• Bob Lagomarsino

Las Buddenbrook



En 1901 Thomas Mann publicó su primer novela. Aunque con un relativo éxito inicial el libro se convirtió en una de las obras maestras de la literatura del Siglo XX y, 18 años después, al recibir el Premio Nobel de Literatura el jurado esgrimió que Los Buddenbrook fue una de las principales razones para otorgar el galardón.


Los Buddenbrook describe en casi mil páginas la fundación, consolidación y decadencia de la Casa Buddenbrook establecida en Lubbeck y dedicada a la comercialización y corretaje de cereales en Alemania. Ambientada entre 1835 y 1876 la novela atraviesa la vida de tres generaciones de la familia centrándose en los responsables masculinos que estaban a cargo de la empresa familiar. Mientras la primera generación a cargo de la empresa alienta el espíritu emprendedor y de crecimiento, la segunda consolida y aumenta el negocio y en la tercera generación comienzan los problemas financieros y administrativos que terminan empujando a unas de las familias más reputadas del norte de Alemania a una quiebra total y a la pérdida de todo el capital simbólico acumulado durante décadas que incluían una participación activa en la vida política del país. Todo esto ocurre en 4 generaciones y apenas 40 años.

Las lecciones sobre las empresas familiares están profundamente abordadas en las teorías de administración de empresas donde, inclusive se acuñó el término “Síndrome Buddenbrook” para justificar el auge y decadencia de las empresas familiares en un par de generaciones.


Frente a la tercera generación las Benzacar parecen haber tomado cartas en el asunto para torcer el destino manifiesto. Sumaron asesoramiento estratégico externo, aceptaron que los tiempos están cambiando y que el aceleracionismo global requiere de nuevos tipos de liderazgo. Benzacar fue la vanguardia con Ruth, la consolidación y crecimiento con Orly y ahora tiene la posibilidad de despegar con Mora comenzando a influir en la toma de decisiones.


El planeamiento estratégico implementado por Camila Charask quedó plasmado en Reunión, la primera muestra colectiva en la historia de la galería donde también se conocieron cambios edilicios y conceptuales con los que se pretende encarar los nuevos desafíos de estos tiempos.


Sería justo mencionar que aunque la exposición se llama Reunión, los objetos parecen estar ahí absolutamente solos, como en un bazar de lujo o, para ser más precisos, en un mercado de pulgas sin pulgas. Los objetos, por supuesto, aparentan ser obras de arte y al parecer las personas creen eso. Aunque a alguno le parezca poco, con eso es más que suficiente. Generar un poco de confianza es un objetivo central en este contexto así que quizás no sea necesario esgrimir ningún juicio artístico al respecto, porque lo importante pasa por otro lado.


En un mercado con tantas dificultades, ¿qué puede hacer una galería de arte contemporáneo que posee una rica historia y aún conserva algunas pretenciosas? La respuesta que parece encontrar Benzacar frente a la crisis es generar confianza y crecer.


En esta muestra sumamente objetual también hay gestos que indican cosas: se puede ver que la reconocida mesa de Orly en el primer piso es ahora también la mesa de Mora. El poder comienza a ser compartido en un plano de igualdad. No hablamos de un doble comando al estilo cristinista si no de una decisión de compartir las experiencias que Orly puede aportar y acelerar el periodo de captación de Mora.


La galería suma una sala secundaria y, en buena hora, una recepción en la planta baja donde uno ya no sentirá la hostilidad del jefe de planta que observa a los operarios de la línea de producción desde el primer piso. Un diseño arquitectónico muy eficaz para el control obrero en el siglo XX pero no para una galería que requiere generar empatía para acercar nuevos públicos y ampliar el mercado. Grandes pequeños cambios como estos se comienzan a ver en Benzacar.

Un mal pensado diría que necesitábamos que el Gobierno decrete la cuarentena más larga del mundo para que estos cambios lleguen a Velazco. Pero, de manera accidental, esta inédita medida quizás haya sido la mejor del Gobierno en materia de artes visuales y mercado.


A partir de ahora comienza una nueva etapa en Benzacar, resta por verse si será más eficiente, o al menos más próxima a las actuales necesidades y posibilidades de los actores de las artes visuales.


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