• Marina Alessio

#2020


Sobre la exposición #2020 de los artistas Paula Castro, Laura Códega, Ariel Mora, Déborah Pruden, Dudu Quintanilha, Marisa Rubio, Paulina Silva Hauyon y Marcela Sinclair en Mite galería.

Imagen de portada: Marisa Rubio.


2020, qué año raro. El mundo se enfermó, los sistemas de salud empezaron a colapsar, la crisis económica es mundial como la epidemia, los yanquis se cansaron de que la policía sea muy mala y salieron a la calle a prender fuego todo, grupos de ultraderecha surgieron en todo el mundo y lograron tener una voz que asusta. Nos dejó Rosario Bléfari. También De Loof, Génesis P-Orridge, Bill Withers y los padres de varixs amigxs: El fn del mundo como lo conocíamos y el principio de uno nuevo, distópico y virtual, bastante más feo. Y empezamos a quedarnos ciegxs de verlo todo en pantallitas.


La cosa se puso muy “Te world was on fre and no one could save me but you”, pero “you” para todxs fue y es algo distinto.


Las agendas culturales se cancelaron, las galería de arte cerraron y mi trabajo (generar exhibiciones); como el trabajo de miles de DJs, barmans, actores de teatro o vendedores de pochoclo en salas de cine; por un momento, dejó de existir.


Entonces me puse a sacarle fotos a la luz como cuando era estudiante y me tiré en el piso a escuchar discos, durante cuatro meses. Porque, como tituló Gastón una muestra una vez, La música es mi casa, y este año se trató de eso: de esa conjunción entre lo familiar y lo siniestro como en un gran sueño freudiano; del refugio en lo que conocemos bien en el medio de lo más desconocido que le tocó vivir al mundo en el último siglo.


Y Maro bebió. Preparó un trago distinto cada día, subió su registro a Instagram, y bebió. Bebió y escribió un diario del aislamiento, un aislamiento tan real que comienza una entrada con la frase “Escuchamos el timbre como un llamado de otra dimensión”.


Paulina y Dudu siguieron trabajando en proyectos que empezaron en 2019, Paulina editando las fotografías, misteriosas y oscuras, que tomó en su proyecto de investigación sobre el Jardín Botánico Tropical de Lisboa, Y Dudu editando su video performance e invitando al baterista Giovanni Sortino a sumar su percusión desprolija, por momentos inconexa y sin métrica, al sonido original de la perfo en la que cada performance responde sí o no a sus recuerdos de unas preguntas que no escuchamos, hasta que una de ellxs las devela: “Sí siento que mi trabajo puede ser irrelevante. Pero amo el arte”.


Deborah pintó chiquito, bodegones abstractos con aires surrealistas en formato “quedate en casa”. Paula inauguró la “galería tacho” e hizo una convocatoria por Instagram de las peores obras que lxs artistas hayan producido en los últimos tiempos, las obras que den ganas de tirar al tacho.


Marcela siguió haciendo joyas con materiales devaluados pero esta vez, en un acto premonitorio, hizo coronas. Coronas inusables por lo incómodo e insoportable de cargar ese peso.


Hablando de brujería, nuestra bruja Laura Códega siguió siendo Laura Códega como si nada pudiera afectar a su pintura que está, y siempre estuvo, más allá de cualquier posible realidad.


Y Ariel siguió proyectando luz y color en el espacio, con estas esculturas que produjo encerrado en su casa mientras miraba Sailor Moon y fondos de paisajes.


Y un día las galerías volvieron a abrir bajo el protocolo de lo que ahora conocemos como “nueva normalidad”. Mi trabajo volvió a existir. Pero retomar el calendario programado de individuales de alguna forma perdió sentido. Pensamos que teníamos que volver, después de tanto aislamiento, todos juntxs y resistiendo. Como una familia disfuncional que atraviesa un pequeño apocalípsis.


#2020 es un invento improvisado, por momentos misterioso y surrealista, por momentos absurdo y por momentos molesto pero con un poquito de optimismo. #2020 es una muestra rara, como el 2020.


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