• Hernán Worthalter

La década perdida



Comencé a interesarme en el funcionamiento del sistema del arte durante el año 2009. Recién en 2010 pude adquirir mis dos primeras obras de arte contemporáneo y en 2011 empecé a recorrer talleres de artistas, galerías y muestras.


Fue durante el último periodo de crecimiento económico del país: el aparato de comunicación oficialista comenzaba a instalar el imaginario de “La década ganada”. Habían perdido la guerra con el campo y todavía el PBI crecía a tasas altas aunque la pobreza no lograba romper la barrera del 30%. Era un crecimiento que tenía poco impacto en algo que los investigadores catalogaban “pobreza estructural”.


En 10 años la escena del arte contemporáneo argentino creció. Podemos debatir luego si el tipo de crecimiento contribuye o no al sistema pero es innegable que el ecosistema ha salido fortalecido. Los artistas tomaron mayor noción de la necesidad de profesionalizar sus prácticas y de la importancia de la organización. En la última década, reclamos esenciales como el pago de fletes comenzaron a ser reivindicados: Bauer lo resaltó 3 veces en su discurso del Salón Nacional. Las galerías se asociaron y crearon Meridiano, armaron circuitos y eventos. Hoy el sector comercial está más fuerte que una década atrás.


Algunos coleccionistas tomaron conciencia de la necesidad de preservar e impulsar las escenas locales en sus provincias y ciudades y conformaron colectivos para apoyar obras y proyectos. La escena federal hoy es una realidad: algo impensado hace 10 años atrás. Córdoba logró instalarse como una plaza fuerte de producción y comercialización de arte contemporáneo debido al impulso sostenido de la Municipalidad de Córdoba que ha logrado subsistir a pesar del cambio de autoridades y de prioridades en el área de cultura. Santa Fe está recuperando el lugar que se merece con eventos como la Microferia y la Semana del Arte que lograron sostenerse durante varios años por decisión de la Ciudad de Rosario.


Sin embargo no todo es color de rosas. Del Estado Nacional no podemos esperar grandes logros sino pequeñas decepciones. En diez años acumuló políticas erráticas, escasos recursos encima despilfarrados, funcionarios que no funcionan y nula percepción de que el Estado debe trabajar para generar riqueza.


Crear mercado es crear riqueza. Ya sea en el arte o en la producción agropecuaria. En Cultura el Estado recurre a la fórmula conocida del asistencialismo aunque cada vez con partidas más reducidas. Apenas se ocupó de repartir una torta cada vez más chica y nunca de trabajar para agrandarla. De los fondos que comenzaron a llegar para internacionalizar no se pudo establecer una medida para mensurar su eficacia.


Como en el resto de las áreas en Cultura el Estado gasta poco y mal. Si la escena creció ha sido a pesar del Estado. La cultura del emprendedurismo es el gran motor del ecosistema local. Desde el artista que monta una muestra en el barrio donde vive al empresario que crea fondos locales de becas de viajes para artistas. Todo sin aportes del Estado y a pesar de las complicaciones que este crea. Gran parte del crecimiento de todos los actores involucrados se debe, en gran parte, a la autogestión de los proyectos.


Un ejemplo es la Bienal de Venecia. Un hito histórico fue en 2013 la obtención de un pabellón permanente para nuestro país. A partir de ahí comenzaron una serie de desatinos producto de la gestión pública. Desde intromisiones políticas de la entonces Presidenta, que produjo el rechazo de la artista, a la desfinanciación total de las producciónes a los envíos nacionales. Y esta semana se conoció que la Dirección de Asuntos Culturales que tiene a su cargo el envío argentino cambiaba por tercera vez de autoridades en menos de dos años de gobierno del Frente de Todos. Dificilmente pueda esperarse un envío exitoso ahora a un mes del anuncio del artista seleccionado con una funcionaria sin formación en el mundo de las artes visuales.


Volviendo al punto, el Estado Nacional tiene que crear las herramientas para crear riqueza y esto requiere políticas públicas sostenidas, funcionarios idóneos y eficiencia de la gestión pública. El kirchnerismo tiene que dejar el estatismo de lado y trabajar en la articulación entre los sectores públicos y privados. En muchos casos el sector privado es quien puede aportar los fondos pero el sector público debe dictar las normas, leyes y decisiones que generen los incentivos para la inversión. Un simple caso sería la Ley de Mecenazgo a nivel nacional. Un reclamo que lleva más de una década y que permitiría dinamizar todo el sector de las artes visuales. Como mencionaba antes, los proyectos más interesantes surgidos luego de los 2000 se enfrentaban en algún momento a la necesidad de aportes privados que no llegaban y a un Estado que tampoco les brindaba soluciones para garantizar la supervivencia aunque no hablamos de grandes partidas presupuestarias que podrían ser salvadas con la sanción de esta ley que nunca estuvo en la agenda del kirchnerismo y que Cambiemos no impulsó cuando fue Gobierno a pesar de haberlo prometido y de conocer la experiencia positiva en la Ciudad de Buenos Aires.


Sin pensarlo en términos ideológicos o políticos deberíamos alcanzar consensos mínimos que permitan que el mercado argentino crezca en los próximos años. No es un problema de calidad del arte o de los artistas. Hoy solo falta un compromiso mayor del sector privado y un sector público que aliente a esta participación. Deberíamos acordar que es mejor un Estado que permita trabajar a todos, garantizar ayuda y herramientas a los artistas que lo necesiten y abandonar el mensaje paternal “El Estado te cuida”.


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