• Jazmín López

I'm in love when I meet you



Creo que ya en esta frase está todo lo que yo podría aportar a este viaje no transatlántico de Laguna al norte.


Es de lo más difícil que me propusieron en años escribir sobre Fernanda, qué puedo aportar yo?, tanto se dijo, tanto se piensa que me abruma mi imposibilidad de ver a través de las nubes porteñas de los años 90´.


Voy a intentar, por un lado, contar como fue para mi la semana de Fernanda en NY, y por otro, recomponer cierta reticencia que creo que el buen arte argentino tiene de hacerse traducible.


Llegué a The Path of the Heart curada por Rosario Guiraldes desde el Whitney ISP, una residencia de arte que estoy haciendo en el barrio chino neoyorquino. Es un riñón marxista del tanque de cristal que se estaciona en la ribera del río Houston. Un año de adoctrinamiento yanqui-marxista con personalidades de la izquierda internacional.


Fernanda sentadita afuera de la mansión, eso ya fue hermoso, con su boquilla litoraleña y sexy. Me acerqué, aunque nunca supe si me ama o me odia.

Una vez hace más de mil millones de años en una muestra de mi ex ex en Belleza y Felicidad me dijo que le daba envidia que yo sea linda. Siempre sospeché un romance estelar entre Fernanda y Adrián que en ese momento era mi novio, pero a mi Fernanda también me gustaba.


¨Me da envidia que seas linda¨ era un poema que Fernanda escribía en el éter que existe entre ella y yo.


Me abrazó, como si fuéramos prófugas de un planeta suave. Siempre los abrazos llenan cualquier duda o malentendido, o no, pero no importa.


Entré, ya bendita. Había otra exhibición primero, que nos obligaban a ver otra obra si queríamos ver a Fernanda. Me resistí, no le dediqué ni media pupila, como statement, pensando, Fernanda debería tener toda la mansión. Cuando logré llegar al paredón me sentí en una embajada, quería mostrar mi pasaporte que no tenía. Entendí, de pronto, lo que debería ser una institución de esa envergadura. Un ofrecimiento diplomático de tiempo y espacio de un lugar en otro lugar. Esos eran los honores que debía ofrecer un consulado, y Fernanda era la anfitriona.



Sentía que esas obras producían en los comensales un aura de protección, una galaxia de verdad, de cultura en estado puro que se dejaba ver a piaccere como el espectro en la invención de Morel: esa imagen del pasado pero del futuro que no se puede tocar y que no se va dejar transcribir.


Una compañera del ISP que mide más de dos metros escribe para ArtForum, y se llama Canada, aparece en la inauguración, la busco, quiero saber cómo ve nuestro emblema nacional.


Torpemente le trato de explicar que Fernanda es héroe, y que la muestra no le hace justicia a tanto trabajo social que ella hace, pero que ninguna muestra posible sería capaz de hacerlo. Me dice, ella desde allá arriba donde vive, que le gusta, que le encanta. Pienso al final esta ansiedad que siento de que los yanquis lo entiendan se me tiene que pasar, porque aunque no se traduzca algo igual pasa.


Sigo deambulando entre toda la gente que conozco, pero lo único que tengo en común es estar en este allá pero acá, la embajada. Esté acá y ahora que se convierte en allá ahora. Me obligo a pensar: ¿Y qué más hay, Jazmín?. Me harto de mí misma y decido enamorarme de una señora alta con muchos rulos con un look muy poco arty, me encanta, mientras me enamoro se me acerca, dice que viene de la embajada y yo me meo encima porque mis fantasías consulares se corresponden con la realidad. Nekro, diría¨ Toda niño sensible sabrá de qué estamos hablando¨


Otra argentina me pregunta sobre el programa que hago en el Whitney, le digo que es de extrema izquierda, no me cree, piensa que quiero hablar de política, lo cual es cierto, pero estoy segura que ella no. Otra chica también me pregunta cómo entrar al programa, como si me preguntara dónde queda el baño, vuelvo a decir lo mismo, para entrar tenés que de algún modo ser de izquierdas. El nombre Whitney es el que menos lo representa. Nadie me cree nada, piensan que los quiero disuadir de aplicar. Tal vez porque en Argentina esa relación tan desprejuiciada y naif sobre la posibilidad del marxismo actual, creo que no existe más- Me preguntan si estoy estudiando en NYU y le digo que no, que estoy dando clase. Sigo sin que nadie me crea nada. Encuentro a Cecilia, tan hermosa con el pelo de pajarito, me da un abrazo sanador y a su lado Fernanda la cacique guaraní más bella de todas me mira, nos miramos, le quiero lamer los ojos. Seguí abrazada pensando: cuántas Cecilias en la vida de Fernanda, me dio envidia y decidí de ahora en más buscar más Cecilias para mi vida.


Nos fuimos de la mano a un restorán chino al que yo no había sido invitada. La noche anterior me había emborrachado en nombre de lo que aún llamo mi grave y largo duelo de divorcio en el que me permito emborracharme, pero al revés esta noche decidí ir sin tomar ni comer nada, eso sin dudas fue mi droga. Estaba en un high, como dicen los yanquis, en un high ayuno.


Me senté primero por casualidad y después por decisión al lado de la reina. Ella ya reina y tan inteligente, se hacía servir vino por un artista argentino al que le vibraba en el pecho una estrella de David. La reina, tomando la sacristía. Yo siempre amé a esta reina y Marina dice que la reina y yo somos iguales, que hacemos chistes iguales y nuestras provocaciones son de la misma naturaleza, y que hasta de cara nos parecemos.



La reina y yo trenzadas de amor hablábamos sobre la resistencia que generan los buenos artistas argentinos, de la resistencia al ser traducidos. A las dos nos apasionaba el tema, y subíamos cada vez más la voz. La resistencia de hablar el lenguaje del arte contemporáneo global. Pensé y pensé sobre la enorme verdad que había ahí, no se puede traducir, no se puede traducir.


La genialidad de Fernanda no sólo reside en su agencia político-social, sino más bien en su resistencia a que su arte luzca contemporáneo. Hablamos con la reina sobre mi ex, Adrián, y cómo rápidamente él supo hablar el dialecto, pero si él hubiese sido yanqui o europeo no le hubieran jamás permitido ser tan megalómano, la crítica no le hubiese dejado crecer hasta hacerse dinosaurio. Al final el MoMA no quiere comprarlo, dice la reina.


El mundo yanqui, por lo poco que lo conozco parece aceptar disidencias siempre y cuando estén dentro de la lengua hablada de la realidad, como diría Pier Paolo. No me gusta explicar teoría porque no sé hacerlo, pero dice algo así como que el cine es la lengua escrita de la realidad, el modo que encontró la humanidad de escribir con fonemas propios de lo que tenemos enfrente de nuestros sentidos (ojos, orejas). Fernanda hace que su obra hable,sí, pero en un idioma intraducible.


A la máquina de picar carne le metes un pedazo de corazón más un pedazo de militancia y al final produce siempre lo mismo, carne sin fuerza. Sólo un recuerdo de lo que pudo haber sido, que el mercado atesora como reserva congelando su agencia y así asegurándose el control.


Con la reina coincidimos que es imposible que los yanquis entiendan que estar fuera del lenguaje es el lugar de resistencia y la paradoja crece. Jamás aceptarían que queremos que no nos entiendan. No habrá una sóla palabra traducible. El esperanto del arte no llegará al cono sur por un buen rato.


Aún no había sido contratada por Jennifer pero ya estaba juntando en mis bolsillos stickers que eran todas estas ideas sobre lo que había sido y será esa muestra para mí.


Al día siguiente, fui a un bar con un nombre ridículo con otra reina embarazada, y un amigo de las dos. Tragando burbujas no pudimos help to talk about Fernanda 's work, incluso sabiendo que el amigo no tiene nada que ver con el arte se aburriría, pero no, me dijo más tarde que le parecía todo una gran metáfora de Argentina y que eso lo había entusiasmado mucho por que le daba perspectiva para otros asuntos suyos.


Lo genial es que no les guste, insistía yo. Mi pensamiento se volvía torpe y llano por el espumante: terminé resumiendo todo a una apuesta tontisima: quién será más importante para la historia del arte latinoamaericano, Adrián o Fernanda? Mi amiga reina argumentaba que sin dudas Adrián. Y yo sostenía que Fernanda. Y ahí entendí que el problema de la traducción es un tema de tiempo. Los yanquis querrán eventualmente absorber lo que no han podido hasta ahora y desearán lo que nosotras estamos deseando ahora, que es esa intraducibilidad en este mundo globalizado, neoliberal y monstruoso en donde la carne cede ante la máquina y se deja interpretar.


Eventualmente Fernanda será deseada por la historia más que Adrián. No pude convencer a mi amiga reina pero convencí a mi amigo que nada tiene que ver con el arte y pensé voy a elegir mejor mis batallas. Me quedé reflexionando, claro ella estaba pensando en el mercado, y si es cierto que el valor va a escribir nuestra historia, entonces sí, Adrián, ganaste, pero tenemos que hacer algo para torcer ese destino y siendo reina es la única manera. Pero yo no soy reina.


Me llama Marina y me dice de nuevo que me parezco a la reina número uno, pero que no soy reina y que además la foto de tapa de la publicación que hizo el drawing center sobre la muestra The Path of the Heart es de ella y nadie le avisó, le pagó o la puso en los créditos.


Qué escándalo pienso, que contradicción. Si esta es una muestra sobre el amor, el cuidado, el feminismo y la sororidad. Me enojo, pero también entiendo, la falta de recursos siempre la terminan pagando los artistas, en este caso Marina. Le ofrezco ayuda en lo que sea. Le digo que tienen que pagarle y ponerla en los créditos. Lo logra, le van a pagar y la va poner en los créditos de la próxima reimpresión. La foto es la más linda de todas.


Me llama Jennifer y me dice que escriba sobre Fernanda… es cierto por un lado que pensé demasiado en este tema y que tengo los bolsillos llenos de figuritas, pero también es verdad que no sé qué puedo aportar sobre su obra en sí, pero capaz puedo agregar algo sobre cómo creo que se recibe esto acá- Lo voy a pensar.


Llamo a mi amigo que no es del arte pero que había logrado convencer con mi argumentación y me dice que sin dudas tengo algo que aportar, me alienta a hacerlo y esta vez él me convence a mi.


Me llama Jennifer, le digo que sí. Nos besamos.


Llamo a Fernanda, le digo de hacer una entrevista y me dijo algo tan lindo… que también me convenció.

¨…pero estoy aburrida, siempre digo lo mismo, me gustaría leer algo nuevo… a ver que podés contar vos¨


Quedamos que iría a una visita guiada que ella haría a la gente de Bortolami esa misma tarde. Seguro que en esa visita vería como los yanquis ven a Fernanda y el deseo está hecho de ver miradas y de cómo se construyen las formas de ver, yo tenía que concentrarme en eso. Llegué tarde a la galería y me recibió el delfín más lindo del acuario, nunca llego tarde a ningún lado. Creo que la situación de ser de prensa me incomoda y como me miraba el delfín más.


Quedé al lado de una mujer caballo flaca, mala y hermosa. Su poder era indudable, era como reina, pero la voy a llamar Caballa porque se dedica a otra cosa. En este cuento por suerte no hay reyes. No podía dejar de mirarla porque quería ver cómo la voz de Fernanda transformaba sus células rígidas. Fernanda hablaba en un inglés idílico en donde todo es infantil y profundamente filosófico a la vez. Era emocionante, en un momento Fernanda dice que el negro es la mente, en su obra el negro siempre representa lo abstracto de los pensamientos y sin excepción tiene que ser leído así. Es hermoso que un no color como el negro represente al pensamiento, pero a la vez sea en sí mismo parte de un lenguaje intraducible por ser universal.


La señora caballo se quebró, yo también, el delfín más lindo de la galería también se quebró, se hizo un silencio, Cecilia me sonrió, yo busqué mis llaves en el bolsillo por miedo a sentir mucho.


Terminó el canto. Cecilia y Fernanda se disponían a fumar, yo no sabía si me invitaban o no, me sentía afuera del núcleo y además yo ya no fumo. Las seguí por considerarlas rebaño y las tres animalas bajamos por las escaleras. Nos sentamos en la calle, yo a no fumar, las tres mirando NY, ninguna miraba a las otras, sino que mirábamos NY como a una pantalla. Podría jurar que las tres estábamos sonriendo, pero no tengo foto. Aparecían personajes que nos decían cosas, nosotras también éramos pantalla me di cuenta. Un señor cubano anti régimen decía que él era un artista abstracto y que le gustaba cómo Fernanda trabajaba la no figuración. Me dije: ̈que mal entendido!¨, y después pensé no es un malentendido, no todo tiene que aparecer para confirmar mi pensar, ¡qué infantil sos Jazmín! Dice Fernanda en un cuadro que no es infantil y yo sí hablo ese idioma.


Llegó de pronto mamá noel, con una bolsa, sonrisa de oreja y oreja y sacó dos regalos: un dibujo de blanca nieves besando a la cenicienta y una remera de una agrupación lesbiana ¨Avengers¨, una genialidad. Uno para Fer y otro para Ceci, yo tuve el orgullo de sacar la foto.


La mamá decía que las princesas besándose era la traducción al inglés de la obra de Fernanda. ¡Qué elocuente! ¡Ya no soy infantil! De pronto alguien había logrado traducir a Fernanda pero el resultado había perdido casi todo, una vez más pensé esto no se va a poder traducir y lloré de felicidad por la belleza.


Fernanda vio mis lágrimas y me regaló una business card que dice, I'm in love when i meet you, entendió que yo me había quedado sin regalo. Yo, in love cuando tuve la tarjeta, porque es así cómo me relaciono con el inglés, siempre lo estoy forzando para que, a pesar de hablar el idioma de ellos, mantenga la inconstancia que tiene el castellano, que decimos algo y estamos diciendo lo opuesto y también todo lo que hay en el medio entre lo contrario y lo dicho. Esto es algo que le digo mucho al delfín 2 que ya conocerán.



Welcome to my show in New York!!!!!! era hermosa, como si Fernanda fuera sólo una pintora. Se había logrado la intraducibilidad. Se había logrado, me ahogué en el vino blanco servido por la hermosa caballa dueña de la galería. ¡Había acertado! era la máxima autoridad ahí, pero se había ofrecido a servirme un vaso. Más tarde sabría que era porque le gustaba mi outfit. Las horas pasaron en charlas sobre lo bello y lo feliz, la muestra se había transformado en una fiesta en la que todos buscábamos el amor.


Era la fiesta lo que iba a recomponer lo intraducible. La caballa bailaba con Fernanda, Fernanda bailaba con la chica más linda de la galería. Cecilia, hay dos Cecilias en este cuento, se dejaba tirar el tarot por nuestra nueva amiga Serbia. Y la Cecilia hada bailaba con esa sonrisa de infanta de pura sangre hermosa que tiene. De pronto lo rígido daba lugar a lo intraducible. Y el delfín me decía al oído: Im possessive already y también me decía, we never dance in the gallery this is exceptional, mientras bailaba al ritmo de los babes de Lolo Y Lauti y miraba a su jefa caballa transformarse.


La caballa y sus hienas me agarraron de la mano cuando el delfín, que no sólo era el más lindo sino que me hacía reír y me entendía, me dejó bailando sola después de besarme los labios, para decirme que les gustaba cómo estaba vestida pero que igual las relaciones de poder iban a seguir siendo las mismas.


De pronto me fui, aunque el delfín quería construir conmigo una casa en una escalera, y aparecí ya despierta, limpia, con mi credencial de prensa y con otro novio en la lectura de poesía que Fernanda hacía como cierre del tour NY 2022. Cecilia y Fernanda estaban ya en la puerta, me preguntaron sobre cómo había terminado. Me dió vergüenza responder porque el delfín ahora era otro, y les hablé del barbijo que tenía puesto para cambiar de tema. Me sentí una estúpida.


Invité al nuevo delfín porque me parece alto, inteligente y me cuida y quería saber más acerca de la mirada americana sobre nuestra patria y él ahora es mi referente. Le mostré fotos de la muestra de Bortolami a mi nuevo amor y le pedí que me escriba lo que viese. Les copio acá el texto no traducido:


¨What comes to mind when I look at this work formally are some artist’s on the periphery, ones who have a life long self trained practice grappling with intersecting planes through the medium of painting. Minor visionary figures, like Forrest Bess and Yves Tanguy, but these are white dudes… maybe Gertrude Abercrombie… I mean this is an interpretation based on formal similarities, how landscape is extended and played with, the voided form or plane or scratch through the cutting of the 2D illusory space of painting. Some remind me of how sometimes one can see forms in the texture of painted ceilings, pareidolia. (The Swan piece does this for me, very elegantly) I guess how the mind is constantly navigating between these planes and the belief that it’s real. The ‘combine’(in Rauschenberg sense) of found materials, the weaved frames, the ribbon and bows and shells add to the intersection of planes that the viewer is between and the Proustian memories these charms bring, along with the coexistence with absence (cut through canvas or scratched through paint). The shaky pencil drawing on the wall, in a childish manner, negates the modernist white cube that supposedly turns an object into a work of art. Back to the hand of the child, who depicts holding the sun on this plane. The colors are soft, light and feminine which differentiates her from the figures I mentioned above. I feel like the swan, the birds/rainbow and the heart with chains are my favorites… because it combines these things I’ve mentioned above in maybe a more minimalist way, more focus. Internally I’m in that pareidolia headspace… how we’re voided forms between these small charms in this vast atmospheric landscape.¨



Y ahí todo se unió como el moño rosa-celeste o albiceleste que comparto con Fernanda. La poesía sí se deja traducir, y la música también: Ceci, la Ceci pájaro tocaba el violín como si fuera un arpa vestida de luna y la Serbia la miraba con tarot.


Los poemas que leía Fer los traducía una chica con belleza y felicidad y funcionaban. Mi novio los entendía y hasta a veces eran más lindos en inglés, me relajé, disfruté y entendí que lo importante del arte visual es su capacidad de resistencia y Fernanda resiste. Y la historia, la historia va saber qué hacer o no, pero no seremos cómplices ni testigos.Te quiero mucho Fernanda


Jazmín




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