• Greta García

Asignación Universal de Obras de Arte


El coleccionismo es una práctica que puede convertirse en algo cuestionable, como saqueo local o museificación de los garages del mundo. El almacenaje debería circunscribirse a la actividad agrícola, jarrones o tanques llenos de granos iguales entre sí. La información genética de las obras de arte es perfectamente opuesta a la de la soja. Nadie puede adquirir un derecho que enmarque con la justicia suficiente el traspaso de una obra a manos particulares. Esa ley va a ser falsa a los ojos de la justicia. La justicia de las obras de arte.

Esto es un problema, un arma de doble filo: si un griego exige al British Museum el cacho de Partenón que le corresponde, podría decir lo mismo: esto es mío, aunque no lo hice yo ¿Por qué importaría dónde se encuentran las esculturas del tímpano de un templo ateniense? Reclamar esto bajo la consigna del patrimonio local no va en contra del coleccionismo, que muchas veces se produce en el mismo territorio, y que, como ya establecimos, es una práctica cuestionable.


Quién debería tener las obras de arte es una pregunta que tiene que responderse con una seriedad que excede al impulso cocainómano del mercado. El mercado es enemigo de las obras de arte porque las convierte en objetos de nula resiliencia o capacidad de ser algo más que sí mismas. Reduce la historia de una obra a las paredes en las que estuvo colgada, los garages en los que estuvo escondida.


Gruner odiaba que en los museos no se puedan tocar las obras. Lo entendía, como uno entiende que el coleccionismo es algo que pasa y puede defenderse, en tanto y en cuanto sostiene en parte todas las otras prácticas artísticas. Debemos defender el coleccionismo porque es de las pocas maneras que existen actualmente de obtener los frutos del trabajo. Pero eso no significa que sea una solución justa (sobre todo, como ya dijimos, justa para las obras de arte).


Decía que Gruner odiaba que en los museos las obras de arte no pueden ser tocadas, porque implica muchas cosas aberrantes, tantas que no sabría por dónde empezar. Entonces empiezo por la peor de todas: la obra se doblega ante su propia fragilidad, y en vez de inmiscuirse en la vida humana, aportando sus riquezas sensoriales, debe ser tratada como este pequeño bebé enfermizo que está constantemente a punto de morir.


La obra de arte debería enfrentarse al humano como objeto macizo y volumétrico que existe en el mundo, con esa fortaleza inigualable que se desprende del estar ahí. En cambio, se pretende construir este destino sintético y teórico en el que son preservadas hasta el fin de los tiempos, un estado vegetativo y eterno en el que sus aportes a la humanidad son mínimos comparados al alcance que podrían tener si se movieran en el mundo con la potencia del ciudadano de a pie. Entonces, los museos también son un lugar cuestionable, lo cual no puede sorprendernos, porque los museos son grandes entidades coleccionistas.


Un gran listado de todas las obras de arte que existen en el mundo debería ser cargado a una computadora que designe a cada ser humano vivo una obra de arte totalmente al azar. Inmediatamente se debería iniciar la entrega de esas obras, y luego hacer una segunda ronda, y tercera, y cuarta, y así hasta que cada ser humano posea la misma cantidad de obras de arte a su cuidado. Y que las cuiden como puedan.


Asignación Universal de Obras de Arte. Después veremos qué queda, y quién ganó la batalla, pulsión de vida o pulsión de muerte.


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