• Valeria López Muñoz

Pintura espacial



Yo no sé si el arte se puede enseñar. Casi todos los días doy clases de pintura en mi casa, pero no sé cómo se enseña el arte. Lo que más me gusta es contar historias de pintura a mis alumnxs. Pero como no me formé en pintura profesionalmente tengo que estudiar mucho. Por eso los fines de semana no salgo a ningún lado; no voy a fiestas en parques, ni a tomar cerveza artesanal, y casi no voy a muestras. Los fines de semana me la paso en internet o con mis libros y fascículos de pintores arrastrándome por las páginas como un gusano de bibliotecas, buscando eso que pueda ayudarme a transmitir algo en mis clases: un mensaje de amor: un chispazo: un “dibuja como quieras”. Así es como siempre hago y así fue como conocí las pinturas astronómicas de Ana Kozel, un domingo a la tarde en mi departamento de Congreso.


Autopercibida artista plástica aficionada a la astronomía y música sin talento, miembro de la Asociación Internacional de Artistas Astronómicos y alumna del taller de Raquel Forner, Ana Kozel se inspira en las observaciones del cielo que hace desde su infancia en el campo llano de la provincia de Buenos Aires, algo que le marcó una fascinación para siempre. Pero también se deja llevar por los documentales que ve, y un poco admira al cosmonauta y artista ruso Alexei Leonov, a quien conoció en una muestra en Alemania “de pura casualidad''.


Ana es cósmica y su página web es como la oficina de unx científicx. Se pueden ver ahí certificados que acreditan sus participaciones en eventos artísticos y astronómicos, videos de archivo en los que aparece hablando sobre el Universo en el Canal 7, fotos de sus muestras y una sola pintura que a vuelo de pájaro no llama mucho la atención, titulada Desde el origen VII.


Es una pintura con bastante negro, pintada con la técnica de rayitas, que por su estilo arremolinado hace pensar en un set de reglas espirógrafas o en un samba mecánico, aunque los colores que tiene no son en sí un parque de diversiones. Más bien son como los colores bellos y vaporosos de las películas de los ochenta, o como una remera de esas películas, eso, como una remera de Volver al Futuro en tonos de negro, rojo, violeta, azul y un poquito de amarillo, un acento. Desde el Origen VII tiene el encanto de las pinturas abstractas geométricas que se ponen en los halls de los edificios en las ciudades terrestres, pero en realidad es una pintura extraterrestre, porque en el año 1996 participó de la Primera Exposición en la Órbita Terrestre realizada en la Estación Espacial Mir,¹ una construcción artificial diseñada por los rusos para sus misteriosas actividades en el espacio exterior.


Primero, esto me hace pensar que ahora al excel de lugares de exposición de obras de arte que conozco donde dice museos, galerías, kioscos, oficina, lavadero de autos, árbol, cyber, cajitas de cartón, barandas, balcón, biombo de mimbre, mochila, tengo que agregar: muestra en una nave espacial. Una muestra de pinturas en el espacio en los noventa es lo que no había y ahora hay, aunque no la haya visto nadie, salvo astronautas.


Mientras tanto o segundo, se me arma una constelación de obras de arte en la mente, casi sin querer, como atraída por el Espiral. Los espirales comunes para mosquitos cuando se encienden espantan, pero este espiral del que yo hablo, atrae. En una clase es importante que haya conexiones entre las cosas y ahí interviene la mente, que es un museo de aire. Como decía, en esta constelación las pinturas espaciales de Ana Kozel están sin duda unidas a la caja de Skip Ultra Intelligent con stickers de animales marinos de Marcelo Pombo, a los Ovnis con fondo negro de Benito Laren, a la valija Un extraño efecto en el cielo de Sebastián Gordín, y a todas las obras de la maravillosa muestra Estrellar de Feliciano Centurión, inaugurada en agosto de 1994 en el Centro Cultural Rojas. Y si la flecha del tiempo no me falla, también se integrarían a los dibujos del libro Viaje Nocturno de Yente de 1951, a los horizontes pampeanos de Luis Ouvrard, y a la danza en ronda tomadxs de las manos del óleo En el planeta Marte de Adolfo Ollavaca de 1939.


¿Qué las une? los colores las unen, los movimientos centrípetos y centrífugos, la alegría del redondel, la filtración del destello, la actitud de telescopio. Por un momento lxs artistas que nos gustan mucho pueden no ser estrellas y ser telescopios (del prefijo tele- y el sufijo -scopio, y estos del prefijo griego τηλε- [tele-], ‘lejos’, y la raíz griega σκοπ- [skop-], ‘ver’).



Notas:


¹ La Primera exposición en la órbita terrestre se puede ver en Twenty Artworks Selected for EuroMir95 :)


Imágenes:


(1) Desde el origen VII, Ana Kozel, 1996

(2) Skip Ultra Intelligent, Marcelo Pombo, 1996


#EspiralAños90 edición especial de textos críticos sobre los años 90s

editado por Francisco Lemus y Mario Scorzelli

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