Pueblos violentos (y Michel Houellebecq)

 

–Es raro cómo aparecen los programas de política en su literatura, personajes que se calientan algo en el microondas y se ponen a mirar un programa como si fueran acá los de Carlos Pagni o Morales Solá...

 

–¿Esos programas que aparecen en sus libros, son emisiones de TV de alguna manera transparentes en su mensaje? Digo, suenan extraños si uno los compara con los programas de la TV argentina, que son muy obvios y al mismo tiempo poseen una densidad (un nivel de ruido, ambigüedades y confusión) que no se si en otras latitudes están tan acostumbrados... en cambio en el caso de Houellebecq, parecería que existe una relación más inmediata (y medio artificial) con la escena de un burgués que "se sienta ver un programan de TV".

 

–También hay algo con la figura del experto que aparece en TV, que es como el opinólogo argentino, justo en un momento de crítica generalizada a los expertos. Como cuando los encuestadores en un programa de cable dicen "el electorado nos está queriendo decir algo" o cosa por el estilo. Lo que pasó con las recientes equivocaciones de expertos alrededor del mundo en todas las elecciones, por ejemplo, fue un golpe muy violento para esa forma de concebir la política y sin embargo al día siguiente en todas las cadenas mundiales es como si no hubiera sucedido nada.

 

–¿Vos decís en términos de cuestionar a esa modalidad "expertise"?

 

–Sí.

 

–"El electorado nos está queriendo decir algo"... suena como una sesión de espiritismo, pero es verdad, el año pasado los expertos se equivocaron y quedaron en la línea de fuego. Es un momento de descrédito de la burocracia hermenéutica, los consultores, analistas, ese tipo de figuras. Houellebecq parece que hubiera leído mucho a Débord por como plantea la política como espectáculo, pero desde el rincón opuesto al de Débord.

 

–Y además sus opiniones en contra de la intelligentsia de izquierda francesa lo harían un votante predilecto de Sarkozi (o de Marcos Peña) y sin embargo también destruyó a Sarkozi con sus críticas. Yo creo que hay algo con su tipo de nihilismo que no lo hace fácilmente digerible para cualquier establishment actual (el de los expertos, think tanks, gurús de la felicidad, etc.), sobre él escuché el término "realismo depresivo". Si no fuera tan sofisticado sería el votante perfecto de Trump.

 

–Sobre todo porque el término "realismo depresivo" es lo primero que a uno se le viene a la mente cuando ve la imagen de un votante de Trump.

 

–Llama la atención, y por ahí sea su característica fundamental, el hecho de que su nivel de apropiación intelectual jamás pasó por el pensamiento crítico de las academias francesas del siglo XX, concluye en los moralistas franceses, en Schopenhauer. ¿Se trata de un mero gesto llamémoslo conceptual? O hay algo que su troupe de fanáticos alrededor del mundo nos quieren vender como "autenticidad".

 

–Su principal gesto político fue irse a vivir a Irlanda para pagar menos impuestos. Y le duró poco. El resto, sí, es ese sarcasmo nihilista pero mezclado con un idealismo difícil o que aparece bien entre líneas. Y por momentos aparece también la fe en la escritura, la literatura como un espacio ideal, lejos del personaje público de provocador que parece que solo buscara agitar la opinión pública. Sumisión es un libro que parece escrito solo para hacer sentir mal a la gente que lo lea, pero comienza con la idea de que leer un libro es como ponerse a hablar con un amigo, entrar en contacto con la voz de alguien.

 

–¿Y si en realidad quisiera en el fondo solo producir ese gesto naïf de contacto afectivo con el otro, con el lector, y necesitara rodear todo eso de una nube negra cínica poscapitalista para que lo otro, lo que verdaderamente le interesa a su corazoncito romántico y soñador se recorte, se vea bien, se recontextualice; pueda volverse a introducirse, digamos, en la serie de lo actual?

 

–Eso se ve bien en La posibilidad de una isla, cuando asistimos al nacimiento de una nueva religión, de un nuevo mesías (a pesar del crimen que de alguna manera habilita su aparición). Se produce en el lector una sensación absolutamente inesperada y paradójica pero absolutamente real de fe o inocencia necesaria. Ese es el efecto Houellebecq por excelencia.

 

–Esa novela anticipa también a Quentin Meillassoux, La inexistencia divina (su libro inédito, pero abundantemente glosado por Graham Harman)... Meillassoux dice que el orden actual del cosmos dominado por la inteligencia va a dejarle paso a otro, dominado por la justicia, en el que los muertos reviven. La posibilidad de una isla es como una utopía y también una novela de amor, si una historia entre un viejo amargado y una pendeja puede ser amor. En esa novela también aparecen más referencias de Houellebecq. Burroughs y si no me equivoco y Baudelaire también.

 

–Era inevitable ligar a Houellebecq con el realismo especulativo o con la nueva metafísica, aunque más no sea por la ineluctable intersección de objetos culturales a los que nos somete el régimen de lo actual (y además por su ligazón con Lovecraft, recordemos que escribió una biografía de él). Pero hay una parte que me chinga un poco y es la desproporción entre el "humanismo Kitch" de Houellebecq y las especulaciones extremas antihumanistas de los nuevos metafísicos, la subjetividad alien, lo que vos decías de Meillassoux, digamos, todo lo que le falta a Houellebecq para que su nihilismo sea verdaderamente cósmico.

 

–Pero tal vez haya una intersección interesante en ciertos objetos de la industria cultural, en la serie True Detective por ejemplo, se utilizan parlamentos de Eugene Thacker y de Thomás Ligotti (escritor nihilista poslovecraftiano) y hay un punto en el cual ese estado de animo, ese desencanto pop que atraviesa la serie se parece un toque a Houellebecq.

 

–Todo ese elemento posthumano de los nuevos filósofos son temas que en Europa al menos se charlan en la TV. El candidato del socialismo francés a las elecciones de este año, Benoît Hamon, retoma explícitamente las consignas del aceleracionismo de izquierda,. En Sumisión de alguna manera la trama política se destraba en una negociación, cada bando tiene su propia expresión dentro del sistema (el Frente Arabe y Marine Le Pen) y fuera de él (la Jihad y los “movimientos identitarios”, algo parecido a una alt right militarizada) y la novela coquetea con un momento apocalíptico de guerra civil y un desenlace pacifico, concertado, de reacomodamiento del sistema político.

 

–Existe la opinión de que los votantes de Trump no buscaban desencajonar el sistema sino que al revés confiaban en la capacidad del sistema para encajonar a Trump.

 

–Hoy en día internet esta lleno de comentarios un poco impuntuales sobre el fin de la globalización, aunque una victoria de Geert Wilders en Holanda no parecería tampoco un gran trastorno, comparado con la revolución rusa cien años antes.

 

–Al final Houellebecq con su obsesión por la actualidad como materia para ser expoliada desde todos los ángulos, y más allá de sus berrinches, no es más que un hijo del estado de bienestar y del la TV pública francesa.

 

–Houellebecq por ahí sigue siendo contemporáneo porque siempre atrasa un poco. ¿Los aceleracionistas lo habrán leído?

 

–Es una probabilidad muy cierta, y conectado con eso me aparece otro interrogante ¿Los europeos continentales no son un poco más matizados en sus distopías? Digo, en relación a la archiconocida frase de Jameson: "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". En Europa, los imaginarios apocalípticos tal vez deban pasar sí o sí por una situación de guerra civil para resultar creíbles. Incluso imaginarios como los de Ballard o más recientemente China Mieville son mucho más verosímiles en Europa continental que en las Islas Británicas.

 

–Coincido, la película Hijos de Hombre de Alfonso Cuarón, por ejemplo. Su imaginario de guerra civil, de estado de excepción como situación permanente, le debe más a los imaginarios sobre Kosovo y sus conflictos interfrontera que a los campos verdes del Rey Arturo. ¿No habría en el Brexit un problema de fondo estético que todavía no ha sido pensado?

 

–Guillermo Moreno dice que los europeos son "pueblos violentos".

 

–En relación a lo que hablábamos anteriormente, todo este reciente intringulis europeo llegó medio de sorpresa incluso para la opinión culta. A Carlos Pagni le duró hasta mayo o junio del año pasado la idea de que Latinoamérica estaba cambiando de piel, pasando de una racionalidad populista a una de tipo institucional y de libre mercado. Desde el Brexit en adelante fue todo confusión para él.

 

–Carlos Pagni que sería un perfecto personaje de Houellebecq, un señor con tendencias sádicas que hace chistes de política con otros señores.

 

–Justo mientras caminaba por el centro pensaba que Houellebecq es programador de profesión y parte de toda esta nueva derecha aceleracionista (los neo reaccionarios) de hace unos años salió de blogs de programadores como Mencius Moldbug y Anissimov. Lo curioso es que para cumplir con los deseos libertarios de estos pensadores, la base de apoyo de Trump, los pobres trabajadores blancos de la "canasta de deplorables" tendrían que ser exterminados como un resto inútil de la edad industrial; a ellos Trump no les prometió más neoliberalismo cibernético como le gusta a Moldbug (su país favorito es Singapur o alguno de esos), sino más estado y proteccionismo.

 

–Hace rato que creo que Carlos Pagni está sobrevalorado, no tanto por los tecnócratas neoliberales, los cuales a demás de no entender nada de nada entienden aún menos de gestos o más bien de "ademanes" intelectuales (en el sentido que lo pensaba David Viñas y cuyo cultor último "en retirada" tal vez sea Jorge Asís, seguido de cerca por el propio Pagni) si no más bien por los propios blogueros polémico–vanguardistas: estoy hablando de Martín Rodríguez, la revista Crisis, la revista Paco, etc. Me parece mas bien como que sobreinterpretan lo que no es más que un eslabón final, en forma de "ademán", de una especie de personaje gótico sobreinformado y con cierto ingenio, el cual le viene más del periodismo de investigación que de veleidades hermeneuticas.

 

–Esa leyenda suburbana que dicta que Pagni es "de los servicios" me obliga a hacer el chiste de si Houellebecq no será en el fondo, también, "de los servicios".

 

–Pagni fue una sensación de época, nada más, de hecho le fue mejor al chiquitín que tenía de columnista económico, aunque en los comienzos era co–conductor pero después lo fue relegando.

 

–¿No es increible que el efebo de Pagni haya sido contratado por un one hit wonder, es decir por un artículo publicado en La nación que se ve que para Macri tenía "la posta"?

 

–Estaba pensando que tampoco los cultores de la izquierda aceleracionista, es decir los autores del manifiesto, Alex Williams y Nick Srnicek, saben bien qué hacer con lo que queda del fordismo de las franjas del centro que votaron a Trump y que aguardan un nuevo proteccionismo, es decir un capitalismo que para subsistir debe desacelerar un poco el neoliberalismo.

 

–En Argentina vemos que el peronismo reacciona mejor a la agenda internacional, con menos sorpresa. Lo que no tiene Latinoamérica en general es un relato de la globalización, que es además el esqueleto del diagnostico desencantado de Houellebecq.

 

–En Europa y Estados Unidos las franjas educadas e inmersas en la "nueva economía" votaron al revés que los deplorables de Trump. Todas esas personas que en las novelas de Houellebecq parecen tristemente sumidas en el hiperconsumo, en Londres votaron para seguir en la Union Europea y en Estados Unidos votaron a Hillary, de alguna manera fue un voto conservador.

 

–Creo que la globalización era en gran medida un relato imaginario, una burbuja, y que recién ahora estamos percibiendo los límites que le impone "lo real", o mejor dicho, lo están percibiendo los flujos financieros y la working class del primer mundo, porque la filosofía, la crítica política, el pensamiento, literaturas como la de Houellebecq y nuestra clase trabajadora ya la habían diagnosticado mucho tiempo atrás. Nunca esperé escuchar de un presidente norteamericano que "el libre comercio no existe", en palabras similares a las de Cristina.

 

–Es interesante eso de que Latinoamerica no tiene un relato de la globalización. ¿Que supondría exactamente? Porque es verdad que a los escritores de ficción especulativa latinoamericanos les cuesta un poco más hablar de lo global, siempre es como que tienen que hacer un esfuerzo suplementario o un pedido de disculpas, algo que a escritores globales como Houellebecq les sale más naturalmente. Sin embargo yo pensé que eso había comenzado a cambiar en los últimos años. Ahora no sé. Son las asincronías de la relación entre ficción y realidad en este momento de lo que queda de la vieja y querida globalización.

 

–Esa vida que llevan algunos personajes de Houellebecq, de llamar putas de África del Norte, comprarse por internet una cámara de fotos japonesa y calentar comida india en el microondas es la mejor definición de una globalización que en definitiva no fue más que la consolidación de un mercado único con salarios altos, en un único continente que todo entero es apenas más grande en superficie que la Argentina. Sumisión trata del declive de esa forma de vida justamente; el libro tuvo problemas de difusión porque coincidió el lanzamiento con el atentado a Charlie Hebdo, pero ni siquiera habla mucho del mundo árabe y su cultura, ni tiene nada que ver con un supuesto pensamiento anti árabe. Es un libro sobre la fragilidad de Europa como idea, su evanescencia comparada con los quinientos años de guerras terribles (las que recuerda Moreno cuando dice que son "pueblos violentos") salpicadas con una generación o dos de mercado común. Es como el canto del cisne de la globalización entendida a la manera europea.

 

–Eso que decís me hace acordar a lo que escribió Zizek, en caliente, sobre la matanza de Charlie Hebdo, eso de que el problema no era la diferencia cultural sino el hecho contrario de que los fundamentalistas "ya son como nosotros", de que, en secreto, ya tienen interiorizados nuestros estándares y se miden a sí mismos por ellos y por eso aceptar que el conflicto entre la permisividad liberal y el fundamentalismo es en última instancia un falso conflicto, "un círculo vicioso de dos polos que se generan y se presuponen mutuamente".

 

–Me dejaste picando la frase de que "tal vez sea más fácil imaginar el advenimiento de una Europa musulmana que el fin del capitalismo". Digo en relación con la posibilidad de imaginar que la meritocracia, la privatización de lo público y ciertas formas del consumo liberal podrían coexistir con un modelo de estado musulmán.

 

–Es una especulación de ciencia ficción, pero en parte coincido, y más si pensamos que el modelo chino lo entendió antes y mejor que nadie. Ciertas formas de incentivo estatal, en un modelo comunista de transición, paradójicamente promueven mejor que en un país liberal con sueldos altos, la instauración de todo un modelo de negocios para productos globales, que de otra forma no podrían concebirse a nivel mundial.

 

–¿Por ejemplo?

 

–Me refiero a la marca Apple y a su producto estrella, el Iphone 7.

 

–En relación a eso podríamos pensar que el fin de la globalización a la europea no es el fin de la globalización a secas, a pesar de los cantos de sirenas que escuchamos por ahí.

 

–¿Eso significa que ir de compras a Chile tendría de alguna manera, una cierta justificación estético-filosófica?

 

–Fuiste demasiado lejos, tal vez hayas leído demasiados libros de Houellebecq y estés comenzando a afiebrarte. Me refería más bien a Taringa o a Mercado libre.

 

–¿Sigue existiendo Taringa?

 

–Por su puesto, está en su mejor momento, cada vez más parecida a Reddit.

 

–Hace mucho que no entro, por lo menos desde que Rafael Cipollini dictamino que "las redes sociales mataron internet".

 

–Un espíritu recorre Sudamérica...

 

– ¿Cuál?


–El espíritu de la retromanía.

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