Finlandia, Hall

December 20, 2016

 

Al subir las escaleras de Finlandia Hall (alias FH) se despertó la glándula de la emoción que las redes sociales adormecieron en Fernando en los últimos años. Porque los escalones de maderas viejas y repintadas culminaron en un primer piso donde varios retratos de personalidades históricas de Finlandia, lo miraron fijamente. Y porque en la sala principal de la casona, la sala de techos altos y una arquitectura mitad re-cementada y mitad mantenida en su antiguo formato y color, Fernando vio las obras de Andrés Brück y Gustavo Eandi, a quienes antes no conocía. Algo muy típico de Fernando es surfear la web en busca de los destacados de cada evento que asiste, porque le gusta ser precavido y hacer amigos, agregarlos a su listado de los cibernéticos primero, para después invitarlos a salir por la red social que empieza con F, como su nombre y como FH.

 

Fernando busca eventos en Facebook cada día. Un martes, su “amigo” Jeremías (de los virtuales, por eso las comillas) le pasó el evento-inauguración de la fórmula Brück+Eandi, a lo que él le respondió “say no more”, puso asistiré, pidió dirección por mensaje privado y al llegar el sábado se dirigió directo del trabajo al punto de encuentro: San Telmo, sobre Av San Juan.

 

En la sala principal, Fernando se movió en círculos, se agachó, tocó alguna que otra superficie (sí, metió mano porque la sensación de tocar fue parte de los impulsos emocionales que la muestra generó en él) y escuchó a través de los vidrios partidos por uniones metálicas de una inmensa puerta, de la que provenía una música. Unos sonidos. Unas vibraciones atrapantes en tonos graves y bajos, y una luz muy verde. En ese vaivén de idas y vueltas que marcaba Fernando en el piso (porque de su vaso con vodka caían gotas cada dos pasos, no por rotura del plástico sino por torpeza de Fernando al sostener y apretar cualquier cosa que tuviera en su mano) miró con detenimiento los seres y animaloides de carácter mítico y místico a su alrededor, en las obras embebidas de simbologías y figuras que él bien conoce: derivadas de emoticones, de dibujos del cibermundo, del post-internet. Y también otras formas religiosas, espirituales, frases con tipografías góticas al estilo de caligrafía medieval, de manuscritos bíblicos. Un abrebotellas de birra de un lado con un culo entangado en madera del otro, una cortina de baño, velas con luz tintineante a pila, azulejos y un gran Menorah de hierro con velas no de cera sino de salchichas (de las comestibles). El listado podría seguir, pero en la cabeza de Fernando retumbaron las frases “No te me plantaste”, “Kachorra” y “A ver el grito de las mujeres solas” pintadas en telas; lo mismo con el dibujo de Brück en el que se ve una pica (la de los naipes) con cara triste, es la reinterpretación del tipito de palitos que dibujamos con rapidez al representar una persona, el mismo tipito del juego del ahorcado, pero este tiene las pelotas infladas pensó Fernando y rió. Luego agregó ambos artistas conviven por exponer otro modo de contar las cosas, que deviene de las formas de expresión más en boga del siglo XXI y de formas de siglos pasados en las que se inscribe todo lenguaje: la configuración de dígitos, signos, símbolos, códigos. Y en este juego objetual y semántico, los elementos funcionan entre sí como un ritual sádico-anacrónico.


Fernando no solo despertó de la hibernación transestacional en la que estuvo sometida su cabeza un largo tiempo, sino que se activaron esa glándula de las emociones, y la de al lado, y las 3 neuronas de arriba también. Y desde la terraza de FH repleta de gente endrogada (dícese con drogas y alcohol en las venas), donde se venden falafel y birra a un precio descomunalmente barato (más aún que en el chino de la esquina) Fernando no miró su celular en toda la noche. Al final del event salió a la calle y se dio cuenta que ni su amigo ni el resto de la gente estaban ahí, ni tampoco allá, ni en ningún lugar cercano; así que metió su mano en el bolsillo, agarró el celular, hizo una mueca de aceptación y alegría con la comisura derecha de sus labios, le dio un chupón a la pantalla y repitió en voz alta “Solo tu y yo…Solo tu y yo…”.

 

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