• Francisco Lemus

Rosa Archivo


Rosa Archivo, al cuidado de Francisco Lemus

El 4 de junio de 1993, tuvo lugar la mesa “Arte light” en el marco del Seminario de Discusión sobre Artes Plásticas “¿Al margen de toda duda?” organizado por Marcia Schvartz, Duilio Pierri y Felipe Pino en el Centro Cultural Rojas. Las principales discusiones generadas en torno al seminario fueron desarrolladas por el periodista Hernán Ameijeiras a través de diferentes entrevistas en la sección de Artes Visuales de la revista La Maga. La entrevista que reproducimos a continuación da cuenta de manera temprana de las reflexiones de los artistas sobre el arte light, la cuestión gay y el sida.


Hernán Ameijeiras "La única posibilidad del arte es la evasión"

Entrevista a Marcelo Pombo, Omar Schiliro, Alfredo Londaibere y Jorge Gumier Maier

7 de julio de 1993, La Maga. pp. 40-41



– ¿Con que intensiones producen obras?


Jorge Gumier Maier: Para mí, hacer arte no es una necesidad desde el punto de vista romántico, atormentado. No me gusta pintar, pero me gusta ser artista por el hecho de producir. Me interesa el proceso relacionado con la creación de una obra, como cambia. Me agradaría ser coleccionista, y como hay algunas cosas que me gustaría tener y nadie hace, realizo yo.


Omar Schiliro: Yo hacía bijouterie y pensaba en la plástica, pero nunca me había lanzado. Pasó el tiempo, me enfermé de Sida, estaba muy deprimido y Gumier me invitó a participar de la muestra Bienvenida primavera, para la cual hice una obra que veo como una explosión de angustias, depresiones, que se tornaron primaverales. Esto lo relaciono con síntomas míos, llagas, manchas en la piel; todo se transformó en eso. Mi intención es manifestar un estado de hiperalegría. Incluso yo trabajo con el virus, lo pongo afuera de distintas formas, porque el virus se transforma… La intención general en transmitir lo mejor.


Gumier Maier: La operación que él hace es la de transformar el drama en algo positivo. (El curador norteamericano) Bill Arning trajo recientemente diapositivas de obras de sidóticos, en las que hay una cosa muy agresiva, discursiva, política, lacerante. Schiliro no muestra la llaga, sino el cairel y la flor.


Alfredo londaibere: Yo trabajo con una motivación no tan consiente; es como llevar al espectador a la experiencia que yo tengo, que es placentera más allá del contenido doloroso, pero que al meterla en el lenguaje se transforma en algo gozoso, bello.


Marcelo Pombo: Yo desde chico dibujé mucho, y me vieja me mandó a un taller de expresión plástica donde estuve hasta los doce años. Estaba con la ambivalencia de ser artista o cantante de rock. Me fascinaba el lenguaje plástico, sobre todo el del siglo xx. Trabajé de muchas cosas, y a los 25 años, cuando el cuelgue era demasiado grande, entré en un taller de discapacitados mentales y me enamoré de ellos y me identifique un poco: yo era un colgado parecido a los discapacitados mentales. Allí mi trabajo comenzó a tomar una impronta cada vez mayor de la manualidad; me interesa la cosa de la manualidad.


–En ustedes, en todos los casos parece haber una vinculación muy fuerte con la infancia.


Schiliro: Lo mío es fácilmente identificable con los juegos del Italpark, que a mí me fascinaban. Además, mi viejo –a quien quiero mucho– me iba a buscar para llevarme allí. Creo que, generalmente, en todas las obras se piensa en la niñez.


Gumier Maier: Yo siento que me impactó mucho el paisaje visual de mi infancia. Era un chico muy solitario, me encerraba en casa y jugaba con lo que había allí, que eran muebles. Al lado de mi casa había una carpintería de un tío abuelo, en la que yo jugaba, y adelante mi tía tenía una peluquería de barrio. Yo no quise a recrear conscientemente ese clima; empecé a trabajar la figuración y luego la abstracción, manipulando ortogonales y colores. Y la manera de manipularlos era el modo en que jugaba cuando era chico, y el paisaje visual es el mismo. Mi vinculación con la abstracción se da, sobre todo, por la apropiación que hizo la decoración de interiores, en aquellas décadas, de la estética modernista.


Pombo: Yo me siento absolutamente fijado en la infancia, soy muy infantil para trabajar. A mí me gusta la cosa del juego. Jorge Luis Borges citó una vez una frase –creo que era de Stevenson o de Chesterton– con la que él se sentía identificado: “Hay que jugar, pero hay que jugar como los chicos, con total seriedad”. Con ese nivel de juego me siento absolutamente involucrado. Jugar con absoluto compromiso.


– ¿Ustedes sienten que forman parte de una corriente o grupo, o que tienen afinidades y puntos en común?


Gumier Maier: Yo hablaría de afinidades y puntos en común. En este caso, poner un nombre y pensar en términos de movimiento sería como ocultar las diferencias. Simplemente, se trata de una cantidad de artistas con una cosa de época, de rasgos culturales, con afinidades y con muchos caminos muy subjetivos e individuales. En nuestro caso, el cambio básico se da en el imaginario artístico, es decir, en el conjunto de ideas más o menos conscientes que uno tiene sobre qué es el arte y que son los artistas. Mi visión es que, socialmente, las artes visuales no sirven para nada, no tienen ninguna incidencia. Porque, por un lado, estaban todos aquellos imaginarios que pensaban al artista como un receptor sensible de lo que pasaba en el mundo, como si él se enterara del dolor y los demás no; por el otro, creer que, porque vos sos un receptor sensible, tenés que hacer de tu trabajo una especie de gesto o de movimiento que modifique las cosas como si los demás fuesen tarados. Ambas visiones se están dejando de lado. El énfasis está puesto en las historias individuales, en cierta fidelidad a uno mismo. Hay una necesariedad totalmente antiespeculativa y sin referencia a nada que esté de moda.


Pombo: Yo rescato la plástica como un laboratorio de la imagen, y en ese laboratorio, ante todo, está uno. Pero frente al poder y a la seducción de los medios masivos de comunicación, yo intento trabajar con mi alma, con las cosas que me gustan, con mi vida, y con la confianza de que, tal vez, eso contenga más de lo que pienso.


Londaibere: Jorge, Marcelo y yo nos conocimos el 84 en el GAG (Grupo de Acción Gay), y obviamente la estética gay es algo que nosotros tenemos en común.


Pombo: Algo en común tenemos. A mí me gusta entretener con lo que hago; no sé si lo logro. La pintura entendida como expresión, como vómito me parece aburrida. Por otra parte, yo cultivo esa cosa de ser un artesano ridículo, absurdo.


Gumier Maier: Entre nosotros no hay una vocación formalista, los materiales que se usan no son pura y exclusivamente por una cuestión de textura; son materiales cargados culturalmente, objetos de circulación, desde una palangana hasta una sábana.


– ¿A que creen que responde el mote de arte light?


Pombo: Es de mala leche.


Londaibere: El término lo usó (el crítico Jorge) López Anaya y no era para nada peyorativo.


Gumier Maier: En la nota de arte político parecida en La Maga, Liliana Maresca –a quien le gusta la obra de todos nosotros y es incuestionable que no habla con mala leche– dice que los que hacen arte light “sufren las mismas cosas que nosotros”. Traducido: se evaden. Yo creo que la única posibilidad del arte es la evasión, es la única función social que tiene. En todas las culturas ha sido así, ¿por qué nosotros no? Está mamado el que dijo que los artistas del siglo XX debemos ser la vanguardia del proletariado. El problema de la gente que usa el término light es que en ellos prima la idea de que estos artistas se han equivocado, no es la respuesta que deben dar: hay una idea normativa de lo que debiera ser el arte. No se puede medir o evaluar una corriente, un grupo de afinidades o una producción basados en otro imaginario. Evidentemente, este arte no responde a ese mandato viril, combativo, que tiene que acompañar al pueblo en no sé qué.


Pombo: Lo de light lo veo como algo peyorativo. Siento que mi trabajo es, en un punto, tan argentino, tan asociado con mi vida, tiene que ver con el suburbio, con el detritus, con los desperdicios, y me da por las bolas que esos chetos montoneros me traten de light. Siento que hago algo muy comprometido conmigo mismo.


Gumier Maier: Además, hay que tener en cuenta la historia del arte. ¿Vos conocés a un pintor más light que Henri Matisse, que en plena masacre de judíos pintaba odaliscas? Empecemos por descalificar a Matisse, y cuando me llegue el turno a mí lo acepto. No puedo descalificar a Matisse porque no pintó campos de concentración. Las obras de él son tan válidas como las del arte comprometido, que, además, no sirvió. Me molesta esta cosa normativa que se monta en una cultura paranoica, tanto que se empezó a hablar de un poder gay, de un lobby gay, pero ¿cuál es el lobby gay en Argentina?

– Bill Arning habló de la existencia en Norteamérica de una estética gay. ¿Sienten que acá existe algo parecido?


Londaibere: Yo he trabajado bastante con el tema gay, y creo que acá hay algo de arte homosexual.


Pombo: Yo creo que no, porque el arte gay en los Estados Unidos está hecho desde un punto de vista muy militante, muy político, reivindicatorio. Nosotros no tenemos nada de eso, pero hay una estética gay, la siento muy fuerte.


Gumier Maier: Es inevitable desde el momento en que uno está trabajando con su subjetividad y con su historia. Yo veo una obra y me doy cuenta de que la hizo un mariquita, pero la idea de la estética gay es un poco jodida. En literatura todo es un poco más claro, más allá del tema: los libros de Manuel Puig o de Severo Sarduy no los puede haber escrito otro más que un homosexual.


Schiliro: Yo no sé si la gente sabe que soy gay; creo que se nota en las obras, pero no es mi intención. Yo lo transmito como belleza, para que gocen conmigo.


Pombo: Creo que las operaciones que hacemos con el lenguaje tienen bastante de perverso, y eso no quiere decir que sean gay. Está el caso de (el artista norteamericano) Jeff Koons, que tiene una estética gay, pero él no es gay.


Gumier Maier: También hay gays que no tienen una estética gay, como (los norteamericanos) Jasper Johns o (Robert) Rauschenberg. Es una pintura muy viril americana…


Pombo: …agresiva, heroica. Además, sumado a esa perversión del lenguaje y de los códigos, en mi caso hay un cope con las manualidades, con la cosa femenina.


Gumier Maier: Hay un gusto por la decoración, ciertos materiales, ciertos colores, ciertos procedimientos que están vinculados con historias personales gays que, multiplicadas por una cantidad determinada de gays, conforman una especie de estética gay. Incluso muchos de los que han sido denominados light son heterosexuales, como (Miguel) Harte, (Sebastián) Gordín, (Enrique) Mármora y (Graciela) Hasper. Lo que sucede es que, en algunos momentos culturales, ser homosexual es una condición de particularidad que te permite marcar más profundamente ciertas cosas que no son esencialmente homosexuales. Por ejemplo, el camp, que no es patrimonio de los homosexuales pero es impensable sin la participación de ellos. Creo que hay ciertas situaciones estéticas, como las del gozo, del placer, de las manualidades, que en esta sociedad están relegadas un poco al mariquita.


– ¿Qué artista les gustan o han influido en ustedes?


Gumier Maier: Muchísimos. Los últimos que me están fascinando son Lichtenstein, Monet, Raúl Lozza, que me encanta.


Pombo: Yo no veo que aparezcan las influencias, pero sí tengo vínculos con artistas como Londaibere, Jorge (Gumier Maier), Omar (Schiliro), Pablo (Suárez), Harte. Es un proceso de años y aparecen cosas de ellos. Tengo tres ídolos: Van Gogh, Andy Warhol y Jeff Koons.


londaibere: Me gustan Kenny Scharf, (Jean Michel) Basquiat, Keith Haring, Warhol, Gilbert y George.


Schirilo: Yo no me enamoro porque tengo miedo de perder la cabeza (risas). Trato de no mirar nada, de no tener ningún ídolo. Creo que la esencia pura está en uno; yo quiero manejarme con la pureza.


– ¿Qué significa lo de “las determinaciones llevadas a un extremo”, tal como se señalaba en el catálogo de la muestra que hicieron el año pasado en el Centro Cultural Recoleta?


Gumier Maier: Esa frase la inventé yo. Hay una especie de insistencia, de marca muy profunda que aparece permanentemente en nuestras obras. Nosotros no somos especuladores formales, hacemos un trabajo subjetivo con un contenido muy propio de historia personal. Esto es lo de las determinaciones llevadas a un extremo; alguien que se empecina con las luces y las palanganas y no piensa que, si no funciona, va a usar bronce. Son determinaciones profundas e inevitables, de las que no se puede y no se quiere salir.


Imágenes: (1) Omar Schiliro, Sin título, 1992, objeto de recipientes de plástico y elementos de vidrio ensamblados, 107 x 65 cm Ø. Colección particular. (Foto gentileza del Archivo Omar Schiliro) (2) Marcelo Pombo, Sin título, 1995, caja de telgopor envuelta en papel de regalo, moños de acetato y acrílico con relieve, 26 x 19 x 9 cm. (3) Jorge Gumier Maier, Sin título, 1993, acrílico sobre madera y chapadur, 184 x 73 cm. Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

(4) Alfredo Londaibere, Sin Título, c.1998, óleo y acrílico sobre madera con inclusión de esfera de madera pintada, 31 x 50 cm. Colección Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.


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