• Fran Stella

Sol Luna



Es de noche. La oscuridad se cierra sobre nosotrxs debajo de un cielo sin luna. Las constelaciones que alumbran el cielo se ven blancas y brillantes. Nos acurrucamos unxs junto a otrxs bien cerca del fuego para contarnos historias de un mundo que nos aterroriza. Seres del mar se hacen presentes a través de los relatos, nos visitan más tarde en sueños. El miedo que nos acecha de noche porta un significado difícil de desentrañar y las palabras de los relatos rasgan el aire entre nosotrxs trayendo claridad. 


Varias semanas después, el escenario se repite. Esta vez la luna brilla redonda y entera. El fuego ilumina y calienta. En vez de estrellas en el cielo, vemos la tierra alrededor nuestro con ojos de búho. Todo es plateado y azul, las sombras son más frías que el aire. Sentimos doble pues si bien hay claridad en la noche, los contornos de las cosas se esfuman. Esos árboles de allá parecen sirenas. Entre aquellas ramas hay unos seres diminutos y risueños. Quizás no hay tanto miedo ahora pero sí la sensación de que la profundidad del océano se hizo presente en la tierra.  


A veces imagino que las muestras que suceden en simultáneo son estrellas de una misma constelación. Fui a visitar Galería Grasa cuando inauguraba “Las lunas siamesas iluminaron mi sueño” de Amparo Viau. En la otra sala estaba ya inaugurada hace unas semanas “Presencias” de Galaxia y Mar.

 

La intuición confirmó mi hipótesis: las dos eran parte del mismo patrón estelar. Pero ¿Qué dibujos forman vistas desde lejos? ¿Cómo es el mito que de ella se desprende? ¿Cómo es el vínculo entre las muestras? ¿Qué imágenes nos traen desde los rincones más remoto de nuestras psiquis?


Muy rápidamente pienso en el Ciclo Sol Luna. Es uno de los relojes astrológicos que marcan el despliegue de la carta natal. Como todo ciclo en astrología, atraviesa doce fases que van de la manifestación a la disolución (como el zodiaco mismo y sus doce signos). Pero a diferencia de otros ciclos, como el de saturno - del que el retorno es un momento icónico y temido - el ciclo sol luna está menos regido por patrones civilizatorios y más sintonizado por una búsqueda interna. Una especie de investigación para juntar cierta cualidad vibratoria (un signo) con ciertas experiencias de vida en la tierra (casa). Y como si para hacerlo, fuésemos unos científicxs locxs para quienes el juego y la intuición son más que suficientes como para armar una teoría.


Si lo traducimos salvajemente podemos pensar que el ciclo sol luna nos habla de un movimiento de adentro hacia afuera. No tanto de adaptación a la realidad o de hacernos un lugar en el mundo, sino de un movimiento sutil en el que el vínculo entre el sol y la luna, entre lo consciente y lo inconsciente, se vuelve lo central. Esto es importante: lo central en el ciclo es el vínculo




Dane Rudhyar fue un astrólogo franco-estadounidense que participó de la corriente que a principios de siglo XX mixturó la astrología con las investigaciones en relación a la psiquis que la psicología trajo. Escribió un texto bastante aburrido y técnico que se llama “La estructura del ciclo de las lunaciones” que, sin embargo, produce al leerlo una imagen interna preciosa: la de la luna como recipiente que se acerca periódicamente al sol para embeberse de su luz y luego acercarse a la tierra como una copa para verter, en la oscuridad de la noche, la luz solar. Esta imagen arquetípica es también una imagen colectiva para el matrimonio, un modelo de lo complementario en el que un principio activo (el sol) se encuentra con un principio receptivo (la luna) y de su comunión se produce algo. 


La primera sensación al entrar a la pequeña sala donde la muestra de amparo tiene lugar fue la del impacto. Mi cuerpo impactado por colores y formas que vinieron al encuentro, me sujetaron como los tentáculos de un pulpo y me retuvieron en el centro de la sala para que yo también desarrolle tentáculos sensoriales. La información es 360 y es, además, no focal. Las tramas recubren las paredes y el techo y el ojo entonces percibe no solo donde hace foco sino también por la periferia. Es interesante que una muestra tan impactante abra espacio en el cuerpo para una contemplación des-focalizada. 


Pero además, el gesto de amparo también es impactante. La manera en la que el material se encuentra con el soporte no es otra que la manera en la que yo me encontré con las obras. Como cuando dos imanes, después de haber sido retenidos a cierta distancia, se juntan fuertemente: un impacto inevitable. Pienso que la muestra de amparo se mira con el cuerpo, se contempla con la periferia del ojo, se mezclan tacto y vista en otro sentido desconocido. 


Me agrada pensar que en el nombre de la muestra, Amparo desdobla la luna en sus dos caras, la luminosa y la oscura y las vuelve siamesas. La esfera desdoblada en sus dos caras ya no puede esconder más su otro lado: el que mata, el que asfixia.

 

Estas lunas también iluminaron en plena noche. Lo hicieron de manera ambivalente y agradezco que lo hicieran prepotentemente: esta luna no es solo un principio receptivo, una copa capaz de contener la luz sino también un puñetazo contundente que ilumina nuestras fantasías más oscuras y recorta sobre la impenetrabilidad de la noche siluetas fluorescentes de criaturas mitológicas que boxean, que se enredan entre sí para darse placer. 


Miles de años después, nos juntamos alrededor del fuego en la noche y nos damos permiso para que los relatos no disipen del todo el miedo que la oscuridad produce. Le pedimos a la luz del sol que llega a través de la luna que nos muestre lo suficiente para seducirnos, tomar coraje y zambullirnos de lleno en los paisajes insondables de lo oscuro. ¿Qué encontraremos con nuestros rayos de luz ahí?


Cuando entré en la sala en la que la muestra Presencias de Gal y Mar sucede, el cambió de atmósfera fue notable. Fue como encontrar después de mucho andar por un bosque muy tupido y oscuro, un claro despejado e iluminado por la luz del atardecer. En vez de polen y polvo, lo que veo flotar son corazones y lentejuelas. En una primera capa, siento esta bocanada de aire fresco y color rosa como una oda a la inocencia y la fantasía. A lo que muestra sus superficies para ser visto y acariciado con la punta de la yema de los dedos. 


Sin embargo, con la permanencia en la sala algo distinto me empezó a pasar. Detrás de esos primeros brillos, descubrí guiños y pistas para recorrer el camino que lleva a capas más profundas, en un recorrido doble: de la muestra y de mi mismx.


Sentadx contra la pared de la puerta de ingreso veía de un lado de la escultura central, un bordado con referencias a la luna y del otro uno con referencias al sol. Entre ellos, un corazón luminiscente con la cara de Gal y Mar. Justo debajo, un Zapato imposible, maravilloso en su espectacularidad reluciente. De pronto, se armó un circuito neuronal nuevo en el que el zapato se me apareció como un objeto capaz de contener, como la luna y capaz de emitir, como el sol. 


La muestra de GALYMAR me pareció entonces aún más agresiva que la de amparo. El taco central es copa y espada, es el recipiente lunar que se acerca al sol para recibir su luz en su interior y contenerla y es también la aguja que pisa fuerte en la calle para decir que otras maneras de caminar son posibles.


El mito del matrimonio entre lo “masculino” y lo “femenino”, palabras que tradicionalmente se asocian al Sol y a la Luna, se rinde ante la fantasía y el juego. La luna y el sol se hicieron eco de las tendencias y les preguntamos ¿Cómo se autoperciben? 


Las muestras comparten mundos y símbolos. Lunas, sirenas, mitos, romances, encuentros. Dos mundos oníricos, de ensueño, se hacen materia e irrumpen en el mundo de las formas y el mundo ya no es el que era. En ese gesto agresivo, que podríamos llamar también ariano, la realidad misma debe re ordenarse para equilibrar y ahí sucede la magia libriana. Claro que solo de manera agresiva dos mundos tan sutiles podrían hacerse presentes como cuerpos entre nosotrxs. 



Algunas semanas después, visité Ajenjo de Belén Boeris en Casa Proyecto. Esta nota estaba ya escrita en su versión final, o casi. Habiendo visto la muestra en fotos por instagram, algo me decía que resonaba con estas ideas. Más allá de los vínculos formales con la muestra de Amparo, algo más misterioso me susurraba al oído sin dejarse entender. 


Cuando entré en la muestra, me sorprendí mucho. A pesar de haber visto fotos, no dejó de  asombrarme. Las obras son muy bellas y van revelando sus muchas capas de profundidad con el tiempo e incluso con algunos cambios de luz.


Pero lo que llamó más mi atención fue la invitación a adorar. La muestra de Belén me propuso un doble movimiento: el de reconocerme en una tradición en la que lo binario ocupa un lugar central y a la vez, transformarlo en el contenedor de otros misterios, otras criaturas, otros colores. Adorar esas obras como se adoraron otras muchas en capillas y templos, como se adoraron la luna y el sol en otros tiempos.


Entonces me llevo esa aparición inesperada, la del verbo adorar, a las muestras de Amparo y de Galaxia y Mar y vuelvo a la pregunta que abrió esta nota: ¿Qué dibujo forman estas muestras? ¿Qué mitos necesitamos escuchar hoy?




imágenes:


1. Presencias de GALAXIA Y MAR en Galería Grasa

2. LAS LUNAS SIAMESAS ILUMINARON MI SUEÑO de Amparo Viau en Galería Gasa

3. Aenjo de Belén Boeris en Casa Proyecto

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