• Steven Shaviro

NFT y aristocracia



Los "tokens no fungibles" se han convertido en la última moda del mundo del arte. Ya se han compartido muchas ideas sobre los NFT y el mercado del arte, pero todavía me llama la atención pensar cómo podríamos ubicar esto en el contexto de lo que Walter Benjamin llamó reproducción mecánica o reproductibilidad técnica (dependiendo de la traducción que utilicemos).


Benjamin dice que las pinturas tienen un aura porque son objetos únicos: la foto, la postal o cualquier otra reproducción de la Mona Lisa no es equivalente a la pintura real. Pero esto ya no sucede de la misma manera con los objetos reproducidos en masa, como por ejemplo: el cine. Y esta fue la razón por la que Benjamin vio un potencial revolucionario en las formas culturales sin aura (una observación que se ubica en la posición opuesta al rechazo del kitsch por parte de Clement Greenberg).


Ahora, una de las cosas que no entendió del todo fue que, en una sociedad económicamente desigual, el privilegio del aura se recrea de otras maneras. Benjamin descarta el "aura falsa" de la estrella de cine; pero yo diría que el aura de Marilyn Monroe no es más o menos "falsa" que el aura de la Mona Lisa. Benjamin no pudo comprender que las celebridades realmente tienen una presencia aurática, de la misma manera que las pinturas. Incluso hoy en día también hay fetiches auráticos sobre las diferencias tecnológicas, por ejemplo los debates que enfrentan al cine con el video (Quentin Tarantino todavía insiste en hacer sus películas en fílmico, y de manera snob considera que realmente no estás viendo su película a menos que la veas proyectada con un proyector analógico de 70 mm). En términos más generales, cada vez que la tecnología destruye el aura, o destruye la distinción entre original y copia, la "industria cultural" encuentra formas de recuperar la distinción. Los archivos digitales se pueden reproducir indefinidamente sin ninguna degradación de la calidad, pero a menudo los archivos se degradan de todos modos con el fin de mantener el prestigio del original. Por ejemplo, los mp3 usan compresión, reduciendo el tamaño del archivo degradando la calidad, por lo que en realidad no son copias exactas de las grabaciones originales. La llamada "gestión de derechos digitales" también restringe la circulación de textos electrónicos (así como de obras audiovisuales) con el fin de mantener una escasez artificial; la razón de esto es aumentar los ingresos, pero en la medida en que hace que una obra no esté disponible o sea irreproducible, una vez más crea un aura.


Benjamín estaba interesado en el aura como una forma de prestigio cultural elitista; para él, era más como algo para la vieja aristocracia que algo para la burguesía. Pero en el capitalismo financiero de hoy, esta distinción desaparece. Cualquier persona con suficiente dinero puede comprar un Picasso, un Warhol o un Basquiat; el esnobismo de los viejos conocedores del arte se vuelve menos relevante, cuando (por ejemplo) los raperos pueden contratar asesores de arte (blancos e impecablemente aristocráticos) para decirles qué pinturas comprar. O, para decirlo de otra manera, el aura y el prestigio han estado tradicionalmente ligados al acceso: mientras haya desigualdad de acceso, el trabajo tiene un aura, y las personas con acceso a ese trabajo tienen prestigio y poder de una manera que las personas sin acceso no lo tienen. Hay un número limitado de Warhols o Basquiats en el mundo, y las reproducciones no les hacen justicia; por lo que estas obras conservan su aura, y sus propietarios conservan una medida de prestigio. Pero Benjamin tenía razón en que las películas no tienen este nivel de aura o prestigio social como lo tenían las pinturas: puedo ver una película de Tarantino en mi computadora, a pesar de que el propio Tarantino desprecia esto y lo vea como una forma inferior de acceso. La piratería generalizada de textos escritos, eludir copyright y hacer que los libros estén disponibles de forma gratuita, no solo perjudica las ganancias de los editores, sino que también desnuda al libro de su aura. (Esto también explica por qué algunos libros se publican en números limitados y en ediciones de alto valor de producción, a pesar de no presentar cambios reales en el texto).


Por todo esto puedo decir qué hay algo brillante en los NFT y es que, por primera vez, se separa completamente la propiedad y el prestigio aurático de la obra. Realmente no puedo apreciar las pinceladas de Basquiat cuando veo una reproducción digital o fotográfica de una de sus pinturas, de la manera en que podría hacerlo si tuviera la pintura en sí. Pero puedo descargar, de forma gratuita, exactamente el mismo archivo digital creado por Beeple que se acaba de venderse por $ 69 millones. Los NFT separan completamente el prestigio, la propiedad y los derechos de cancherear del acceso. Algún rico tonto acaba de pagar una enorme suma por el aura del archivo de Beeple, y presumiblemente esto será revendible indefinidamente, tal vez con una ganancia. Pero esta propiedad única, incrustada en el "token" digital que lo registra, ya no tiene ninguna relación con la posibilidad o la dificultad de mirar realmente el trabajo en cuestión. El aura es un archivo diferente del archivo de la obra en sí. La separación del valor monetario del objeto es muy parecida a lo que sucede con los derivados financieros, que flotan libres de su "subyacente". Hay una "esencia" única, y por lo tanto costosa, prestigiosa y aurática en la obra, pero esta "esencia" ya no tiene ninguna relación con las cuestiones de acceso, o con la disponibilidad real de la experiencia de la obra.


Creo que este sería un gran modelo para aplicar a otras formas culturales. Los escritores están preocupados por vender sus obras y nerviosos por la piratería, porque las regalías son la única forma en que se les paga. Al mismo tiempo, a la mayoría de los escritores les gustaría ser leídos por una amplia cantidad de lectores. Los NFT ofrecen un escape de este dilema. Si tuviera que escribir una novela, y si pudiera vender un NFT asociado de la novela a alguien como, por ejemplo, Martin Shkreli por un millón de dólares, entonces me pagarían por mi trabajo, y aún podría dejar que todos los demás descarguen la novela de forma gratuita. Shkreli podría "poseer" mi novela de la misma manera que posee esa grabación de Wu Tang Clan nunca lanzada al público.


En 2014, antes de que los NFT fueran ampliamente aceptados, RZA vendió a Shkreli los derechos exclusivos de la grabación; nadie más pudo escucharla. Si RZA hubiera podido vender a Shkreli un NFT en lugar de la grabación original, Shkreli tendría los mismos derechos de cancherear, y Wu Tang Clan habría obtenido el mismo dinero, pero la diferencia sería que todo el mundo podría escuchar la música.



Shaviro, Steven. NFTs, 2021.

Traducción Mario Scorzelli

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