar y otros no”.


Creo que los dichos de Paloma Herrera sobre el cuerpo de baile estatal del Colón y las políticas fascistas de Putin y la OTAN tienen mucho que ver con la problemática relación que existe entre el comunismo y el ballet, dos formas antagónicas que se debaten entre la feliz movilización de los pueblos y el sufrimiento de la humanidad. Encuentro este hermoso día soleado de carnaval particularmente inspirador para permitirme estas ideas.

En relación a esos temas me gustaría comentar que la forma es algo central para las instituciones y por supuesto la danza no es la excepción. Desde una perspectiva verdaderamente materialista, incluso más materialista que la vaga e imprecisa historia de las ideas, estudiar los movimientos del cuerpo humano es estudiar nuestra evolución. En este punto deberíamos tener presente que Isadora Duncan consideraba a Darwin como su gran maestro.


En esa larga historia de la danza, que es nuestra historia, el género del Ballet puede definirse por la pretensión totalitaria de controlar el movimiento corporal de manera absoluta. Una geometría de personas dispuestas a resistir el dolor sin quejarse, persiguiendo el único objetivo de verse estilizadas. Por eso, no es de extrañar que este movimiento fuertemente pautado haya surgido en las entrañas de la monarquía, que consideraba como una danza pagana a cualquier movimiento revoltoso no ajustado a sus parámetros.

El objetivo masoquista del Ballet no es otro que mantener maniatado al pueblo y seguir azotándolo para que la historia no se mueva. Por eso, no es de extrañar que la danza haya ocupado un lugar central en los grandes acontecimientos históricos como las revoluciones burguesas o las guerras mundiales. Ahora, en este momento trascendental que nos toca vivir, una nueva pregunta parece instalarse en los medios, que funciona casi como una nota de color, pero que quizás está ahí para interpelarnos de otra manera: ¿Quién es el encargado de regular los cuerpos de baile?

Recordemos que el ballet, lejos de ser algo frágil e indefenso, supo vencer a la revolución bolchevique. Lenin creyó poder utilizar a su favor el arte del disciplinamiento corporal zarista y poner al ballet al servicio del pueblo, con el objetivo de fortalecer los lazos emocionales entre el estado y la ciudadanía. Stalin sería el encargado de finalizar esta tarea y terminaría erigiendo al ballet como símbolo de orgullo nacional. Es preciso aclarar que al mismo tiempo y con el mismo ímpetu que se preocupó por el baile se ocupó de perseguir a Trotsky, el evangelista de la revolución permanente.


La tesis que desarrolló Trotsky es especialmente interesante para pensar estos temas. Él sostenía que en la futura sociedad comunista el arte se disolvería en la vida. Por lo tanto, no habría más lugar en el estado para bailarines, ni bailarinas de ballet, sino que todos los seres se desplazarían de una manera armoniosa. Bajo esta perspectiva, cualquier intento de preservar un cuerpo de ballet nacional debería ser interpretado como un gesto político profundamente conservador y antipopular. Dicho esto, también sería preciso mencionar que si Paloma Herrera hoy cuestiona al cuerpo de ballet estatal del Teatro Colón no lo hace por sus convicciones trotskistas, sino todo lo contrario. En este punto es una crítica sintomática que puede motivar reflexiones sobre las coincidencias en el alineamiento político de sectores en apariencia tan opuestos como el frente de izquierda y lxs libertarixs.


Paloma Herrera crítica al estado por ineficiente. Su crítica es una crítica al sistema de empleo público y sobre todo al sistema previsional, que casualmente se encuentra en el centro de las negociaciones entre Martin Guzmán y el FMI. La injusticia de las políticas públicas de nuestros últimos gobiernos fueron las responsables de que hoy tengamos bailarinxs de ballet estatales que no se ajustan a las exigencias normativas de una disciplina tan aferrada a las reglas y tan contraría al paso del tiempo.

Siguiendo estas reflexiones, la decisión de Putin de condecorar a la bailarina Olga Lepeshinskaya es quizás uno de los gestos políticos más relevantes para comprender su conservadurismo imperialista. Pero no tendríamos que personalizar nuestra crítica, ya que el arte y la política no se tratan de personas, sino de pueblos e historias. Al fin y al cabo, la voz de Paloma Herrera no es la voz de Paloma Herrera. Lo mismo que vale para Paloma y para Putin también vale para Maximiliano Guerra, uno de los mayores representantes de los halcones de Juntos por el Cambio.


En definitiva, lo que me gustaría decirle a Paloma Herrera y a todxs lxs paladinxs del Ballet es que lxs comunistxs no creemos en ningún régimen especial para lxs trabajadorxs estatales porque nuestro deseo es que todxs podamos trabajar para el pueblo bajo el mismo régimen. En el futuro el cuerpo de ballet nacional no va a ser ningún problema, porque el pueblo no va a necesitar a nadie para que baile por él


Como nos enseño Isadora Duncan, la danza es simplemente la gravedad natural de la voluntad del pueblo que se expresa en los pies de cada individuo que pisa la Tierra. Es decir, que no es ni más ni menos que la encarnación humana de la gravedad del universo.


RECENT POST