• Diana Teira

Pisarle la cola al gato



Si viste dormir a otro ser alguna vez, no de manera creepy, si no como quien se queda despiertx mientras lee, o se levanta antes para preparar el desayuno y tiene un momento para espiar el comportamiento de quien disfruta del sueño, habrás notado que hay un momento en el cual, con cierto pavor, podes creer ver el espíritu abandonar el cuerpo de quien duerme. Entre respiración y exhalación, un instante que engaña a los sentidos y puede ponerte en alerta. Pero tan rápido como te asustas, sucede un movimiento involuntario, un espasmo contenido, que no interrumpe la siesta, si no que la reafirma. Ya sea que tu compañía se trate de una persona humana, o un gato, podras inferir por la virulencia del movimiento, si en sueños persigue correr, saltar o volar.

Cuando te paras frente a las pinturas de Pimpollo, la muestra de Antonella Agesta en Galeria Grasa, podes tener una sensación similar. Te recibe una sala, como una nursery, con su simil empapelado que reviste también las paredes de cada escena,donde duermen las pinturas en sus propias cunas, con marcos aterciopelados, almohadones suaves al tacto de delicado color rosado, donde apoyadas duermen las imágenes, y si te quedas el tiempo suficiente, podes ver ese momento de espasmo, de potente vitalidad que conecta el sueño con la vigilia.

Como cuando vemos a dos amigas juntas, listas para meterse en la cama en una pijamada, entregadas al cansancio de sus embarazos, a ese jarrón que flota en un mar aparente, o esos querubines anestesiados en conjunción que estigmas sanguinolentos.


¿Cuáles son esos sueños que tienen estas pinturas? Si lo que ves son sus cuerpos mientras duermen, ¿cuáles son los espasmos que nos dejan ver lo que pasa en sus mundos interiores? ¿Serán esas ventanas flotando que nos invitan a otros cuadros? ¿Serán la sangre que se desliza entre las sabanas, o lo que se oculta tras las cortinas? Como esas chica que ves mientras escribe en su diario íntimo las experiencias del día en una ventana inferimos la sensación que se proyecta en su mente: sus pies perdidos en el tacto de un verde pasto.


Si alguna vez le pisaste la cola a tu gatx, sabes de una culpa que te parte como un rayo. El felino probablemente grite un poco, quizás se aleje un momento. Pero en cualquier momento vuelve. No se olvida de que le pisaste, tampoco parece importarle tanto. Entiende que podes equivocarte, asume que tenes una agilidad y unos reflejos mediocres. Y si alguna vez metiste tus manos entre su pelaje, y sentís que se pierden tus dedos entre las caricias, te habrás preguntado dónde empieza un cuerpo y comienza otro. Cuál es la comunicación secreta entre especies que soporta estos vínculos, esta interdependencia, entre quien procura el alimento y brinda los cuidados y quien provee el afecto de la compañía, la confianza de dormir una siesta en tu regazo.

Estas es la invitación que podes recibir en esta muestra: compartir la intimidad de ver dormir a otras vidas, establecer esa comunicación no verbal, escapar de la autonomía humana y sumergirse en el intercambio libre de afectos, concebir en conjunto una especie hibrida entre despierta y en suelos.


Sobre Pimpollo de Antonella Agesta en Galería Grasa, con curaduría de Tania Puente

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