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  • Ana Sejmet

No pasa nada




El miedo, las ganas de irse del país y la frustración se han apoderado del alma triste de los intelectuales que hoy no parecen encontrar otra alternativa que lamentarse de forma exorbitada proyectando su pesimismo en el vacío de Twitter… perdón, de X, la flamante plataforma de Elon Musk quién ahora regula el vector con el que circulan todas esas lamentaciones en busca de algún tipo de capitalización.


Si hoy los intelectuales se encuentran visiblemente afectados, no es tanto por el predecible triunfo de La Libertad Avanza sino por la negación a aceptar que ese artificio conceptual abstracto que llaman pueblo piensa por si solo, y piensa muy diferente. El problema de esos intelectuales es su desconexión, su falta de empatía, la imposibilidad de ser al menos un poco populares.


Ese sentimiento de frustración parece algo compartido con la militancia, que hace poquito alzaba su voz, confiada en un futuro electoral promisorio, entonando las siguientes estrofas:


No pasa nada

si todos los traidores se van con Massa

Siempre te sigo

somos los soldados del pingüino.

Vamos transformando la Argentina

Unidos y organizados

Junto a Néstor y Cristina

Los pibes siempre vamos al frente

Pensamos diferente, la patria no se vende


Hoy no está Néstor, parece que Cristina tampoco, no hay unidad, no hay organización y se retrocede de manera timorata en chancletas. Al ver que Sergio Massa se ha convertido en la principal figura del partido Unidos por la Patria parece que deben replantearse algunas cosas. Hasta Axel Kicillof suena como un tipo sensato al invitarlos a componer nuevas canciones. El militante es una figura particular, adscribe a un voluntarismo mesiánico capaz de conducirlo a una inmolación que comparte todas las características con un sacrificio religioso cuya única alternativa es una traición colosal, satánica… Massista.


Hay algo que los intelectuales y los militantes parece que no están dispuestos a preguntarse realmente… ¿Qué pasa con eso que llamaron el pueblo y no se está comportando como esperaban?


Quizás, para empezar una respuesta sincera primero deberíamos reconocer que no es que el pueblo tenga ganas de vender sus órganos, ni que quiera que sus hijos se eduquen mirando pornografía en las escuelas, tal vez solo tengan ganas de elegir la alternativa de un mundo que promete trabajo.


A diferencia de los intelectuales, los militantes y los altos funcionarios públicos hay un sector que extrañamente no parece estar paralizado por el miedo. Los trabajadores, que pase lo que pase saben que la ronda de mates tiene que seguir girando para mantener ordenadas sus vidas. Ir a la oficina, levantar la persiana, saludar a los chicos del gremio, trabajar un poquito… si, es verdad se trabaja poquito, pero con mate, bizcochitos y amigos. ¿Qué tiene el trabajador? A diferencia de los intelectuales y los militantes, los trabajadores son demasiado humanos, tienen amigos y algo muy importante, el trabajo forma parte de su vida.



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