• Juan Laxagueborde

Iuso, entre el enchastre y la frase


Este es el texto de sala de la muestra de Guillermo Iuso Gloria que delata una sumisión a la fantasía. Puede verse de lunes a viernes de 14 a 19 en la galería Ruth Benzacar. Ramírez de Velasco 1287, Buenos Aires.



Hay algo de vía crucis en esta muestra, un periplo o un paseo hacia el coloque. Las frases se enchastran con los materiales y se suman entre sí, se superan por el enredo.


Iuso fantasea con la verdad. Trabaja para llegar al meollo de la pobre realidad y transformarla en una epifanía con forma de torta o escudo. Enseña a evitar que la verdad sorprenda. Habla encima de ella, la interrumpe. La tapa como si fuera una pintura mala que sabemos que puede ser algo mejor porque el tiempo nos dijo su secreto.


Cuando narra un síntoma o una peripecia, una evocación o una anécdota, hace otra cosa más. Adentro de la frase se cocina otra, paranoica y sabia, que siempre dice lo mismo: "esto puede volver a pasarme". Es ahí donde su obra se templa y queda lista para jugar a la psicología, que es como la psicología pero más lisérgica y experimental.


Nos convida y hay de todo. Si pudiéramos elegir sabríamos qué decir. ¿Es glorioso o quiere serlo? Ninguna de las dos cosas. Atraviesa el arte del fetiche para quedarse con el material de la delicia. Si suele preocuparse por la gloria, es por la de sí mismo, nunca le interesó el afán heroico del arte racional.


Sería inútil discutir el Yo en Iuso, su Yo. Porque las obras no son el adorno de una frase engañosa. Son las discusiones mentales en acción proyectadas en esas deformidades del plástico que aprenden los verbos de la gente y dicen lo que pueden, no lo que queremos escuchar.


Las obras tienen alguna inercia que desconocemos, por donde habla el corazón lento que tuvo paciencia. Son la realización volumétrica organizada de una parte de su ansiedad. Iuso es como todos, pero logra como pocos ponerse en la vereda de enfrente de su culpa por un rato cuando manipula la goma líquida con la que pinta o cuando se sienta a mirar lo que hizo.


Es un artista de las recurrencias, como si escapara de lo que no quiere ser dando vueltas a la manzana. Pone entre comillas que le “gusta” esquivar porque sabe que ese tipo de expresiones se acercan a otras más pesadas, como el problema de la negación. Hace un esfuerzo para encontrar el lado bueno de hacerse el distraído con los traumas. Va y viene del dolor a la satisfacción. Por momentos está en las dos sensaciones a la vez. Su arte se parece a la noche en colores.


¿Estuvo alguna vez de moda hacer las cosas mal? No sé, pero las profecías de Iuso fomentan el gusto por la superación. Dice la neurosis con unos formalismos que lo ayudan a velar por sí mismo. En las obras enfrenta lo que le chorrea como miedo. Nos advierte que a veces hay que elegir y otras veces no. Si podemos realizar de manera conciente y contenta estas intenciones, ya está.


A veces nos quejamos y decimos que una frase es una frase hecha. A través de las obras de Iuso ese mote se invierte, se vuelve importante y cambia de nombre. Iuso inventó el aforismo transparente. A esta altura son lemas para una antología del existencialismo popular.



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