• Vladímir Sorokin

El Eros de Moscú




Las ciudades, al igual que las personas, pueden ser muy sexuales o frígidas. Unx puede vivir toda su vida con una persona sin llegar a conocer nunca su eros, sin sentirlo. De la misma manera, cualquier ciudad es capaz de hacerte temblar repentinamente con un orgasmo o, por el contrario, condenarte a décadas de una aburrida convivencia.


Viví en Tokio durante un año y medio, pero todavía no descubrí el eros de esa ciudad increíble. Berlín se rindió ante mí después de seis meses. San Petersburgo, en una semana. París, en doce horas. Cada ciudad tiene su propio eros.


Llegue a pensar que Moscú no era una ciudad para mí, quizás el interior tampoco y tal vez Rusia no sea un país para mí.


Moscú es una giganta dormida. Ella descansa boca arriba en el medio de Rusia y duerme un pesado sueño ruso. Para entrar es necesario conocer sus zonas erógenas. De lo contrario, te alejará bruscamente y se cerrará para siempre.


Cada moscovita tiene sus propios lugares sensibles en el cuerpo de la capital. Pero hay que tener muchas ganas de encontrarlos para que la giganta se entregue.


Para mí, hay siete de estas zonas erógenas en el cuerpo de Moscú. Empecé a buscarlas instintivamente cuando era un estudiante. Antes de eso, como cientos de miles de moscovitas, vi en Moscú solo "la capital de nuestro país", el lugar donde viven mis padres y mis amigos, "una ciudad cómoda con una infraestructura desarrollada", "un monumento histórico", "la tercera Roma”, “el centro de Rusia, al que conducen todos los caminos” y otras banalidades similares.


Pero mi intuición me decía que las cosas en Moscú no son tan sencillas como parecen. Y no me equivoqué. Tardé casi doce años en encontrar y tocar los lugares tiernos y secretos de Moscú.


Ahora puedo decir con honestidad que conozco esta ciudad. Y estoy listo para compartir sus secretos. Hay solo siete zonas erógenas en el cuerpo de Moscú, y es mejor tocarlas en verano. Acá van:

1. Universidad Estatal de Moscú y el mirador de la Colina de los Gorriones


En un lindo día soleado, acercate a la mole estalinista de la Universidad Estatal de Moscú por el lado del río Moscova, subí los escalones de la escalera de granito y parate frente a las columnas de la entrada. Ahí se encuentran un joven y una niña de hierro con libros de hierro en sus manos. Si sos hombre, andá con la niña; si sos mujer, con el niño. Acercate en silencio, subí al pedestal y colocá tus manos sobre el cofre de hierro. Después de gritar: "¡Moscú, dejame entrar!", quedate parado ahí unos minutos y después baja hasta el mirador. Apoyate en la baranda de granito y contempla, hasta las lágrimas, el panorama de la ciudad que se extiende delante tuyo. Cuando comiences a llorar el panorama se fundirá en un caleidoscopio resplandeciente, intentá sentir a Moscú en la forma de una bola de colores que flota en el aire. Una vez que lo sientas, secá tus lágrimas y seguí adelante.

2. VDNH


Al ingresar por la entrada principal a la zona de la antigua Exposición de Logros de la Economía Nacional, seguí derecho hasta que veas la primera fuente llamada "Amistad de los pueblos" que representa a quince figuras femeninas doradas con vestidos nacionales de los pueblos de la URSS. Subí por el costado, entrá en el agua de la fuente y da tres vueltas alrededor en el sentido de las agujas del reloj. Después continua hasta llegar a la Fuente de “La Flor de Piedra”. Hacé lo mismo ahí: tres veces, con agua hasta las rodillas, en el sentido de las agujas del reloj. Inmediatamente después, andá hasta el final de la zona de exhibición hasta la fuente de “La espiga dorada”. Esta es una fuente grande y profunda. Se solía dar paseos en barco a su alrededor. Desvestite y nada alrededor de la espiga dorada. Tres veces en el sentido de las agujas del reloj. Si todo termina bien, como me sucedió a mí junto con el artista Andrei Monastyrsky y Sabina en aquel memorable año 1986, vestite e inmediatamente andá a algún lugar cercano para beber y comer. Habiendo descubierto esta zona erógena de nuestra ciudad natal, nos dirigimos al restaurante La espiga dorada. El enorme restaurante estaba vacío debido a la infame campaña contra el alcohol de Gorbachov, ni siquiera se servía cerveza. Pero había mucha comida. Después de bañarnos en las tres fuentes, teníamos muchas ganas de entrar en calor.


—Preguntenle al portero, susurró con benevolencia el camarero. Andrei se dio vuelta y, después de un par de minutos, un portero borracho y bigotudo se acercó y puso una botella de agua mineral llena de vodka en nuestra mesa.


"¿Eso es vodka?" preguntó Sabina en un buen ruso. El portero asintió en silencio.


“¿Por qué en una botella de agua mineral?”


"Es difícil de explicar", respondió el portero y se fue.


Me parece que no solo habló del vodka camuflado, sino en un sentido metafísico más profundo.


El erotismo de Moscú no solo es difícil de explicar, sino imposible. Necesita ser sentido.




3. Circulo de los bulevares


Invita a dos de tus amigxs más cercanxs, comprá tres botellas de oporto, metelas en los bolsillos de tu abrigo y salgan a recorrer los bulevares agarrados del brazo. Deben caminar en silencio por todo el circulo de los bulevares, agarrándose y bebiendo lentamente de las botellas. Recomiendo comenzar el viaje a través de esta zona erógena desde Yauzsky, que está cerca de Solyanka, moviéndose en sentido antihorario pasando por Chistoprudny, Sretensky, etc. Hay que ir en silencio, mirando atentamente lo que sucede en los bulevares. Si te cruzás con algún conocido, es recomendable permanecer en silencio y mirar hacia otro lado. Bebe despacio, con sentimiento. Una vez que hayan terminado el paseo en el bulevar Gogolevsky, tienen que colocar las botellas en el medio del bulevar, agarrarse de los hombros y bailar lentamente alrededor de ellas, aullando y silbando. Después, tienen que dispersarse rápidamente en diferentes direcciones, sin despedirse y sin mirarse.


Todo eso lo hicimos con Igor Vinogradov y Sergey Kutin en un cálido día de junio en el verano de 1974, después de que aprobamos con éxito un examen de ingeniería.

4. Cementerio de Vagánkovo


Al ingresar en el terreno del cementerio, camina a la derecha, hasta la parte más remota, lleva un libro sin leer. Cuando encuentres una tumba discreta con un banco, sentate y lee el libro hasta el anochecer, cuando llegue el fresco de la tarde y las letras en el papel se fusionen hasta parecer soldados que duermen uno al lado del otro. Cerrá el libro, dejalo con cuidado sobre la tumba y salí tranquilamente del cementerio. Eso es exactamente lo que hice en mayo de 1980. Después de visitar por la tarde a mi esposa que estaba en el hospital preparándose para dar a luz a dos mellizos en nuestro mundo conflictivo, salí a caminar sin rumbo fijo por una Moscú calentita, olía a nafta y alquitrán, llevaba debajo de mi brazo una fotocopia de la novela de Nabokov “Rey, dama, valet”. No recuerdo cómo y por qué terminé en el cementerio de Vagánkovo. El cementerio todavía no había sido arruinado por la espeluznante tumba de Vysotsky, yo reposaba humildemente bajo la sombra de tilos y álamos, parches de luz solar se deslizaban sobre las sencillas cruces, el pasto joven se abría paso entre los montículos de tumbas. Sentado en un banco cerca de la tumba bien cuidada de alguien, leí a Nabokov hasta el anochecer, y antes de terminarlo, de repente me levanté y caminé entre las tumbas, sin pensar en nada. ¿Por qué dejé el libro en la tumba? “Es difícil de explicar”, como diría el portero. Es aún más difícil transmitir el sentimiento con el que salí de las puertas del cementerio.

5. Estación de subte Krasnye Vorota


A primera vista, el subte de Moscú parece una gran zona erógena, como un sistema de contracciones musculares que en cada curva pide una suave caricia. Pero eso es sólo una impresión superficial. En cuarenta y cinco años de viajar por este laberinto, solo encontré una estación con vibraciones eróticas: "Krasnye Vorota". tenés que ir después de la medianoche, desvestirte y pararte en uno de los nichos de granito y quedarte congelado durante unos minutos en la pose de Apolo (si sos hombre) o Afrodita (si sos mujer).

6. Mercado de Cheryomushkinsky y Monasterio de Novodévichi


Es imprescindible llegar temprano, un poco antes de la apertura del mercado, después de vestirse con harapos. Llevar una caja de madera, entrar por la entrada principal del mercado e inmediatamente sentarse en la caja cerca de las puertas. Poner un sombrero sucio con orejeras sobre las rodillas, respirar hondo y comenzar a repetir en voz baja, pero persistentemente: "En Moscú, los panes están calientes como el fuego", "En Moscú, los panes están calientes como el fuego" vas a tener que repetir esta frase todo el día sin parar. En cuanto cierre el mercado, vas a agarrar el sombrero, sin contar el dinero que te dieron durante el día, y te vas a levantar para ir al Monasterio de Novodévichi. Cuando estés en el interior del monasterio, vas a pararte en el medio, persignate, hace una reverencia y grita: "¡Dios! ¡Esto que no tiene valor para nosotros es para vos!" Lanza el sombrero con el dinero lo más alto posible.

7. Kapotnya


Después de hacer un barrilete, esperar hasta que oscurezca para ir a Kapotnya. Ahí encuentra una antorcha con una llama alimentada a gas, parate cerca y tira el barrilete. Tenés que hacer que el barrilete vuele hasta la llama de la antorcha. Apenas el barrilete se prenda fuego, tira del hilo hacia vos y encendé una vela con la cometa en llamas. Presiona la vela contra tu pecho y protegela del viento, decí en voz alta: "Fuego, ven conmigo". Después, con la vela encendida, andá caminando a tu casa. Al entrar a tu casa, apaga con cuidado la vela, guardala abajo de la almohada e inmediatamente metete en la cama.


Te prometo que al día siguiente, cuando despiertes, no reconocerás a Moscú.


Vos te preguntarás "¿Es así de simple?". Sí, es tan simple como lo obvio. Para sentir el eros de Moscú, no es necesario realizar ritos siniestros y asesinatos rituales. No hay absolutamente ninguna necesidad de salpicar bilis de oso en el muro del Kremlin, hacer caca a medianoche desde el puente de Crimea, lanzar dardos envenenados a las prostitutas o masturbarse en el monumento a Timiryazev. Moscú, como una mujer, necesita ternura sincera que fluya del corazón.


Muchos moscovitas tienden a ver la principal zona erógena en la Plaza Roja. Especialmente de grande, considere la Plaza Roja como el pubis afeitado de la capital, coronado con dos clítoris: la Catedral de San Basilio y el mausoleo de Lenin.


A la edad de cuarenta y cinco años, no importaba cuánto lo intentara, no podía sentir el eros de la Plaza Roja. Pero, testifico honestamente que lo sentí con intensidad en los lugares que comente.


Como escribió Prigov: “Cada uno tiene su propio Moscú celestial, y cada uno tiene su propio Moscú mundano”.





Imágenes:


(1) Natalia Goncharova, La plaza de la ciudad. Estudio para telón de fondo del ballet El gallo de oro. Acuarela y lápiz sobre tabla. 46,7 x 61,6 cm.1937


(2) Fotografías de Andrei Monastyrsky. 1994.


(3) Retrato de Dmitrij Prigov.


Traducción: Ana Sejmet y Mario Scorzelli

Caminos tontos. Edición especial de textos con citas más o menos falsas, erudición apócrifa y referencias equívocas a Rusia.



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