Administrando la pobreza

July 8, 2020

 

 

Me compré tres camisetas, de esas con agujeros,

y pienso seguir comprando otra y otra porque encontré un lugar donde salen $2.


Rosario Bléfari, Diario del dinero

 

 

Nuestro país enfrenta una estrepitosa caída económica que comenzó antes del 10 de diciembre pero se agravó notablemente en los meses sucesivos. Sin entrar en el debate sobre si la crisis local es generada por la pandemia o por la cuarentena día tras día los casos de Covid positivo suben mientras la economía se desploma y no tenemos una real noción de cuánto más seguirá agravándose esta situación. La impresión generalizada es que aún no hemos visto nada.

 

Por supuesto la perspectiva para la escena artística no es para nada esperanzadora. Tentados por el slogan “el Estado te cuida” hoy todos los sectores involucrados en la comunidad han solicitado la asistencia paternal. Finalmente, como en el tango, todos vuelven vencidos a la casita de los viejos. En la cola están las galerías disfrazadas de centros culturales para poder acceder a subsidios, los artistas que dedican largas horas a llenar las burocráticas aplicaciones para solicitar ingresos de emergencia y los museos de nuestros magnates —pobrecitos— pidiendo unos mangos para pagar los salarios de sus amantes. 

 

Parece difícil argumentar a favor del financiamiento de cosas como estas con la plata del ANSES. Un galerista —monotributista, sin empleados y que realiza casi todas sus operaciones en negro— recibiendo el equivalente a 10 ingresos familiares de emergencia suena bastante lejano a la justicia social que, de acuerdo a su doctrina, tiene como prioridad número uno ocuparse de los niños y los mayores ¿A quién se le habrá ocurrido la idea de transferir ingresos de los jubilados a los galeristas? bueno...

 

Por otra parte, nuestro mercado está aniquilado. El intento desesperado de recurrir a Artsy demuestra que la situación no es para nada alentadora. Utopía — vaya nombre— , la gran esperanza de la feria arteBA, apenas vendió $8500 dólares en 26 obras representando un promedio de $326 dólares. A una cotización del dólar según el Mercado Único y Libre de Cambios son, alrededor, de $22000 pesos. La mishiadura también se siente en Stage donde la clase media de la comunidad recaudó $50.000 dólares en 41 obras. A razón de $1200 dólares por obra. Las tan esperadas compras institucionales este año brillaron por su ausencia y, para sorpresa de los locales, las únicas tres adquisiciones fueron de artistas y/o galerías extranjeras. Triste noticia para los que reclaman solidaridad con la escena local.

 

Aparentemente, estas dificultades que ocasiona la conversión de valores se anularían con el fin de la dolarización del arte, esa parece una opción que se está estudiando ahora seriamente. Pero, cambiar el signo monetario tal vez no sea suficiente como para solucionar problemas que no siempre pueden reducirse a la política económica.

 

Hoy hay un debate vigente y es qué lugar va ocupar el arte en lo que queda de nuestra sociedad. Pero, en vez de imaginar propuestas sobre cómo generar riqueza, sumar capital y ampliar las posibilidades de realización hemos escuchado algunos versos estatizantes y solidarios que proponen distribuir de otra manera las pocas migajas que quedan.

 

Volviendo al punto en cuestión, parece que la escena local no necesita administrar la pobreza sino pensar cómo podemos generar y distribuir más riqueza. Para eso vamos a necesitar sacarnos de encima el preconcepto de que el Estado es bueno y el Capital es malvado. Hoy tenemos un Estado que distribuye de forma ineficiente algo de plata del ANSES, esa no parece ser la salida. Solo una iniciativa concreta de un grupo de coleccionistas federales distribuyó, en solo una semana, más de $549.000 pesos a 50 artistas y no es el único caso. También vimos a otro empresario —con muy buenas intenciones— que largo $6.000.000 de mangos en becas otorgadas a partir de un tristisimo concurso literario de lamentos que invita a los artistas a exponer sus desgracias al juicio moralizante de un jurado de expertos que ha dejado de calificar lo lindo para concentrarse en lo pobre.

 

 

Hay que buscar otra salida, una más linda. La forma es importante. 

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